miércoles, 28 de julio de 2010

FIGURAS PARA NO OLVIDAR

Por: Juan Francisco Santos
Caracas, una carta antes de morir.



Hoy y siempre se ha hablado de los valores. Valores humanos, por supuesto. También se habla de los valores de la economía. No son estos últimos los que nos ocupan ahora.

Los valores, no sólo de la persona, sino también de la comunidad. Para mí San José de Bolívar fue todo un baúl de verdaderos y apreciadísimos valores. El otro día, que tuve la dicha de conocer a José Antonio Pulido y Elvidio Márquez, hablábamos con emoción de algunos de estos valores.

He visto con alegría en unos ejemplares de la revista “Riobobense” cómo ellos dos, y también algunos otros dejaban constancia en la revista de estos valores, que florecieron desde mucho tiempo atrás, en todos esos contornos del pueblo y aldeas de la misma jurisdicción.

Valores que se recibían como una herencia y se transmitían con la misma fidelidad. Percibí estos valores encarnados en muchas personas, a las que admiré y sigo admirando, aunque ya muchos de ellos pasaron a la eternidad. Una honradez a toda prueba, donde no cabía la dualidad del sí y el no al mismo tiempo, sino que seguían una línea de bondad con todas las consecuencias, incluyendo el riesgo de la pobreza, o al menos la penuria y la escasez, con tal de no desviarse ni un milímetro de esa rectitud.



Por supuesto que me gustaría colocar aquí nombres muy concretos, muy queridos, pero el temor de una omisión me obliga dolorosamente a dejarlos en el anonimato y hablar de algunos de ellos en forma muy general.

Aquel buen hombre, que sintiendo que se acercaban sus últimos días y viviendo en el campo, quiso ir a la casa de un hijo en el pueblo, para tener más asegurada su atención espiritual. “Me doy cuenta que mi vejez y mi enfermedad ya no tienen remedio. Me interesa estar bien con Dios, dejar arregladas todas mis cosas”. Y, cuando en el transcurso de la enfermedad le tocó sufrir bastante, recuerdo que un día, sin que él lo supiera, entré en la casa y oí que decía: “Gracias, Señor, porque me concedes sufrir para acordarme de tus sufrimientos”.

Y cuando le pregunté directamente: “ Don Fulano ¿cómo se siente? - Bien, muy bien. Dios me quiere mucho”. Reconozco que recibí de él una lección estremecedora. Cuando me ha tocado sufrir en la vida, me he acordado de él más de una vez.

Entrevista al padre Santos

O aquella otra venerable señora, ya entrada en años, que tampoco vivía en el pueblo y la llevó una de sus hijas para atenderla en su enfermedad. Todavía llevaba yo poco tiempo en la Parroquia y no nos conocíamos. Cuando fui a visitarla, se incorporó como un resorte en el lecho para pedirme la bendición, abrazarme y besarme. Fue un amor a primera vista. Desde entonces entró en mi vida. Cuando marché del pueblo todavía vivía, mas ya se la llevó el Señor. Hoy la recuerdo con afecto y veneración.

O la figura de ese otro señor ponderado, con claridad en todas sus determinaciones, con muy buena memoria para archivar los muchos datos de la vida del pueblo y sus contornos, con gracia para la narración de anécdotas, en cuya conversación destilaba sus gotas de buen humor. Creyente firmísimo, con una fe no impostada, sino vivida y que, sin esfuerzo, transpiraba por todos los poros de su ser. Con una esposa que complementaba este testimonio con las características de una mujer solícita, siempre humilde, bondadosa. Pasé muy buenos ratos con este matrimonio. Hoy lamento no haber empleado algún grabador oculto para no perder tanta lección como recibí.

Si dicen que “del corazón habla la lengua” ¡cuántas veces en mis predicaciones, en las parroquias donde después me ha tocado actuar, he puesto el ejemplo de esas buenas gentes rioboberas! Para mí siempre serán un punto obligado de referencia.

 
Vivencias y convivencia
Por: Juan Francisco Santos
Caracas, otra carta antes de morir. 

La historia, sobre todo la historia íntima de cada uno, no sólo se desenvuelve, se alarga en cada minuto que Dios nos da, sino que también, en determinados momentos muy puntuales se rebobina, no para retroceder, menos para apagarse, sino precisamente para darle un nuevo brillo, en esa parte precisa que uno pretende re-crear.

Eso, precisamente eso, pretendo hacer en estos momentos. Recrear los años de 1976 a 1981. quizá, como Moisés ante la zarza ardiendo sin consumirse, tenga que descalzarme para volver a esa tierra de mi corazón, que para mí es sagrada. No lo puedo hacer con una presencia física, a estas alturas de la vida ya pesada y con plomo abundante en el ala. Pero sí con una presencia espiritual, que en alas de la mente, del afecto y de toda esa energía que gracias a Dios todavía me brota de lo más recóndito del alma.

José Antonio Pulido y el padre Santos

Es tan viva la visión que retengo y atesoro de ese querido pueblo de San José de Bolívar, que mi primera acción tiene que ser besar esa tierra y cruzarla toda ella con una bendición, que se me convertiría en una verdadera peregrinación.

Sean estas líneas una oportunidad para poner al vivo mi agradecimiento, ante todo a Dios, que puso en mi camino esta misión pastoral. Mi agradecimiento a todos y cada uno de esos moradores, con los que me sentí familiar, nunca extraño, y menos extranjero (desde 1958 soy venezolano). Casi tendría que agradecer, también con un gesto muy franciscano, a todas esas hermanas creaturas de la naturaleza, el hermano Río Bobo con su limpia, humilde y cristalina agua. A esos múltiples, politonales verdores que tantas veces contemplé con verdadera fascinación. A esas aves, variadas aves que alegraban y alegran el ambiente. Hasta agradecer también a esa hermana niebla, que muchos días del año daba al pueblo como un toque de misterio, como una invitación a la intimidad, y, sabiendo leer, una invitación a orar, y sobre todo orar contemplando.

Elvidio Márquez y el padre Santos

Esta quiero, por tanto, que sea mi presencia. Desde luego que inefable e inasible, insisto que espiritual, pero no menos fuerte y vital, que remplace a la presencia material.

Algún género de embriaguez sentí en más de una ocasión al experimentar la presencia de Dios y cuántas veces me vinieron a la mente los versos del gran maestro San Juan de la Cruz:


“Mil gracias derramando

pasó por estos sotos con presura

y, yéndolos mirando,

con sola su fisura

vestidos los dejó de su hermosura”.


Recuerdo que cuando el Sr. Obispo, Mons. Fernández Feo, me asignó parroquia, me dijo: “Te voy a enviar a un pueblo muy querido para mí, tanto que, si yo naciera de nuevo, me gustaría nacer en San José de Bolívar”.

Doy testimonio muy sincero, que San José de Bolívar fue “mi” pueblo. Hoy el recuerdo ha ido formando un nido caliente en lo más recóndito de mi alma. Estas líneas no han sido más que un pequeño florilegio entre tantas vivencias, y sobre todo entre la mejor convivencia.

martes, 27 de julio de 2010

EL MANUSCRITO DE JOSÉ SATURNINO PEÑALOZA (COMPLETO)



Niño de la Escuela Regina de Velásquez interpretando a Don Saturnino Peñaloza en una obra de teatro alusiva a la fundación del pueblo.

Transcrito del original por José Antonio Pulido Zambrano.

Datos suministrados al señor Don Tito Lino Méndez a fin de ver si necesita sacar algo de ellos para una Obra Histórica que se propone hacer, por José Saturnino Peñaloza. (1)

1931.



Día domingo del mes de noviembre del año de mil ochocientos ochenta y dos, presentose una contienda entre queniqueos (Así llaman todavía a los vecinos del Municipio Sucre) y Rioboberos (que así llamaban a los de este lugar) quizá por asunto de partidos, pues fue una riña seria de bofetadas, garrotazos, plan de machete, golpes de piedra, tiros de revolver y de trabuco que los disparaban respectivamente un riobobero y un queniqueo pero tan desacertadamente que el primero solo hirió a un señor de nombre Gregorio Uzcategui, a quien otros también le dieron planazos, machetazos y puñetazos, habiendo favorecido aquel día – milagrosamente la vida –, y un guaimaro de un disparo del trabuco que se le introdujo a Pedro Pulido (2), que era el del revolver, por un tobillo. El hombre del trabuco fue José María Moreno, hombre bueno e inexperto, sobrino político de Don Francisco Méndez (3) (Griteño) Jefe Civil por aquella época de la parroquia Sucre. Los adictos a este fueron los expresados Uzcategui y Moreno – Uzcategui era de Guanare (4) de La Grita – Daniel Escalante, Don Timoteo Escalante (5) Secretario de Don Pancho, y padre de los doctores Diógenes y Santiago Escalante, Silvestre Sánchez – quién recibió un golpe de piedra que desde aquel día ha venido gibado por tal causa, único superviviente de los mendistas, Juan María Useche (6), Justo Roa, Asunción Contreras, Juan de Jesús Ramírez, Asunción Roa; Carlos Roa (7) y otros más; y por parte de Don Ramón de Jesús Pulido (8) fueron sus hijos: Juan Epifanio, Domingo, Pedro, Cipriano y Fabián Pulido (9). Evaristo Peñaloza, Asunción Moncada, Nicomedes Araque, José Isaías Vivas, José de los Ángeles Escalante, Raimundo Sánchez Sánchez, Eduardo Moreno, Arsenio Escalante y José Saturnino Peñaloza (10). Ambos cuerpos contendores salieron casi en su totalidad con las carnes desgarradas unos y contusos otros; y triunfantes los Rioboberos. De los de Don Ramón de Jesús Pulido también habían queniqueos, y sólo existen de estos Asunción Moncada, José Isaías Vivas, Raimundo Sánchez Sánchez, José de los Ángeles Escalante, Arsenio Escalante y José Saturnino Peñaloza. El gobierno por este respecto mando a Río Bobo, por Queniquea un cuerpo regular de tropa al mando de un General de apellido Matamoros (quizá de nombre Ignacio). En Queniquea fueron muy mal tratados por este Jefe los señores José Cristóbal Escalante y Pedro José Contreras sin causa justificable; pero en Río Bobo no hubieron males. Por el camino de El Portachuelo (11) bajó el Jefe dando su recorrido con su fuerza, al río Sanantonio y trepando a la mesa de este nombre siguió a Las Mesitas y Caricuena a Mesa de Guerrero y por el camino de este lugar llegó a La Colorada (12) a casa del señor Venancio García, donde pernotó, racionó su gente y pasó la noche, y al día siguiente, pasando por donde es hoy (hoy) el plano del municipio San José de Bolívar (13) volvió a Queniquea.

A poco tiempo fueron presos, por una comisión que vino de aquel lugar al mando de Gaspar Carrero tres de dichos Pulido y llevados a la Cárcel de San Cristóbal donde permanecieron algunos meses.

Habiendo pasado estos acontecimientos, Don Ramón de Jesús que había aborrecido a Queniquea y poniéndose mal de su salud, después de haber hecho un viaje a Mérida con el Coronel Evaristo Peñaloza, - seguramente a politiquiar – pues Don José Gregorio Pulido y Simón Araque también fueron en comisión, un poco después, con algunos recaudos de Don Ramón de Jesús a Mérida, que por aquel tiempo mandaban en esta ciudad y en Trujillo – Secciones del Estado Los Andes – los Araujo (14). Estos hubieron de alimentar con mentiras a esos otros hombres sin cautela.

El león de la cordillera andina

Estas a no ser otras, hubieron de ser las bases del poblado San José de Bolívar.

Dispuso, pues Don Ramón de Jesús Pulido – y esto si fue cuerdo – que se edificara una Iglesia y Cementerio, cuyos trabajos debían seguirse muy pronto y con actividad para él ser tierra de este lugar, pues había jurado no volver a Queniquea. Y para el efecto convocó a los principales vecinos de la Aldea y con el beneplácito de todo sellos se dispuso llamar al Presbítero Fernando María Contreras (Este fue tío del Gral. Eleazar López Contreras), Cura de Queniquea para ver si el aprobaba aquella disposición. El Cura vino, aplaudió la resolución y todos dirigieron como Patrón a San José, añadiendo además que el nombre de la Aldea sería de aquel día en adelante “San José de Bolívar”; que la Iglesia se haría donde había sido la anterior, que hicieron los primeros fundadores, por no tener que pedir permiso al respectivo superior Eclesiástico, -objeto el Padre por ser seco el terreno y más adecuado, y no donde pensaba que se hiciera Don Ramón de Jesús Pulido, que ya había mandado rozar hacia el punto que hoy se denomina El Topón, y todos aprobaron como era obvio lo dicho por el Prelado.

Estando en este alborozo, los vecinos del lugar, llegó el Gral. Adolfo Fragines, Jefe Civil del Distrito La Grita para entonces, quien vino a esta Ciudad a desempeñar la Oficina Telegráfica viniendo junto con él Don Pantaleón Contreras. Muy grato fue para los Rioboberos la visita de estos señores que se presentaban en tan solemnes momentos.

El señor Gral. Fragines con entusiasmo, y en tiempo oportuno, trazo los límites provisionales del a Aldea, ofreciendo ayudar a gestionar el asunto para poderse llevar a efecto el trabajo legal. Los límites fueron: Del punto llamado El Aliñadero de Simusica se sigue por la Cima del cerro llamado de La Cumbre y por el punto denominado El Portachuelo a la confluencia del Riobobo con el río Samparote, aguas abajo hasta el desemboque de estas con el río Uribante siguiendo aguas arriba hasta la derechura de la Cuchilla Arrabalosa y límites con Pregonero, siguiendo por dicha cuchilla y límites al saliente del río Sanantonio, buscando siempre los límites con Pregonero a encontrar por este punto la limitación de los terrenos de La Grita hasta el punto de partida.

Duraron algunos años estos límites, habiendo perdido por negligencia la ayuda ofrecida por el Gral. Frágines, y luego el Municipio Sucre, que siempre ha procurado echarle a este su vecino la peor parte, los cercenó dándolos muy mal dados, dejándonos la Aldea muy reducida y casi sin terrenos feraces (15); ya sí seguirán estos límites hasta que venga una Legislatura concienzuda y justa que de la limitación conveniente de este humillado Municipio. Pues, son tan reducidos los límites existentes que por el occidente del poblado, de la esquina del pie de la plaza, de la casa del señor Felipe Noguera al Ríobobo, que es el límite con Sucre habrá próximamente trescientos metros.

Se firmó el acta correspondiente (la cual fue perdida) por Don Ramón de Jesús Pulido y sus seis hijos: José Gregorio, Domingo, Juan Epifanio, Pedro, Cipriano y Fabián Pulido; José Jesús Vivas García, Evaristo Peñaloza, Eufrasio Pulido, Antonio Bernabé Vivas, Miguel Francesconi, Felix Peñaloza, Toribio Zambrano, Rafael Chaparro, Rafael Contreras Duque, Leonardo Chacón, José de la Cruz Zambrano , Vicente Méndez, Lúcas Zambrano, José Isaías Vivas, Nicudemes Araque, Ramón Méndez Méndez, Cornelio Carrero, Antonio del Rosario Rojas, Joaquín Zambrano, Arístides Moreno, - quien reemplazo a Concepción Araque en la Jefatura de Aldea – Jesús Guerrero, Cosme Méndez, José Ramos Urbina, Ángel María Olivo, Ramón Guerrero, Juan José Vivas, José de los Ángeles Guerrero, Simón Araque, Esteban Chaparro, Juan José Guerrero, Francisco García, Ambrosio Araque, Juan Gabriel Vivas, Arsenio Escalante y José Saturnino Peñaloza y otros vecinos más. De los nombrados los únicos que existen son el Maestro Antonio Bernabé Vivas, Arístides Moreno, José Isaías Vivas, Ramón Méndez Méndez, José de los Ángeles Guerrero, Arsenio Escalante, Francisco García y José Saturnino Peñaloza, quién según la Partida de Nacimiento, que fue la primera que asentara el Presbítero Doctor José de Jesús Carrero día trece de febrero del año de 1865, como Cura de Queniquea, cuenta 65 años cumplidos, y es el menor de los nombrados.

Nombraron Junta de Iglesia que la presidió Lúcas Zambrano, oriundo de La Grita, siendo el Jefe Civil del a Aldea San José de Bolívar el Coronel Concepción Araque.

Trazáronse la Iglesia – en el lugar de la antigua – como lo ordenó el Padre Contreras de la cual habían vestigios, encontrándose la humbralada de la puerta principal, que estaba al occidente, ya deshecha pero comprendiéndose que era de Cedro, Casa Cural, Cárcel, Cementerio, Plaza y calles, dación que hizo de los terrenos que se compraran para tal fin al señor José Jesús Vivas García, quién ayudó además en todos los trabajos de estas obras, con cuanto pudo.

Que diferencia entre la generosidad de este humilde hombre que no teniendo de latitud sino poco más de ciento veinticinco (125) metros de terrero, cedió lo necesario para las obras dichas, siendo ya caras las tierras, mientras un mezquino avariento Doctor Antonio Bernabé Noguera que poseyó, por aquel tiempo todos los terrenos de Ríobobo y Páramo de su jurisdicción que compró por sesenta pesos (bolívares doscientos cuarenta) al Cabildo de La Grita, según documento del día diez de enero de mil setecientos noventa y cuatro. Este Cabildo lo componían Juan José Mora y José Salvador Ramírez como Alcaldes ordinarios por S. M. (16), y Vicente Cárdenas Sindico Procurador General, para ayuda del saldo de los quinientos pesos “de la Contrata celebrada por este Ilustre Cabildo con el señor Don Diego de Baños y Soto Mayor del Concejo de su Majestad, visitador que lo fue el año cincuenta y siete del siglo pasado…”, con más sesenta pesos por costos causados.

El expresado señor Noguera ya, cuando fueron suyos los terrenos, no quiso más Iglesia, no quiso donar; no quiso vender para formar Pueblo, permitiendo que, por su culpa, la Iglesia se acabara, la cual había sido fundada en terreno del Rey (17), lo que dio lugar a edificar la primera Capilla de Queniquea, donde hoy se encuentra la Capilla Centenario, que se hizo por el Presbítero Bachiller Rafael Mora (18), quién en 25 de septiembre de 1893 le fue conferida la orden del Presbiterado por el Ilustrísimo y Rumo Señor Obispo Doctor Antonio María Duran.

Le siguieron, pues los trabajos de nuestra Iglesia, luego los de las paredes del Cementerio ocupando dos tapiales más tarde los de la Cárcel y, por último los de la Casa Cural. Los trabajos de esta Casa los ordenó el Padre Ezequiel Moreno hacia e laño 1889, que se encontraba en este lugar pasando una temporada.

La Iglesia ha sido reedificada encontrándose hoy por bendecir parte de ella y la Torre, que fue hecha recientemente por el Maestro José del Carmen Bielma, habiendo sido bendecida la primera que se hizo a principio de 1884 por el Presbítero Doctor Jesús María Jáuregui siendo Cura y Vicario de La Grita, a quién apuro los días de su existencia el General Cipriano Castro: ya por la prisión ora por el destierro. Murió en Roma este benefactor.

En la excavación para los trabajos de la Iglesia se encontró mucha osamenta humana, y vestigios de un dios de poca importancia.

Los vecinos trabajaron con demasiada actividad y constancia, personalmente, pero sobresalieron los maestros y oficiales: José Gregorio Pulido – este dio las campanas que tienen su nombre – Antonio Bernabé Vivas, Felix Peñaloza, Juan Epifanio Pulido, Cornelio Carrero, Juan Bautista Chacón, Toribio Zambrano, Leonardo Chacón y José Saturnino Peñaloza. Este principio a trabajar en la segunda semana de tapiada por no haber convenido el Jefe de Aldea que siguiera en la primera, con el oficio de preparar tierra. En la siguiente semana ya fue pisonero y pronto ya dirigía el tapial. Siendo uno de los Maestros de las paredes del Cementerio. También fue oficial en los trabajos de carpintería y de mampostería (19), en estos últimos bajo la dirección del Maestro Luis Barrios (merideño) en el frontis de la Iglesia y hechura de la bóveda que cubrió los restos de Don Ramón de Jesús Pulido (20), y otros trabajos más.


El maestro Esteban Rangel (Tovareño) hizo la portada de la puerta falsa; y el italiano Miguel Francesconi – quién fue casado con una mujer de este lugar y dejado regular número de familia (21)– hizo el Altar Mayor de mampostería, el cual también pinto (22).

Don Felipe Noguera de este lugar, que para aquel tiempo de los trabajos dichos, era domiciliado en el Municipio Sucre, también cooperó con su trabajo a la Obra, siendo hoy uno de los que con su valiosa ayuda monetaria a contribuido a la reedificación del nuevo Templo y costo de la Torre; habiendo su hijo Doctor Teofilo Noguera regalado el mosaico para el pavimento. Este cuenta treinta y cinco años y es natural de San José de Bolívar.

Hubo un señor de Queniquea, Don Alejo Zambrano (23), que también contribuyo con una dadiva regular, en efectivo, para ayuda del Templo primero.

Para el día de la bendición de esta Iglesia ya estaban habitadas las casas de Don Ramón de Jesús Pulido, quién murió sin terminar su casa y apenas entejada la Iglesia, la cuál tuvo por techos madera muy bien labrada, y la casa del señor Jesús Vivas García y ya tapiada la de Don Eufrasio Pulido.

El poblado se compone de unas 50 casas entre ellas la sala del gobierno que fue costeada con dinero que mando entregar el General Castro, encontrándose en esta el plantel de la Escuela Numero 54. Estando funcionando en otros planteles las Escuelas números 69 y la Mixta 94.

El mejor de los preceptores de Escuela que ha habido es el Bachiller Cosmé Damián Mansilla, hoy Jefe Civil del Distrito Jáuregui y el peor de todos ellos fue Francisco Ramírez (24) que vino nombrado por el Doctor Rodríguez Pérez como Inspector de Escuelas del Táchira, y como no sirvió lo puso en el camino, días después, vía de Pueblo Hondo donde fue nacido a que predique” le dijo.

Hoy el Preceptor es un señor de nombre Manuel Antonio Maldonado de la Ciudad de San Cristóbal, competente y correcto.

Nos hace falta Cura propio.

San José de Bolívar fue elevado a la categoría de Municipio por trabajo espontáneo hecho por los señores Poeta Bachiller Eliseo Mansilla y Don Ramón Pino, el primero natural de La Grita, Pino de Mérida.

El primer Jefe Civil fue Don Marco Aurelio Chaparro, - que firmo la primera Partida de Nacimiento día 27 de enero de 1902 – padre del joven Ramón Olinto Chaparro que hace más de dos años ha venido desempeñando las funciones de la Jefatura Civil, en reemplazo del Coronel Fidel Gutiérrez, reemplazándole a él por renuncia admitida, para seguir viaje a Caracas, su cuñado Francisco Zambrano de hoy a pasado mañana.

El primer Juez fue el señor Juan Santiago Araque que nombro de Secretario al señor J. Luis Romero, natural de la Ciudad de San Luis del Estado Falcón.

Hoy en este Municipio Administración quincenal de Correo creada por el señor General Juan Vicente Gómez, que desde el primer día la ha desempeñado el señor Pedro José Contreras.

De hombres notables aparece un tresillo Noguera Gregorio que fue General y llegó a hacer Gobernador de la Sección Táchira siendo el Doctor Carlos Rangel Garbiras Presidente del Estado Los Andes, hacia el año 1888; Felipe como capitalista y Doctor Teofilo, descendientes del Doctor Antonio Bernabé Noguera, que lo tildaban nuestros antecesores de haber venido a Venezuela expatriado de España. Carmen Peñaloza, guerreó a las órdenes del General Capo y fue a Caracas en Campaña llevando como asistente a Concepción Araque. Hay algunos que han figurado como Coroneles como Evaristo Peñaloza y Concepción Araque en épocas pasadas y en la actual administración Pío León Méndez, Francisco Chaparro U. y Neptalí Méndez. El Municipio Sucre ha dado hombres notables como al Presbítero Vicente Contreras que allí murió, Presbítero Doctor José de Jesús Carrero, quién fue Provisor de la Diócesis de Mérida que allí murió, Doctor Víctor Manuel Ramírez que también falleció en Mérida, Doctores Diógenes y Santiago Escalante hermanos, Doctor Víctor Zambrano Roa, Bachiller Eloy Contreras muerto en Mérida, Bachiller José de la Cruz Sánchez Ch., Pedro Rafael Benedetti, José León Escalante, Generales Eleazar López Contreras, José del a Cruz Sánchez y Ángel María Salcedo, Coroneles Eliseo Carrero, Domingo Benedetti, Agustín Roa Uzcategui (25), Onofre Sánchez, Julián Mora, Gaspar Carrero y José Juan Roa E. Los Generales Sálvano y Pablo Briceño y Bachiller Amadeo Briceño se cree sean sucrenses.

Dr. Diógenes Escalante

La Oficina Telegráfica del Municipio Sucre fue inaugurada el 1 de abril de 1911; y el primer Operario fue Carlos E. Delgado de Maracaibo.

También hay teléfono, y pronto habrá luz eléctrica, en este lugar, según nos han informado.

San José de Bolívar 13 de mayo de 1931.

José Saturnino Peñaloza (26).



La Efigie de San José la modeló, en madera de Cedro, el afamado Escultor grítense Atanasio Cárdenas (27), quién vivía a tres kilómetros de este lugar y era muy adicto a esta gente; Las Campanas que llevan el nombre de José Gregorio Pulido (28) - y el esquilón las hizo el fundidor seboruquense Buenaventura Arias, el Cáliz, las Vinajeras, y el Incensario los hizo Don Teodosio Guerrero, padre de los doctores Emilio Constantino y José Gilberto Guerrero.

Recientemente una señora de San Cristóbal regalo a la Iglesia de San José de Bolívar una lámpara que diz perteneció al servicio del Libertador y de ella se sirvieron para iluminar el Panteón en la Solemne Ceremonia religiosa dedicada al Gran Hombre, en el primer Centenario de su muerte. Alguien ha ofrecido dar informes auténticos del a historia de esta Joya. El Director del periódico La Montaña, en su número 3/2 del 2 de enero de este año, le dio cabida al artículo que habla sobre el particular.

La demostración del Municipio San José de Bolívar abarca además – de los terrenos del Doctor Noguera como se dijo antes – una pequeñísima parte de los que hubo por compra hecha Don Ramón García, Alcalde de los barrios Omuquena por cuarenta pesos (bolívares ciento sesenta) al mismo Cabildo de La Grita para ayuda a solventar la deuda de los quinientos sesenta patacones del Rey, como atrás se dijo hablando de la compra del Doctor Noguera, parte de otro globo de terreno de los que pertenecieron a Francisco Zambrano y Leandro Peñaloza, los que compraron hace más de 74 años.

En los montes de este Municipio se encuentra como maderas buenas para construcción: Cedro, Caracolí, Pedralejo, Armellano, Curo, Mují, Amarillo de Peña, Canelo, Saisai, Mansanillo, Uveto – hoja de café, Cucharo, Forastero, Palmito, Huesito, Anacao, Pino, Anime, Granado yo tras más.

Dista la cabecera de este Municipio del pueblo del Municipio Sucre 5 kilómetros.

El Municipio Cárdenas (La Fundación) que se encuentra a la margen izquierda del río Uribante, tiene de descubierta unos sesenta años por Isidro Márquez y sus hijos Joaquín y Ángel María Márquez, Domingo Molina, Zacarías y José Antonio Uzcategui a quienes con excepción del primero, conoció el que esto escribe: Molina campañó una vez como Oficial con los Rioboberos; Zacarías fue médico empírico y como tal le favoreció de la muerte a un miembro de la familia del mismo que esto deja escrito. Este médico tenía carate azul en el cuerpo.

Se decía que los nombrados habían sufrido mucho en los primeros tiempos de su residencia selvática tenían que atravesar muchas montañas con maleta a la espalda para llevar provisiones a sus cabañas; pero en cambio, como es de suponerlo también tendrían horas de satisfacción… Había mucha cacería de variedad de aves y diversos cuadrúpedos y la agricultura muy productiva. También habían fieras terribles: Tigre, Pantera, Onza, Lobos, Osos (de los negros) y otros más.

También encontraron mapas en algunas piedras de culebras de tigre y de lobo.

En estos puntos se encuentra toda clase de serpientes desde la robusta Boa, que no es venenosa, hasta la diminuta rabo-amarillo, que aunque de poco tamaño es de un veneno cerbero.

Estos descubridores encontraron escombros o vestigios indígenas, pero no se llego a saber lo que habían encontrado.

El sacerdote que celebró la primera misa en la Iglesia del Municipio Cárdenas fue Teófilo Morales, siendo cura de Pregonero; el primer Jefe Civil Ángel María Márquez, quien tuvo de Secretario al colombiano Saturnino Blanco, y el primer Juez Joaquín Rivas y Secretario de éste Fabricio Uzcategui, ambos trujillanos. El primero vino con su padre señor Eloy Rivas y su hermano Luis, habiéndoles sido adversa la suerte… Joaquín murió ahogado en el río Uribante, la mula en que andabas alió pero él por más que lo buscaron nadadores interesados no lo hallaron, y a Luis que lo hirió una bomba que botara el agua, sufrió un tiempo las consecuencias, luego se fue a Maracaibo a mandarse a operar y allí murió.

Calculan del pueblo de Cárdenas a Pregonero dista 55 Kilómetros, igual a Santo Domingo (55 Km) y al río Uribante 1 kilómetro.

Los Terrenos de este Municipio son muy feraces: el producto de los cafetos, los cacaotales, los bananos, la cañamiel; el arroz y demás farinaceas es abundantísimo.

Hay ríos que son abundante sen pescado, caimanes, pez eléctrico, raya yo tros animales.

Por el punto cerca de donde llaman El Paramito el río Uribante es canalizable buscando la naciente de la quebrada llamada Funducionera y entonces junto con las aguas de este, se haría navegable El Doradas, prestando gran utilidad.

Maderas las hay de Caoba, Cedro, Estoraque, Cabima, Cascarillo, Alma negra y muchas otras.

La planta del Algodón fuera muy productible pero no la benefician en aquellos lugares.

Aseguran que hay minas, pero no se dice de que.

Es mucha la Agricultura, potreros y ganado vacuno que se encuentra del pie del a falda de El Viso (Los Medios a Santo Domingo, Se estuviera muy poblado si los primeros hombres que se posesionaron en Campo Alegre no se hubieran convertido en Bandidos que habiéndose hecho odiar por tal respecto por el Padre Gabriel Gómez que los ayudaba les retiro su protección, y no dejo pasar de La Florida la Efigie del Santo Patrón de aquel lugar, pues ya estaba hecha y pintada la Capilla pajiza de colocar esta imagen en la Colina de aquel punto que se encuentra al bajar la pendiente de El Viso. También había ya a un lado y otro del camino algunas casas también pajizas.

Los malhechores que nombraban como cabecillas eran Juan Mora, Simón Morales, Esteban y Andrés Méndez, cuñados de Morales; y las primeras víctimas, que estos asesinaron, fueron a Juan Morales que del punto indicado trajeron la mula de este ensillada y la tiraron al río Uribante para que se viniera para simular el crimen, diciendo que había sido ahogado, pues Morales no vivía en aquellas montañas y Raimundo Pérez que vivió al descender de la expresada Colina de Campo Alegre (En los medios) a la margen izquierda del a quebrada llamada Pulido. A este Pérez conocimos.

Se decía que el tal Morales se avezó (29) tanto al crimen que por comerle el fiambre (30) a un pasajero o por cualquier bagatela (31), le quitaba la vida. Todos esos perversos murieron sin haber sido castigados por la justicia. A este hombre, cuando ya quizás estaba fatigado por tantas fechorías le asesino un hijo un hombre, y preso el delincuente lo llevaban, pero antes de llegar al pueblo de Cárdenas, mando hacer alto a los conductores, ordenó lo soltaran y le notifico la libertad y todos regresaron. Que extravagancia. ¿Para hacer esto en que… pensaría aquél desalmado hombre?

En la Cuchilla Grande de La Pérez, Municipio Sucre en inmueble de su propiedad, costeó una Capilla de Paredes el Presbítero Bachiller Rafael Mora y colocó dentro de ella la Efigie de San Cayetano.

27 – 6 – 31

J. Saturnino Peñaloza.


REPUBLICA DE VENEZUELA.
ESTADO TÁCHIRA.
DISTRITO JÁUREGUI.
JUNTA COMUNAL DEL MUNICIPIO SAN JOSÉ DE BOLÍVAR.



NOTAS:
 
1.- El Manuscrito esta copiado textualmente del original, agregando sólo algunos nombres incompletos basados en el Libro Matriz de Bautizos del a Iglesia de Queniquea, se explicara dichos datos agregados para dar más veracidad al escrito.

2.- Pedro Juan Pulido Zambrano (* 29 de junio de 1860), hijo de Ramón de Jesús Pulido y María Narcisa Zambrano. Morirá el 06 de agosto de 1887 de fiebre en San José de Bolívar, tenía 28 años. Pertenece al partido Godo o Conservador.

3.- Francisco Antonio Méndez. Prefecto de Queniquea a finales de 1882. Era de pensamiento Liberal.

4.- Aparece como aldea de La Grita en 1835, en Lucas Castillo.

5.- Aparece Don Timoteo Escalante en los libros de la prefectura de Queniquea, como prefecto a finales de 1881 y luego a principios del año 1882 junto a Rafael Calderón. Así mismo se ejercería como secretario para finales de aquel año. Vuelve a ser prefecto en 1884.

6.- Aparece como prefecto de Queniquea en los años 1893 y 1910.

7.- Carlos del Carmen Roa, secretario del a prefectura del Municipio Sucre en 1881.

8.- Se agrega al Documento el nombre ya que solo se menciona apellido en este parágrafo. Libro V. Folio 25. Partida de Nacimiento. N°. 231. “En la Fundación de Nuestra Señora del Rosario de Queniquea a 25 de marzo de 1828. Yo, el Cura interino bautice solemnemente puse óleo y crisma a un niño de un mes de nacido a quien le nombre Ramón de Jesús. Hijo legitimo de Florentino Pulido y Casimira Ramírez. Fueron sus padrinos Ramón Gómez y Bonifacia Ramírez, todos eran vecinos y les advertí en obligaciones y parentesco espiritual. Doy fe. Presbítero: Pablo Antonio Morales.

9.- Para la fecha Don Ramón de Jesús Pulido contaba la edad de 54 años y sus hijos: José Gregorio (26 años), Juan Epifanio (23 años), José Domingo (21 años), Pedro Juan (22 años) que salió herido en la contienda, Juan Ciprian (19 años) y Fabián (17 años).

10.- José Saturnino Peñaloza, autor del manuscrito fue Prefecto en Queniquea en el año de 1901. Tenía 17 años cuando se dio el episodio relatado.

11.- No se refiere al Portachuelo de Simusica, sino un camino entre Río Bobo y Queniquea.

12.- La mayor parte de estas tierras eran de Don Miguel Franchescony. Para esta época el Coronel Manuel M. López, padre de López Contreras estaba escondido en la casa de Pío León Méndez en Caricuena.

13.- Se refiere al Valle donde se funda el poblado.

14.- Juan Bautista Araujo, de linaje conservador junto a sus hermanos Pedro y Eliseo Araujo. Juan Bautista Araujo fue el primer Presidente del gran Estado Los Andes. Pertenece a la Revolución azul o llamada de los Godos. Vease: Memorias de Manuel Antonio Pulido Méndez. Pág. 10.

15.- Tierras fértiles.

16.- En el Documento original, de las cuales hay copia en el Municipio y aparece publicado en el Libro Becerro en La Grita no aparece referencia a algún nombre con estas iniciales.

17.- En 1601 se mando a edificar una capilla en el Valle del Espíritu Santo por orden del Rey de España.

18.- No es Rafael Mora, de ser el nombre: José Casimiro de Mora, Cura que ayudo a edificar la primera Capilla en Queniquea.

19.- Obra hecha de piedras unidas con argamasa sin orden establecido.

20.- Esto verifica que el primer difunto del poblado llamado como San José de Bolívar, sería Don Ramón de Jesús Pulido, quién como se ha dicho fue quién impulso la fundación del pueblo, y que daría razón a nuestros estudios que Don Ramón de Jesús Pulido este enterrado en la Tumba Desconocida, que encaja con la arquitectura con la que fue realizada la primera iglesia.

21.- Casado con María Noguera. Sus hijos son: Pedro Antonio, Francisco, Rafael, María y Guadalupe Francesconi Noguera.

22.- Doña Ana Francisconi Roa señala que en su casa de habitación de Queniquea había un Cristo y una Santa Bárbara realizadas por su abuelo Miguel Francesconi, hoy en posesión des u hermana Josefa Francisconi Roa.

23.- Alejo Zambrano fue Prefecto de Queniquea en los años 1888, 1889 y en 1892.

24.- Maestro de la Escuela Numero 54 en el año 1928.

25.- Oriundo de el Combudo (San Pablo), e hijo de Agustín Roa y Devora Uzcategui.

26.- En este parágrafo se interrumpe las reminiscencias de Don Saturnino Peñaloza, luego siguen en otro Folio que se copiara por lo que interesa al lector riobobero.

27.- A este respecto señala Emilio Constantino Guerrero en su libro El Táchira físico, político e ilustrado – 1905. editado por la BATT en el año 2000, N° 173 lo siguiente: “Atanacio Cárdenas nació en San José de Bolívar, Municipio deL a Grita, y muy joven fue discípulo del reputado maestro Rafael Pino”. Pág. 301.

28.- Hijo de Don Ramón de Jesús Pulido, en 1895 fundara San Pablo. Señala Don Pedro Pulido Parra que este José Gregorio después de la fundación de San José de Bolívar compro unas tierras en el Combudo, al llegar tomo su escopeta y lanzo un disparo al aire, dándole por casualidad a un ave, esta cayo en un pozo de agua, al revisarle resulto ser un loro, por lo que Don José Gregorio Pulido decidió fundar un pueblo con el nombre de Pozoloro, luego le llamaría San Pablo.

29.- Del verbo Acostumbrar.

30.- Comida preparada para comerse fría.

31.- Cosa de poca sustancia y valor.

ANEXOS DEL DOCUMENTO FOTOCOPIA DEL ORIGINAL

















jueves, 22 de julio de 2010

La armónica de Heriberto

Por: José Antonio Pulido Xambrano

En una época dominada por la tradición riobobera y las teorías del inicio del post-modernismo, la vida de Heriberto García (Quesillo) nos ofrece un mapa para adentrarnos en los más oscuros secretos de su personalidad. Considerado un genio para los juegos del azar por unos y un loco extravagante por otros, su vida aparentemente caótica hoy nos recuerda que el mundo se dirige al camino que señaló como un profeta.


Muchos le decían loco, pero Heriberto, a quién apodaron el “Quesillo”, si, Heriberto era mas que un loco, él era de esos seres especiales con los que los Dioses nos manifiestan que el mundo es de los niños. Enfrentarse a la vida y a la obra de Heriberto García exige grandes dosis de humor y fina inteligencia. No es fácil entender el esotérico sentido que se escondía bajo la fuerza provocadora de sus palabras. Sin embargo, como el propio Heriberto afirmó, el hecho que ni siquiera él mismo comprendía el significado de sus palabras, y que todo ello venía de la Biblia, y para ser más especifico, el Apocalipsis de San Juan.

Heriberto en su mundo tenía la cualidad de tocar la Armónica, con bellas melodías que él inventaba, nuestro Bethoven riobobero, pues en su aparente loquera creaba tan hermosos ritmos que aún hoy permanecen en mi memoria.

Desde que nacio en Los Paujiles, me señala su madre, que fue un niño retraido y solitario, aprendiendo a leer sólo, y como si fuera diferente nunca se le escucho decir una mala palabra, en las tardes se acercaba al Altar de Santos y allì duraba postrado por horas. Muchos creyeron que iba a ser Sacerdote. Con los años Heriberto emigró del pueblo, y recorrió todos los pueblos de feria en feria con una mesa de juegos de azar.

Heriberto siempre decía que el fin del mundo estaba cerca, y que ese día volvería a hablar con mi abuelo, solía repetir una frase: “Esta es la revelación que Dios hizo a Jesucristo, para que él mostrara a sus siervos lo que pronto a de suceder. Jesucristo lo ha dado a conocer enviando su ángel a este siervo”. Estas palabras son el inició del Apocalipsis, palabras que él tomo letra a letra para predicar en el pueblo, que se arrepintieran pues el fin de los tiempos estaba cerca, la gente se reía de Heriberto y decía que estaba loco, sin saber aquella gente que se reía de la palabra de Dios, pues es lamentable y son pocos los que conocen la palabra escrita en la Biblia, sea para ser creyente o no. Se decía que Heriberto se había vuelto loco por haber leído el Apocalipsis siendo apenas un niño, achacándole la enfermedad de Quijote por leer tantos libros.

Heriberto era alto, pelo rojizo llegando a anaranjado, con una voz un tanto chillona, y siempre me repetía: “Toni, los muertos van a cargar sus propias sepulturas, por eso es bueno que a uno lo entierren con una sabana y en la pura tierra, como debe ser. ¡Sabe! Don José Antonio, su abuelo me ha hablado, y dice que le diga a usted que haga las cosas bien”.— Nunca me entere a que cosas se refería Heriberto, y hoy me pregunto si estaré haciendo las cosas bien.

Heriberto también se caracterizó por crear juegos de azar en las ferias de los pueblos del Táchira. Heriberto era alquímico, gitano, saltimbanqui, llevaba sus dados, sus cartas, su mini carpa de circo, colocaba una pelota debajo de un vasito, y después nos envolvía en su confusión y debían adivinar en cual vaso estaba la pelota. Otro era la rueda de la fortuna, o la figura y el dado. Los últimos días de Heriberto fueron tristes en lo que recuerdo, se empezó a comportar de manera muy violenta y al igual que un personaje de García Márquez, Heriberto fue encadenado con un grillete a sus piernas y encerrado en un cuarto con rejas y quizá murió con unas palabras en sus labios: “El fin del mundo esta cerca, arrepentíos, él esta por venir, el Señor”.

Rezos y rezanderos en el Río Bobo

Por: José Antonio Pulido Xambrano

Mucho se ha escrito de esas personas a las que se atribuye el don de la curación por medio del rezo. Y es que en la medicina natural se manejan saberes ancestrales que, se quiera o no, en ocasiones ofrecen resultados donde la medicina de la ciencia no llega. No son milagros, es un misterio que se llama “rezo”, y del que nuestro pueblo tiene un digno representante: Don José Mora.



Recuerdo que mi primer contacto con el mundo de los rezanderos lo tuve en la calle 4 entre carreras 7 y 8, hará unos veinte y cinco años, cuando visite con la abuela la casa de Doña María de Méndez. Poseía esta señora una verborrea que no estaba a la altura de sus virtudes medicinales. La abuela me había llevado para que me curara el “mal de boca”, que para la época era algo común en los niños. A esta enfermedad también le llamaban en el lenguaje coloquial como “Sapos en la boca”; es una especie de virus que toma toda la lengua y el paladar, se llena de pipitas y es una molestia para comer. La rezandera tomo un poco de azúcar y lo mezcló con vinagre y dijo algunas oraciones, que mi memoria no recuerda. Luego muchos años después mi madre me señaló que a mí me dio el mal de ojo negro, y un rezandero me salvó la vida.



Tampoco a Doña María de Méndez le faltaba el toque religioso, en aquel cuarto estaba llenó de imágenes y retratos de santos y vírgenes, y un olor a cera rancio, por las velas desperdigadas en un rincón. Esta aureola mística como para recordar que de Cristo venían sus dones. Le perdí la pista hace mucho tiempo a Doña María, pero recuerdo que curaba con hierbas que ella misma preparaba y luego vendía a sus pacientes. En esa habitación había un estante de libros, que podían ser los evangelios hasta grimorios como El Libro de San Cipriano.


Y es que los curanderos siempre han estado presentes en la vida social de pueblos y parroquias, haciendo la labor de los antiguos chamanes indígenas; la de ser médicos del cuerpo y del alma. Los curanderos siempre han abundado y más en este pueblo, que el pasado siempre vio la carencia o ausencia de médicos y la pobreza de la gente. De allí el ejemplo palpable de Don José Ángel Mora, hombre sencillo y trabajador y amigo incansable de hacer el bien.


Don José Mora fue por mucho tiempo el medico yerbatero por excelencia en el San José de Bolívar de antaño. Don José Mora curaba con yerbas y raíces crudas, cocidas y molidas y otras desconocidas y palabras misteriosas para curar las enfermedades. Don José Mora era un gran “Atador”, pues arreglaba los huesos - fracturas y luxaciones - usando ungüentos de fabricación artesanal y casera y luego con dos tablillas las amarraba al lado de la parte del cuerpo enferma. Curaba el mal de ojo, del cual se hablara más en detalle luego. En Don José Mora existe un denominador común para la generalidad de sus conocimientos, la mayoría concuerda que Don José Mora era un ser “tocado” por la gracia de Dios. Ante todo, el enigma de Don José Mora se fue con él a la tumba aquel 19 de julio de 1966, porque lo había heredado o bien porque se lo habían “revelado”.

El “Rezo” o “Secreteo” en el Estado Táchira opera resolviendo problemas de salud en personas, animales o plantas, donde se incluye una oración - según comenta María Alruiz. Y el “Rezo” se le sigue usando, pero no se le reconoce de manera oficial, y cuando un médico no da con una enfermedad, en el mayor de los casos lo manda para donde un rezandero.

Otra de las características de este “oficio” es que sólo se transmite en casos excepcionales, como la muerte del rezandero o la elección de un continuador. Y en la jerga del pueblo se le llama: Rezandero, Curandero, Yerbatero, Curioso, Desagullador, Componedores, Remediero, Rezador, Santiguador, entre otros.

El “Rezo” esta dentro de un marco restringido de la cultura popular. María Alruiz en su texto sobre: Rezos y Rezanderos en el Táchira, expresa que una de las características del estado con su folclore y tradiciones son las migraciones considerables desde los llanos venezolanos y colombianos, con el despegue cafetalero exportador del siglo XIX. Asimismo migraciones anuales provenientes del Norte de Santander (Colombia), a lo que hay que añadir componentes más localizados de inmigrantes europeos: italianos y alemanes.

El “Rezo” entra dentro del marco de la magia conocida como “bertolería”, que es practicada por los “curiosos” y “curanderos” que trabajarían en forma espiritual, con ayuda de los espíritus buenos y que está basada en la solución pragmática de problemas.

En San José de Bolívar han existido una gran variedad de estos personajes:

Don José Mora, era rezandero, atador y curandero.

Doña María Angélica Méndez, fue comadrona, desagulladora y componedora.

Doña Carmela Ramírez, era rezandera.

Hermes Méndez, de Mesa de San Antonio era rezandero.

Don Gregorio Ramírez y su hijo Don Benigno Ramírez, ambos eran rezanderos.

Mauricio Vivas, era rezandero y yerbatero.

José Rosales, en la aldea La Costa, era rezandero.

Don Isaias Araque, era curandero.

Doña María de Méndez, rezandera, sobandera y santiguadora que vivía donde hoy esta la casa de Miguel Canujo.

Don Teodulo Roa, rezandero de animales.

Don Ismael Sánchez era rezandero de la picada de araña y el mal de ojo.

Doña Ifigenia Benítez era sobandera.

Doña Teresa Guillen en San Rafael era rezandera y curandera.

Don Olinto Vivas (Zorro) es rezandero.

Don Horacio Criollo, el brujo del otro lado, en Río arriba, decían que era Negrumante.

Don Ramón Rodríguez o Ramón “Buecito”, que era rezandero, componedor y sobandero, y buen amigo de sus amigos.

Don Luís García “Cerote” era componedor y sobandero.

Don Pedro Pulido Parra es sobandero y componedor.

El rezandero del Río Bobo cura el mal de ojo en los animales. Éste se basa en los espíritus. Cuenta una leyenda que un padre Mora, que vivió en la región jugaba con el “rezo”, y quién iba a robarle en su huerto se quedaba pegado en las matas de guineo, en un lugar de la Cuchilla Grande vía a La Florida.

Asimismo también al pueblo han llegado estafadores como un viejo de nombre José Rosario, que se hizo pasar por Sacerdote, pues había robado una sotana. Él mandaba al sacristán, un colombiano al que llamaban Gitano a mover el “Tambo” que se hizo después del terremoto de 1956. Cuando movía el Tambo él decía que esos temblores anunciaban el fin del mundo, y la gente incrédula daba más limosnas, hasta que se supo que era un ladrón, pero era ya tarde, había huido del pueblo.

Otra de las leyendas es la de un “profeta” que llegó al pueblo. Se hacía llamar Melquecedec, y mostraba a los presentes una cuchara de metal que colocaba al fuego y nada pasaba, luego tomaba una cuchara de plástico y hacía la misma prueba. Los rioboberos que no conocían el plástico quedaban asombrados ante la magia y curaciones de Melquecedec. Colocaba un ataúd y se hacía introducir en el y se cortaba en dos.

De sus manos salían palomas cuando menos se imaginaba el populacho, el cura lo tildaba de ilusionista e hijo del diablo. Una mañana lejana en el tiempo, Melquecedec dejó al pueblo de las aguas, no se supo nada más de él.

Hay veterinarios, que no aceptan el fenómeno. Aún cuando se visita los campos tachirenses, el rezo sigue siendo una práctica. Los veterinarios le dan un sentido científico a las curaciones de el “nuche” o “el gusano del monte”, pero el hombre del campo no descarta el “rezo” para curar sus animales. Otra de las características de estos personajes es hacer “Contras”, protecciones contra el mal.

En el poblado vecino de Queniquea fue famoso el señor Octaviano, con sus rezos y oraciones para curar muchas enfermedades.

En el manual del rezandero riobobero nunca falta el llantén, la yerba azul y la Sábila.

Los rezanderos del Río Bobo rezan la sal para curar enfermedades en animales varios. Así mismo reza a las personas para curar distintas enfermedades. Los rezanderos rezan la mordedura de serpiente, el arco (o sea la picada del arco, que puede producir pantano en las heridas).

Uno de los males a los que más acuden los rioboberos por el “rezo”, es el “mal de ojo”. Desde tiempos remotos se ha sabido del poder maléfico que transmiten algunas miradas. Esa cuestión ya es mencionada en ciertas tablillas asirias y babilónicas, así como en ciertos jeroglíficos del antiguo Egipto. Asimismo, los escritores de la antigua Roma aseguraban que los ojos dotados de este poder maligno eran estrambóticos. Ovidio, por ejemplo, atribuyó una doble pupila a la hechicera Dipea. Así, el historiador Plutarco (48-120) estudió la cuestión de la fascinación, llegando a deducir que la mayor parte de la población de su época creía en “el mal de ojo”. Por lo que se observa el mal no es nuevo.


En San José de Bolívar, la enfermedad se da en la gran mayoría de niños y lactantes, dando síntomas de diarrea, vómito y fiebre. Si no se lleva al niño al rezandero para que lo “secretee”, el infante puede morir. El mal aparece cuando el niño es mirado y/o acariciado por una persona de sangre pesada.

La ciencia explica a su manera “el mal de ojo”, señalando que el mismo es una enfermedad infecciosa, causada por la presencia en el tracto intestinal del niño enfermo, de bacterias sumamente patógenas para el organismo de estos pequeños seres humanos. Pero, para nadie es un secreto, que a veces los mismos médicos envían a los padres del niño a rezarlos del “mal de Ojo” por las dudas.

Otro de los males comunes en ser curados por los rezanderos o yerbateros es “el mal de Arco”, éste es una enfermedad popular cuyo origen mágico está muy generalizado en los Andes Venezolanos. Nuestros campesinos creen que el fenómeno natural del arco iris es causa de enfermedades de la piel, del tipo de la erisipela y del flemón, que nuestra gente riobobera llama “Pantano”.

De igual manera al médico yerbatero o rezandero le corresponde enfrentar las fuerzas del maligno, cuando un tercero o un “rezandero negro” (un brujeador), envía un “Daño, Maleficio o Empacho”. Bajo estos tres nombres se conoce una imaginaria enfermedad producida por el poder maléfico, mágico, sobrenatural, de un individuo, de manera general a petición de tercero, para vengar una afrenta o disputa, a menudo de tipo pasional y amoroso. El individuo o brujeador con un poder del maligno es capaz de provocarle la caída del cabello, de colocarle un sapo o un “empacho” de pelo en el estomago o de hacerle perder una fortuna a otra persona.

Recuerdo cuando escribo estas líneas, la tragedia que vivió una amiga de bachillerato, cuando su mamá empezó a perder la razón, ella me comentó que se la habían llevado a un brujo, y éste le señaló que a la madre de mi amiga, alguien que le tenía envidia le había hecho un mal y le había depositado un sapo en la barriga, en aquel tiempo lo tomé a risa, hoy cuando preparó este trabajo, pienso si aquello sería verdadero. A los meses mi amiga se debió ir del pueblo para salvarle la vida a su progenitora. Hoy día viven en Palmira, y aquel hecho sobrenatural es parte del pasado.

Ananias Chacón (Foto: Oscar Santander)

Según Álex Burnman, el maleficio es una práctica de origen goético que se usa con la intencionalidad de causar daño a un hombre, un animal, un fruto o algún producto terrestre. El maleficio, al revés que el hechizo, que puede ser benigno o maligno, siempre es perjudicial, dictado por la maldad o el odio, empleándose sólo para estos fines. Siete son los modos principales de maleficio conocidos, a saber:

El que infunde en la víctima sentimientos criminales.

El que inspira sentimientos de odio y envidia.

El que provoca enfermedades.

Aquel que inspira una sujeción, es decir, un impedimento para que el maleficiado no pueda realizar ciertas acciones, como, por ejemplo, masticar su comida, vestirse, entre otros.

El que causa la muerte del enemigo.

El que priva de la facultad de razonar.

El que perjudica a la víctima, en lo que se refiere a sus bienes personales.

En San José de Bolívar, se comenta que la maldad llegó a principios del siglo XX, en una cofradía de brujas, que en sus fiestas saturnales hacían el mal a los habitantes del pueblo, a estas mujeres las llamaban las sorjiñas. Llegaron incluso a sembrar tierra de cementerio en algunas casonas para acabar con la paz familiar. No fue ajeno en nuestra región el caso sobre brujas, y que la iglesia le halla perseguido en este lugar tan remoto, como ya señala Lucas Castillo, en su libro La Grita, una ciudad que grita su silencio: “El caso más sonado en esta materia de brujería, se da allá en el año 1773, en contra de Bartola Gómez y su hija Marcelina” . Como es sabido las familias llegadas al Táchira en el siglo XVI, eran todas procedentes en su mayoría de Castilla, de Asturias y de los países vascos. Con ellos no sólo vinieron los dioses cristianos, sino otros tipos de cultos.

Durante los primeros años de la Independencia, estas familias españolas estuvieron repartidas por la región, muchas de ellas llegaron incluso a la Meseta de Queniquea y otras al Valle del Espíritu Santo, al verse hostilizadas por las fuerzas revolucionarias. Lo primero que hacían estos aldeanos al llegar a algún lugar de asentamiento era bendecir el lugar y levantar una Capilla a Dios. Durante todo el siglo XIX en la región, la gente fue temerosa a este espanto, pues aunque no se crea desde La Grita a Bailadores, de San Bartolomé del Cobre a San Cristóbal y, del Río Bobo a la meseta de Queniquea, señalaban los abuelos que las brujas en el poblado, "de que vuelan, vuelan".

Cuentan que los rioboberos se atrevieron una noche a visitar el cementerio de San José de Bolívar por allá a finales del siglo XIX, y se encontraron con un cuadro horrorizante, en medio de dos tumbas estaban tres mujeres vestidas de negro, les cubría el rostro un velo, cómo el que acostumbraban usar las mujeres para resguardarse el rostro cuando entraban a la Iglesia. El cuadro no podía recoger algo más monstruoso, una de las participantes estaba degollando un gallo de color rojo y vertía la sangre sobre una de las tumbas. Al percatarse la presencia de visitantes, las tres mujeres se transformaron en gallinas de color negro, empezaron a revolotear hacia el centro del pueblo. Con el tiempo no se volvió a oír más nada de las Sorjiñas, como se llamaron a estas mujeres que hacían maleficios.

Señalan los abuelos que fue el Cura de Queniquea Don Pancho Higuera, quién atrajo de nuevo al culto cristiano a aquellos que practicaban el mal, así se cree se acabaron con estas creencias. Narran también los abuelos que las Sorjiñas, el nombre se debe por ser devotas al culto de San Jorge (la resurrección del Dragón), al morir se convertían en espantos que se alimentaban de difuntos, y salían al mundo de los vivos el día de San Juan, es decir, el 23 de junio. Muchas damas de San José de Bolívar del siglo XIX adoraron este culto y se reunían el día de San Juan.

miércoles, 21 de julio de 2010

Artistas rioboberos

Por: José Antonio Pulido Xambrano

En la actualidad existen muchos y buenos museos en todo el mundo, en nuestro pueblo hace años en el Ateneo empezó a funcionar el Museo “Ramón de Jesús Pulido”, pero por cuestiones políticas el Ateneo fue cerrado, pues era mejor sembrar cemento, que sembrar cultura. Bueno de ahí el epíteto de “Alcalde Cemento” al burgomaestre del pueblo de aquellos años. Pero voy a plantear hoy el “museopueblo” ¡Si como leen! El pueblo como tal es un museo, sólo que debemos ordenar sus obras, ubicarlas, hablar de ellas, y hoy planteamos en estas palabras una revisión breve del arte riobobero en arquitectura, escultura y pintura riobobera.

El primer artista que aparece en el pueblo es el paujilero Atanasio Cárdenas, quién como fiel representante del arte religioso nos dejo esculturas para la posteridad como la imagen del patrono y el Cristo que esta en el altar de la iglesia del poblado.



Imagen del Patriarca San José

La imagen del patriarca fue hecha de cedro, toda tallada de una sola pieza, y es la escultura religiosa más importante del municipio, se tiene datos que fue realizada en 1887, luego haría otras serie de esculturas religiosas como El Cristo que esta en el Altar Central, un San Isidro en Queniquea y un San Antonio en los pueblos del norte del Táchira. Se plantea que hizo otro San Antonio para Pregonero y que incluso viajó a Caracas e hizo una escultura de Antonio Leocadio Guzmán.

Don Miguel Franchesconi


El segundo artista que aparece en el pueblo es el italiano Miguel Franchesconi, quién usando la mampostería ayudó en la primera iglesia, de igual manera también hizo varias imágenes religiosas como: Una Santa Bárbara, una Virgen de los Dolores, un Cristo y el altar antiguo de la primera iglesia.

Luego aparece Domingo Pulido, quién como mayordomo de fábrica, cantero y maestro modeló el primer proyecto de arquitectura, al plasmar la primera iglesia del municipio.
Señala la tradición que su padre Ramón de Jesús Pulido le enseñó las artes de construcción de iglesias a sus hijos, por eso encontramos a Joaquín de la Rosa Pulido en la construcción de la iglesia de Queniquea en 1808 y a José Gregorio Pulido en la construcción de la iglesia de San Pablo.


Esta iglesia fue hecha con un sentido de verticalidad y equilibrio, pilares fundamentales en que se sustenta el gran universo.

El arte que llega a San José de Bolívar en su época fundacional es netamente religioso, el pueblo se crea en esencia con Dios y para Dios, pues es un sacerdote quién arma en si el ajedrez para consolidar el pueblo, y lo primero que se piensa es en la iglesia. Aquellos primeros hombres construyeron casas de corte colonial, con grandes patios en el centro y sus grandes pasillos. Las imágenes religiosas hechas por Miguel Franchescony empiezan a verse en los altares de las casas y pequeñas estampitas españolas de vírgenes y santos.

Cristo realizado por Miguel Franchesconi


Por otro lado la imagen del Cristo Crucificado de Atanasio Cárdenas llega a una belleza sin igual, muchos incluso plantearon que ese era el cristo que estaba en La Grita, pero son meras hipótesis, que no tienen sustento alguno. Los rasgos andinos tanto en el San José como el Cristo son relevantes, trazadas por una misma mano, el Cristo debió ser hecho entre 1889 y 1890.

Cristo crucificado de Atanacio Cárdenas


Este primer acercamiento al arte desde la escultura y la arquitectura son importantes, pues quienes hicieron este pueblo, en verdad usaban alpargatas pero tenían una basta cultura, se habla que nuestros antepasados leían la Biblia en grupo, incluso de personajes que degustaban el Quijote, pues había sido escrito en la mejor de las lenguas.
Los padres que sabían leer y escribir, por falta de maestro, enseñaban a sus hijos, esto ocurrió sobre todo en las familias asentadas en Los Paujiles, quizá por el acercamiento de esta aldea con La Grita.

No se sabe a ciencia cierta donde murió Atanasio Cárdenas, la leyenda comenta que murió en Bogota mientras realizaba un cuadro. Esto nos da una radiografía de este personaje, que era arquitecto, escultor y pintor, sin saber si cultivaba las letras, pero no debió estar lejos pues fue amigo de Emilio Constantino Guerrero.

Iglesia de San Pablo (hoy ya no existe)

La iglesia de San Pablo fue construida por José Gregorio Pulido en 1895. 

En 1929, llega al pueblo un joven traído de manera especial de Tovar por Don Domingo Pulido, le había visto trabajar y según él, recogía la esencia del artista para arreglar la antigua iglesia. Este personaje era Don Nicolás Rosales quién desde la ebanistería impulso un nuevo tipo de arte en el gentilicio del Riobobero. Al caerse la antigua cúpula por un temblor, Nicolás llegó para continuar con la mampostería, construyo un santo sepulcro para resguardar al cristo después de ser bajado de la cruz.

Don Nicolás Rosales

Este maestro de obras multiplicó sus saberes, labró la madera de las puertas de la iglesia de Bailadores y las de la iglesia de San José fueron hechas por él. Realizó un nicho y la antigua Pila Bautismal que hoy reposa en el olvido, en un jardín olvidado, en el Ancianato “El carpintero de la montaña”.
Don Nicolás también manejaba el arte del dibujo y del plano arquitectónico, hacía todo tipo de utensilio de madera que el mismo seleccionaba. Era un maestro de los árboles, sabía cuando se debía cortar una madera y cuando no, una de sus obras emblemáticas fue el Santo Sepulcro, digo fue, porque hoy no se sabe su paradero, lástima pues era una obra hermosísima.

Dibujo de las puertas de la Iglesia de Bailadores realizadas por Don Nicolás

 
Dibujos realizados por Don Nicolás

Se puede observar en este trabajo copia de un plano original de una de las puertas que hizo Don Nicolás en la iglesia de Bailadores y detalles de los bordados que este artista riobobero, pues desde que se vino de Mérida adoptó a este como su pueblo y jamás quiso irse.


Se observa en estas fotos la minuciosidad de Don Nicolás ante los trabajos que abordaba como todo un profesional de su estilo, es por ello que siempre fue apreciado y querido por la gente de este pueblo.


De igual manera trabajó con los planos de las puertas de la iglesia, puertas que aún se mantienen en pie y son un testimonio vivo de sus palabras, que nos las escribía, sino las dejaba palpadas en la madera que el le daba forma y estilo, es por ello necesario reconocer que con Don Nicolás el pueblo se reinventó.

En los años 1970 aparece el pintor Iván Romero con cuadros muy coloridos y pintorescos del poblado, uno de ellos donde se pinta la antigua plaza de nuestro pueblo, con gente alegre en las calles, este es un cuadro pintado al óleo, hoy en propiedad de Isidro Chacón.
 

Plazita Bolívar con arboles

Así mismo aparece la joven pintora Josefa Zambrano de la aldea San Rafael, con la técnica del creyón sobre madera, uno de sus cuadros es el del “Liceo San José de Bolívar”.

Liceo de San José de Bolívar en 1974 por Josefa Zambrano

A principio de los años ochenta irrumpe en la escena José Manuel Francisconi y sus murales en las calles del poblado, retratando la vida del campesino, estos murales estaban donde hoy esta la Alcaldía, pero que fueron borrados como tantas obras históricas de nuestra población.

Arco Centenario por José Manuel Francisconi

Uno de los murales que aún se conservan de José Manuel Francisconi es el del Arco centenario, que esta en la entrada del poblado en la placita San José, allí quedó plasmado para la posteridad el pueblo de antaño, con la entrada antigua, aún se ve en esta pintura la casa de las Romero, entre otras.


Mural Homenaje a los escritores

Son murales que la juventud ha ido retocando para que no se pierda ese testamento artístico de este joven escritor y pintor de nuestro pueblo. José Manuel es uno de los íconos de la juventud que compiló la cultura y el deporte en sus manos, hoy el polideportivo del pueblo lleva su nombre, y otros dos de sus murales se ven en la entrada al poblado, uno de ellos dedicado a Simón Bolívar y otro un homenaje a la literatura, un mural muy vanguardista que no fue entendido en su época.



Mural Bolivariano por José Manuel Francisconi
Al pueblo luego Nestor Melani Orozco realizaría una mural para la iglesia que fue borrado en la restauración que se le hizo. Sólo se salvo el mural de Enrique Ortega y Jesús Lista, sobre el bautismo de Jesús.


En el año 2001 mi persona incursionó en la Escuela de Artes de San Cristóbal, de la cual son obras mías “Señora de la noche” y “Centro del mundo número 11”, cuadros con la técnica de creyón y óleo.

Señora de la noche por José Pulido


En los últimos tiempos un nombre irrumpe en el arte de la pintura, Marlene Labrador, joven riobobera quién desde la técnica del lienzo y el óleo deja obras históricas, un ejemplo de ella: “La entrada al pueblo”.

La entrada del pueblo por Marlene Labrador
Otros nombres de pintores y artesanos rioboberos son: Humberto Bonza, Julio Bonza, William Becerra, con cuadros alegóricos del poblado.
Por lo que se observa el arte riobobero se ha ido cultivando desde sus inicios, un arte nacido desde la experiencia y el color local ante todo, simbólico y abstracto, hasta cuadros cubistas, que realiza desde el anonimato el artista plástico Ricardo Mora, una faceta poco conocida de este escritor.

Sea de las futuras generaciones esta herencia cultural que nos viene desde esta tierra riobobera, con olor a café y panela.