domingo, 17 de noviembre de 2019

SACERDOTES DE NUESTRO TERRUÑO: LUIS GILBERTO SANTANDER RAMÍREZ


Por: Mgs. José Antonio Pulido Zambrano
Individuo de Número de la Academia de Historia del Táchira.-


Padre Luis Santander (Foto Archivo Fundación Pulido).-

El Padre Santander como es conocido a este sacerdote, él cual ha sembrado su visión de vida en el mundo del sacerdocio y sin dejar de lado su otra pasión; la Historia. Nació Luis Gilberto Santander Ramírez en la población de San José de Bolívar un 18 de noviembre de 1944. Hijo de Ernesto Santander y Antonia Ramírez Vivas. 


Padre Luis Gilberto Santander (Foto Archivo Diario Católico).-

Realiza sus primeros estudios en la Escuela Federal Graduada "Regina de Velásquez" siendo directora de este plantel la maestra Ana Manuela Paz de Pulido. Luego seguirá su preparación eclesiástica en el Seminario Santo Tomas de Aquino.


Padre Luis Gilberto Santander  (Foto Archivo Diario Católico).-

En la Diócesis de San Cristóbal recibe la ordenación sacerdotal de manos de Mons. Alejandro Fernández Feo, el 24 de agosto de 1968.








Fue promotor de los municipios Panamericano y Samuel Darío Maldonado en 1972.


Fundador de la Escuela de “Artes plásticas” en el Municipio Emilio Constantino Guerrero, Pueblo Hondo, transformada luego en Escuela de la labores.


Presidente de las Juntas Bicentenarias de Don Andrés Bello y Don Simón Bolívar, en Cordero, Estado Táchira, los años 1981 y 1983 respectivamente. Fundador y animador de la Asociación Cooperativa Mixta “Alturas del Torbes” (1985- 2018) y del Complejo Cultural “Andrés Bello". (1983) Cordero, Estado Táchira y la Biblioteca Pública Andrés Bello de Cordero el 29 de noviembre de 1981.


Recibe el título de Abogado de la Universidad Católica del Táchira, el 17 de septiembre de 1982.

Fundador de los Fondos Sociales de Ahorro y Crédito de Michelena y de San Antonio del Táchira los años 1990 y 1997, respectivamente.

Ha trabajado en las parroquias de la Diócesis de San Cristóbal: Vicario Cooperador de Nuestra Señora de Coromoto, San Pablo apóstol de Coloncito y Santo Cristo de La Grita; Párroco de Nuestra Señora del Carmen de Pregonero, María Auxiliadora de Cordero, San Emigdio de Libertad, Capacho; San Juan Nepomuceno de Michelena, y en la parroquia San Antonio de Padua en San Antonio del Táchira.




Autor de libros: “Bolívar, hombre y héroe” (1983); “Historia Eclesiástica del Táchira” (Tres tomos) (1986); “Cómo desarrollar Cooperativas de ahorro y crédito, de consumo y empresas de servicio” I Edición ( 2003) y II Edición ( 2005); ”Grupos subversivos más allá y más acá de la frontera” (2004); Catecismo” Yo soy el Pan de vida” ( Siete Ediciones con 86000 ejemplares entre 1977 y 2010); Catecismos en los tres niveles de catequesis: Año de la penitencia, Año de la Eucaristía y Año de la Confirmación.( Nueve Ediciones 2003 al 2012;” Cien Valores para la vida”(Dos Ediciones 2006, 2012; “Semblanza del General Juan Vicente Gómez”(2007); Novenas a la Virgen de la Luz, patrona sentimental de San Antonio del Táchira,(Dos Ediciones); Novena a la Divina Misericordia (Cuatro Ediciones) y Novena a la Virgen del Carmen de la Caña Brava de Pregonero, Estado Táchira (2009); “Resumen del Catecismo de la Iglesia” (2009); “Píldoras Catequéticas” (2009); “Manual del Sacerdote para sus tareas pastorales” (2010). Doctorado Honoris Causa en Educación de Mons. Raúl Méndez Moncada (2010); Cien parábolas para crecer (2012); El Táchira ¡Presente! (Agosto 2012); “Novena a la Virgen de la Consolación de Tàriba.(Dos Ediciones, Marzo y Noviembre 2013); “Así funciona una Cooperativa” (Marzo 2013); “Una luz sobre la Colina de Toico”, Historia del Seminario de la Diócesis de San Cristóbal - Estado Táchira - Venezuela (Marzo 2014); Orientaciones Catequéticas para Jóvenes y Adultos. Febrero 2015. Nueva Historia Eclesiástica del Táchira en 6 tomos (2017); Crónicas de Cordero (2018). Próximos a publicar: ¿Por qué se perdió la Tachiranidad?, Misiones del Alto Apure por los Padres Dominico de la Provincia de San Antonino de Colombia y Venezuela, Catecismo de perseverancia para después del sacramento de la Confirmación (jóvenes mayores de 14 años). Talleres para las Escuelas de Catequesis. Novena sobre los sacramentales para las fiestas patronales. 









Ha recibido las Condecoraciones de “La muy laboriosa Ciudad del Sol” Distrito Panamericano, hoy Municipio. Año 1972; Condecoración “La Cruz del Centenario del Colegio de Abogados. San Cristóbal 5 de Julio 2000; La llave de la Ciudad de La Tendida, Municipio Samuel Darío Maldonado, 12 de agosto 2003; Hijo Adoptivo del Municipio Andrés Bello, Cordero y del Municipio Panamericano, Coloncito; Botón al Mérito en su única clase de la Cooperativa Mixta Alturas del Torbes; Botón de Oro, 25 años de Sacerdocio del Seminario Diocesano Santo Tomás de Aquino. Placas de reconocimiento y diplomas varios.
Además ha sido Presidente de la Academia de Historia del Estado Táchira en dos ocasiones, lugar donde vierte su saber en la construcción del quehacer histórico de la región andina.


Padre Santander y el doctor Ricardo Méndez Moreno (Archivo Diario Católico).-




Nota: Agradecimiento al Archivo de Diario Católico por varias de las imágenes para este Trabajo.

LAS TOMA DE AGUA

Por: Mgs. José Antonio Pulido Zambrano
Individuo de Número de la Academia de Historia del Táchira


Toma de Agua en la aldea Los Paujiles (Foto Archivo Fundación Pulido).-

El agua es vital para la sobrevivencia. Este vital líquido fue un elemento del que no sufrieron (y aún hoy día no sufren) los primeros habitantes de las tierras que hoy ocupan el municipio Francisco de Miranda, capital; San José de Bolívar. Por ellos los nativos, los primeros aborígenes cuya tradición los ha nominado con el nombre de Babukenos construían sus chozas cerca de los ríos o quebradas.

Más tarde con las Encomiendas y al levantarse en la zona las primeras casas con estructuras de arquitectura hispana, los españoles se surtieron del preciado líquido construyendo pozos cercanos, el cual se usaban para el traslado de agua en pimpinas o vasijas hechas de barro.

En el siglo XIX en la mayoría de casas de campo en la zona de los rioboberos existía un sistema al que se le conoció como "Toma de Agua".


La "Toma de Agua" fue realizada en la aldea Los Paujiles de guadua.
(Foto Archivo Fundación Pulido)-

La "Toma de agua" fue un artificio campesino que nuestros ancestros realizaron para acercar el agua a sus casas de habitación, realizada su estructura mecánica con ingeniería rural del material extraído de la guadua o un árbol llamado "Anime".

El procedimiento para armar estas "Toma de Agua" - nos señala don Pedro Pulido Parra - era cortar "tanto la guadua como el anime por mitad, dejando así dos canales hechas que superpuestas y amarradas con bejuco o cabuya eran colocadas sobre una horqueta y de esta manera se desplazaba el agua del caño, quebrada o río hasta un tanque construido de piedra, cerca de la cocina del hogar campesino".

Por su parte, Gilberto Roa nos señala que "muchos incluso en San José de Bolívar crearon especies de poleas para llevar el agua a un cuarto acondicionado como baño, dándole sentido de la ducha que hoy vemos con su regadera y de esta manera se dejo de cargar el agua desde la distancia, a pesar de que somos un lugar bendecido por Dios donde el agua se da por doquier".


Pedro Pulido Parra y Gilberto Roa (Foto Archivo Fundación Pulido).-

Es"Tomas de Agua" fueron los primeros acueductos de la comunidad que hoy se conoce como municipio Francisco de Miranda en el estado Táchira - Venezuela.   



domingo, 14 de julio de 2019

EL CULTO A LOS MUERTOS EN SAN JOSÉ DE BOLÍVAR

Por: José Antonio Pulido Zambrano
Individuo de Número de la Academia de Historia del Táchira

El Cristo de los Tiempos - Cementerio de San José de Bolívar

Nada más fundado el pueblo aquel 15 de febrero de 1883, los vecinos - se señala en el Manuscrito de José Saturnino Peñaloza - procuraron establecer los terrenos apropiados para la iglesia, la plaza y el cementerio, para ello los pioneros de aquella empresa, todos radicados ya en tierras del antiguo Ríobobo acordaron la compra de  un terreno para el cementerio a los señores Jesús Vivas y Ramón Guerrero con su esposa María Agueda Vivas "midiendo cuarenta y un metros ochocientos milímetros cuadrados, dentro de estos linderos: frente con terreno de José Gregorio Pulido; y por fondo, costado derecho e izquierdo, con terreno del primer otorgante (Jesús Vivas), alinderados así ambos terrenos y el del cementerio con su entrada y salida por la calle que va directamente por el costado derecho y ambos con los usos, costumbres y servidumbres que les pertenezcan, declaramos ser propiedad indisputable de la Santa Yglesia de Ríobobo". (1) Este terreno junto a los de la iglesia y la plaza costaron a la comunidad 800 bolívares pagaderos a cinco años. (2).
De allí que la idea de cementerio nace a la par de la fundación del pueblo y la primera persona que fue enterrado allí fue el principal promotor y pionero de esta empresa fundacional como lo atestiguan los documentos antiguos, nos referimos a Don Ramón de Jesús Pulido Ramírez, entierro realizado el 4 de junio de 1884 por el presbítero Fernando María Contreras como aparece reflejado en el libro de defunciones de la parroquia Sucre, en este sentido expresó Horacio Moreno (1982: 259) lo siguiente: "Merece un grato recuerdo don Ramón Pulido, pues a sus esfuerzos y donaciones empezaron la fabrica de la iglesia, casa cural, cementerio, etc. Murió este honrado ciudadano sin haber terminado la iglesia y su casa de habitación. La bóveda que cubrió sus restos fue fabricada por el maestro Luis Barrios (Merideño), quien hacía los trabajos de construcción de la iglesia". (3). 

Tumba donde la tradición señala fue enterrado Don Ramón de Jesús Pulido 
y su constructor sería el maestro Luis Barrios.

Desde que tengo memoria, siempre visite el cementerio de mi pueblo, primero con la abuela María Isabel, quien procuraba que en la tumba del tío Baudilio de Jesús no faltara luz (velas o velones) y en el florero destinado para tal fin; flores frescas. En esas visitas me le escapaba a la abuela para visitar la tumba del abuelo José Antonio. Era un choque para mí en la mentalidad de un niño, aquel muerto llevaba mi nombre y sobre la lapida decía José Antonio Pulido. En esa misma tumba estaba la tía abuela Barbara, la costurera del pueblo hasta finales de la década de los sesenta. En esa misma tumba el abuelo había enterrado por años a sus hermanos y sus padres.

Lápida de la tumba del abuelo José Antonio Pulido.

Tumba de José Antonio Pulido Chaparro.

Luego, un día que era obligatorio ir al cementerio, era el Día de los Muertos, el 2 de noviembre. Ese día iba con la abuela, recuerdo que llevaba entre mis manos un tobo y un cepillo. Al llegar al cementerio la abuela me mandaba a llenar el tobo con agua y luego ella lo mezclaba con jabón para así lavar la tumba del tío Baudilio. Con un pequeño balustre que nos prestaba mi padre se deshiervaba los alrededores de la tumba y con pintura negra en aceite y un pincel remarcábamos el nombre del tío Baudilio de Jesús Zambrano, como una manera de no olvidar su existencia de la memoria y del tiempo. A diferencia de otras tumbas, la de mi tío no tenía una foto de él. Después de aquel trabajo de limpieza, la abuela cerraba sus ojos y rezaba algunas oraciones por el hijo ausente.

Otro día obligatorio para ir al camposanto era a un entierro de un muerto del pueblo. En la época de mi niñez el pueblo era más pequeño, todos nos conocíamos y cada difunto era parte del pueblo, la tristeza era de la comunidad, el sentimiento de dolor abrigaba a todos. La muerte de un riobobero se sentía en todos los hogares, el dolor se hacía colectivo. Era costumbre que el sacerdote llegara unos minutos antes de sacar el cadáver del hogar, hablaba con sus familiares, pedía a uno de sus monaguillos sus herramientas, se vestía para la ocasión, rezaba algunas oraciones, lanzaba agua bendita al lugar donde estaba el féretro. A continuación salía acompañado de los dos monaguillos, seguido del ataúd que era cargado por familiares y amigos y se proseguía la caminata por la calle principal del pueblo hasta llegar al templo parroquial.

Al llegar frente a la iglesia, el sacerdote entra de primero seguido por la nave central del ataúd con el cuerpo del difunto. El sacerdote pide que se cierre el ataúd, no es permitido que este abierto en ese lugar sagrado. Junto al féretro se coloca un cirio pascual, símbolo cristiano que recuerda la unión entre esa muerte y la muerte y resurrección de Jesús, el Cristo. Encima del ataúd se coloca un cruz realizada de flores. El cuerpo siempre se coloca frente al altar, si es un laico se pone con los pies lo más cerca del altar; y si se trata de un sacerdote, es todo lo contrario, la cabeza del cadáver cerca del altar, es decir en la posición en la que estuvo en celebración litúrgica en vida.

La iglesia empieza a colmar de una atmósfera pesada, son cantos tristes, reflexiones sobre la vida y la muerte:

"Hermanos, con la certeza que nos da la fe y con la esperanza de la Vida Eterna, encomendemos a la infinita misericordia de Dios a nuestro (a) hermano (a) que se ha dormido en la paz de Cristo".

Se empiezan a notar lágrimas en la distancia, el llanto más cercano es el de los allegados. Terminado el ritual de exequias el presbítero canta:

¡Quien cree en ti señor, no morirá para siempre!
Dichosos los difuntos que mueren en el señor.
El señor los guiara a las fuentes de agua viva,
y enjugará toda lágrima de sus ojos.
si morimos con Cristo, con él también viviremos.
Yo sé que mi redentor vive,
y el último día resucitaré de la tierra.
Al cual yo mismo he de ver y no otro,
y mis ojos le mirarán.
El salario del pecado es la muerte,
pero el don de Dios es la vida eterna
en nuestro Señor Jesucristo.

De seguida el sacerdote baja del altar y rosea el féretro con agua bendita y los familiares toman los restos de aquel que días antes estaba vivo y con el sacerdote de nuevo delante de aquella caminara fúnebre, como un Caronte andino lleva el cuerpo del difunto a su morada final; el Cementerio.

La entrada al cementerio de San José de Bolívar en la actualidad.

De niño uno poco sentía la tristeza de la muerte en el cementerio, el silencio sepulcral aún no nos abrazaba a esa edad. ¡Temor a los muertos! Eso sí, le tenía pavor ver un cadáver. El primer muerto que toque fue casualmente a la abuela, con ella perdí el temor a los muertos. De niño uno poco entendía la resignación a la ausencia del ser querido. Para los niños del pueblo, el cementerio era un laberinto de cruces y tumbas, y de allí que con entusiasmo y felicidad los infantes empezaban a correr por encima de aquellas tumbas desordenadas, acumuladas a través del tiempo sin ningún temor ni angustia. Los mayores nos decían que no brincáramos "encima de los muertos", que eso era "pecado de Dios". Recuerdo que la tumba que más me producía misterio era la "Tumba Desconocida" o ir a la pared del final del cementerio a ver restos de urnas desperdigados que iban quedando montadas unas sobre otras en un bosque macabro.


Siempre había un resquemor de llenarnos los zapatos de tierra de cementerio, más que tierra, barro. Pues el terreno donde se levantó el camposanto en si era un lugar gredoso, fangoso, húmedo, de allí que muchas tumbas que se habrían con el tiempo para retirar los restos y llevarlos al osario común y enterrar a otro riobobero, se encontraban los que abrían la tumba que la misma estaba anegada de lodo y agua.

De todo el cementerio a mi me agradaba las tumbas del ajedrez, como en mi mente de niño las llamaba para esa época. Mi padre me decía: ¡Esas son las tumbas que hacía Don Nicolás Rosales! Eran tumbas hechas con un mosaico muy bello (o lozas) a dos colores. A diferencia de otras tumbas envueltas en puro cemento que mostraban la condición social del difunto riobobero. El cementerio a su manera también estratificaba a sus muertos. En el centro del cementerio estaba el imponente mausoleo de la familia Zambrano, que había mandado a hacer don Teodulo Zambrano para enterrar a sus señores padres.

Tumbas realizadas a mediados de los años cincuenta por don Nicolás Rosales.

Tumba realizada por don Nicolás Rosales.

Tumba realizada por don Nicolás Rosales.

Al recorrer el cementerio uno empezaba a observar también la variación arquitectónica de los diferentes mausoleos, así como también ver una simple cruz de madera sobre la tierra al final del camposanto. Sí uno preguntaba: ¿Quién está enterrado allí? La respuesta de los mayores era simple y fría: "Un sin nadie".
Como todo cementerio, existían tumbas que tenían su historia, como el de "La Virgen de los Romero" (esta tumba ya no existe), la "Tumba Desconocida" (de la que ya hicimos referencia), la del "Angelito", "El Capitolio", "Cruz de hierro", "El Monolito", "El Cristo sin tiempo", la de don Luis Duque, entre otras.

La tumba del Angelito.

El Capitolio.

Cruz de hierro.

El Monolito.

La tumba desconocida.

Si algo se tenía claro de niño era que los fantasmas de los antepasados vivían y caminaban con nosotros mientras no se les olvidara. Por algo el primo Ramón Márquez, profesor de la Universidad de Los Andes en Mérida señala que: "San José de Bolívar es el Comala de mi infancia, y porque no decirlo el de mi vejez. Cada vez que regreso, es un volver para conversar con los muertos, y no con un muerto cualquiera, sino con mis muertos".
La convivencia con los espíritus del más allá era (y es) una relación de familia, de alegría, pero para muchos rioboberos se podía tornar peligrosa y esquiva si no se respetaba a los muertos, por ello, los habitantes de San José de Bolívar (sobre todo los nativos) acostumbran como se hace desde antaño mandar a hacerle misas. El primer paso cuando hay un difunto en el hogar riobobero es la preparación de los novenarios (que no sólo es oración, es camaradería, es comida, es licor, es chiste, es encuentro), el responso al finado y en días de Semana Santa el réquiem por las Ánimas del Purgatorio.
Antaño en mi pueblo existía la creencia que el Jueves Santo salían a las calles todas las Ánimas del cementerio y a medianoche se dirigían al templo parroquial a rezar hasta entrado el amanecer, quienes relataban este hecho - entre ellos mi abuela - decían que aquellos que escucharon esta misa de las ánimas la describían como un murmullo de oraciones: "Ruega por ella, ruega por nosotros...".
Otra costumbre en el poblado era el de procurar no colocar las camas en la posición que eran enterrados los muertos, en este caso - para hacernos entender -, la cabeza del difunto quedaba de espaldas al río Bobo que transita el terreno de Queniquea conocido como "Río Arriba".
Otro de los datos recabados para este escrito, es que el primer cementerio de la zona fue un cementerio aborigen y estuvo ubicado donde hoy queda el templo parroquial - este hecho salió a la luz en el año de 1929 cuando se socavaron dos pilares en la iglesia y en ese acontecimiento expresa Moreno que "el maestro constructor Bernabe Vivas y los señores Juan y Domingo Pulido empezaron a buscar el origen del hundimiento, todo se debió a dos pilares o columnas que cedieron al peso del techo, pues habían sido levantadas sobre una bóveda funeraria indígena" (4).

Cementerio de San José de Bolívar

Pareciera que en la creencia del riobobero, los muertos aún deambulan las calles del pueblo durante el tiempo del "duelo", del luto familiar, que sólo culmina con los novenarios del año. Es costumbre por lo tanto cambiar las cosas del difunto de puesto, para que - según la creencia - el muerto acepte que ya no pertenece al mundo de los vivos, el hacerle ver que esta en "otro plano astral".
En el pueblo se tiene cierta consideración por aquellas muertes inducidas (ahorcados, envenenados, suicidas). Pareciera ser que la mentalidad religiosa del riobobero, a este tipo de muerte conlleva un tránsito más difícil para alcanzar la gracia de Dios, de allí que a estos tipos de difuntos se les entierre de otra manera. Estos tipos de muerto necesitan de más oración y penitencia.
El día de los muertos parece delimitarse a la visita del cementerio a visitar a sus ancestros, llevarles flores a su tumba, orar y recordar sus anécdotas. San José de Bolívar desde su fundación valoró el respeto y el culto a los muertos, los velorios tanto de adultos como de infantes es todo un suceso. A estos últimos se les llama "Velorio de angelito", pues al niño o niña que muere se le coloca a sus espaldas unas alas que emulan un ángel, a este respecto la insigne maestra Ana Manuela Paz en entrevista al profesor Horacio Moreno (1982: 212-213) señaló lo siguiente:

La muerte de un niño en cualquier hogar parece causa de alegría el momento del deceso.
Los músicos no se hacen esperar, sus instrumentos de cuerda, maracas y charrascas envían las notas melodiosas en coplas sentidas, dolientes y alegres, décimas improvisadas en un ambiente festivo que dura hasta tres días, durante los cuales se preparan grandes "comilonas". Hay quienes sacrifican reses, cochinos o gallinas para satisfacer el apetito de los asistentes al velorio.
El miche "calentao" y la miel de abejas o "cachicamo" que es más barato, hacen las delicias de los trasnochadores.  

En cuanto al velorio de los adultos es más sobrio, domina el color negro en el vestido de los asistentes, una persona se sienta al frente del féretro a leer letanías o entonar cantos tristes, melodías dolorosas, así como los rosarios que acompañan en coro a los que se acercan al ritual de la muerte. El rosario hace polifónico las oraciones para pedir por el alma del difunto.

Muchas cruces van quedando apiladas en el tiempo...

En cuanto al cadáver, su preparación es todo un ritual dentro del inconsciente colectivo del riobobero. A la hora del deceso, se manda a salir a todo mundo del lugar del hecho y se procede, los familiares más cercanos a bañar al difunto, se le colocan ungüentos que destilan olores agradables para tapar el proceso de pudrición y corrupción del cuerpo. Por lo general alguien de la comunidad inyecta al cuerpo el formol. A continuación se viste y encima se le coloca una especie de túnica llamada "mortaja" acompañada de un cordón de tres nudos. En las manos del difunto se coloca un rosario y una cruz.



Origen de los datos:
1.- Registro Principal de San Cristóbal. Sección Jauregui. Protocolo N° 1. 3er Trimestre. Año 1888. Distrito Guzmán Blanco. Serie numérica catorce.
2.- Ídem.
3.- Horacio Moreno. (1982). Monografía de San José de Bolívar. Canal Ramírez - Antares. Bogotá.
4.- Ídem. Pág. 230.  

jueves, 11 de julio de 2019

SAN ISIDRO LABRADOR: EL SANTO PATRÓN DE LA COLORADA

Por: Mgs. José Antonio Pulido Zambrano
Individuo de Número de la Academia de la Historia del Táchira

A finales del siglo XIX, la aldea La Colorada tuvo un Santo Patrón en una pequeña capilla realizada por los vecinos del lugar, encabezado dicha empresa por el italiano Miguel Francisconi, creador de la talla en yeso del santo protector de los campesinos.
El culto a San Isidro es antiguo, pero al parecer a la zona, la primera huella religiosa para celebrar este acto fue en estos parajes de esta bella aldea, hoy perteneciente al municipio Francisco de Miranda, capital: San José de Bolívar.
No hay una constancia escrita de que se diera una Ermita en esas tierras, de por si llenas de soledad y angustia en aquellas ultimas décadas del siglo XIX, en la que la Sección Táchira pertenecía al nominado Grande Estado Los Andes, proyecto de nación instaurado por Guzmán Blanco. Para este tiempo San José de Bolívar pertenecía al Distrito Crespo, capital La Grita.
La imagen a la que hacemos referencia mide unos 30 cms de largo por 15 de ancho, y se encuentra en custodia del señor Enrique Chacón.
Las imágenes que presentamos a continuación han tenido su restauración para mostrar la imagen en su aspecto original, ya que la misma presenta signos de destrucción por el pasar de los años y debiera la misma ya tener una restauración, porque no todo lo que se desmorona es Historia, es Historia si se preserva para las generaciones del futuro.

San Isidro Labrador realizado por Miguel Francisconi a finales del siglo XIX
(Foto: Archivo de la Fundación Pulido).


domingo, 21 de octubre de 2018

EL EVANGELIO DEL CAMPO SEGÚN PABLO BELANDRIA

Por: Mgs. José Antonio Pulido Zambrano
Individuo de Número de la Academia de Historia del Táchira

Med. Vet. Pablo José Belandria Soto.

Sus padres iban cada vez que podían a San José de Bolívar, por las fiestas decembrinas o en el mes de marzo. Maximino Belandria tenía una conexión con ese pueblo, pues uno de sus ancestros, había pasado por aquel pueblo cuando era aldea venido de La Grita. Así se esparcieron los Belandria por aquel valle.
De niño, Pablo - el protagonista de esta historia - se preguntaba que había más allá del caserío donde él con sus hermanos departían las diversas actividades del campo. Pablo era un niño soñador, era un utópico. criado en valores cristianos nunca le deseo el mal a nadie.
La aldea de Río Azul - la más idílica como señalan nuestros primeros cronistas -, era la más distante, quizá era más fácil ir a Pregonero, Fundación y La Florida, que ir a San José de Bolívar. Pero como decía el abuelo de Pablo, "Río Bobo era Río Bobo, y lo demás era cuento".
Maximino Belandria había plantado raíces en la aldea de Río Azul, los ojos de una morena clara: Eudina Soto le había dado el amor que Dios ofrece a los hombres que van por buen camino. Ambos labriegos campesinos forjaron un hogar con el calor del fogón y el arduo trabajo del campo.
Maximino y Eudina siempre creyeron que el campo lo ofrecía todo, pero que sus hijos debían ir a la Escuela; "aprender a leer y escribir es muy bonito, eso sirve para la vida y nos hace ver el campo desde otra mirada, una mirada más amplia para sembrar la tierra".

La pasión de Pablo Belandria fue su amor por el campo.

Un día en el mes de las flores, en el mes de la virgen, un 12 de mayo de 1988, nació un niño en ese hogar campesino al cual le dieron el nombre simbólico de Pablo José. Este niño había nacido en el contexto de aquella campaña electoral de "el gocho para el ochenta y ocho". Ese año llegaría por segunda vez a la presidencia de la República el andino Carlos Andrés Pérez. Maximino tomó el niño en sus brazos y le dijo con cariño a Eudina: "Este niño tiene cara que va ser Presidente de la República".

Muchas veces Pablo José Belandria mirando el río de su aldea veía que el horizonte de Venezuela era hermoso, siempre fue un ferviente amante de lo nuestro, "el país tiene conque" - solía decir en sus conversaciones. 

El destino de Pablo Belandria, decía él estuvo siempre ligado a Acción Democrática.

Pablo tuvo otros hermanos: Javier, Maritza, Úlises, Freddy, Dimna, Alicia, Orangel, Nelson, Adrián, Ramón, Elvidio, Maximino y María. En lo particular, en mi época de liceísta recuerdo a dos: Úlises y Maritza. Fueron los años de principio de la década de los noventa cuando llegó por decirlo así el primer riobobero que venía estudiar al liceo del pueblo, el personaje en cuestión: Gilberto Bustamante. 
Gilberto Bustamante le abriría el camino y los ánimos a otros niños de aquella aldea a venir a San José de Bolívar a cursar estudios de bachillerato. Recuerdo que Maritza llegó a la casa del señor Freddy Peñaloza, un ferviente admirador de Carlos Andrés Pérez y las lineas de Acción Democrática.

Pablo Belandria como un amante del campo era un aficionado por los animales.

Cuando Pablo cumplió doce años vino a estudiar a San José de Bolívar, estaba Venezuela entrando en un periodo político distinto con la llegada de un exmilitar al poder; Hugo Chávez. LLegó Pablo al pueblo en esa edad en que uno deja de ver el mundo en los colores de la infancia y observa una realidad diferente. Pablo estudiaría de 1º a 3º año de Bachillerato en la E.T.A. San José de Bolívar. En este periodo, quienes lo recuerdan era un aficionado al fútbol, pero nunca olvidaba sus orígenes: el campo.

Pablo Belandria se enamoró del mundo de las vacas lecheras en San José de Bolívar.

Esos avatares del destino lo llevan luego a ingresar su bachillerato en la ciudad de Barinas, un estado diferente al andino, pero también un lugar donde el ganado vacuno y equino estaba por doquier. Va observando Pablo en este transitar que Venezuela empieza a cambiar, en Barinas, más que en ningún otro estado se le empieza a rendir culto al hijo de esa tierra y las vallas del presidente Hugo Chávez se vuelve en algo cotidiano en su estadía llanera. Pero Pablo, de raíces cristianas y con un sentido democrático no comulga con las ideas del hijo de Sabaneta. Empieza a germinar en él la semilla de lo político.

En Barinas Pablo Belandria sabe que su profesión es la de ser Médico Veterinario.

En el contexto barines Pablo sabe que la carrera que debe estudiar es la de Médico Veterinario. Recuerda algunas charlas lejanas en Río Azul entre familiares: "Mire que carrera más bonita estudio el hijo de Don Segundo, eso de curar animales es muy bueno". Hacían referencia al Médico Veterinario Lubín Pulido, primer riobobero que ejercía esta profesión en su pueblo. Pablo muchas veces había conversado con Lubin sobre el futuro del campo. Es así como toma la decisión y viaja a Falcón donde concreta estudios universitarios en el área de la medicina veterinaria y logra graduarse en este campo.
Pablo se gradúa, pero en su transito universitario se conecta con los centros de estudiantes universitarios en el contexto político, ya no era un secreto; Venezuela iba por mal rumbo con la propuesta de un "Socialismo del siglo XXI". La generación de Pablo ve con tristeza que se les empieza a cerrar las puertas para un país distinto y optan por unirse a una oposición al gobierno con nuevas propuestas, pero este país - a pesar de lo que se ha vivido -, los más viejos quieren morir en los centros del poder, tanto líderes de izquierda como de derecha. Aun así Pablo apuesta por abrirse un liderazgo y por una forma distinta de ver la política. Su nombre empieza a sonar como candidato fuerte a la Alcaldía del municipio Francisco de Miranda.

Desde la juventud de Acción Democrática el nombre de Pablo Belandria se solidifica.

Pablo Belandria en su programa radial "El Productor por los senderos del Agro"- Bolívar 98.7 FM

Son tiempos convulsivos los que vive el país, por no decirlo el pueblo. Son tiempos de marchas, de tomas calles, de llevar la gorra tricolor para pedir cambios, cordura, tolerancia. Pero el país es sordo a las voces de los más jóvenes.

Pablo Belandria fue testigo de como Venezuela empezó a cambiar.

Pablo Belandria empieza a mostrarse como un líder juvenil y carismático.

La gente del pueblo que había perdido la credibilidad, por la nefasta conducción de la Alcaldía, ve en pueblo un joven que puede sacarlo del letargo. Pero la mirada de Pablo es más amplia, en estos andares nos conocimos más a profundidad; "José Antonio, no se puede cambiar al pueblo si no se cambia al gobierno e su manera total, la gente quiere que yo sea Alcalde, pero creo que mi visión esta más allá. Aunque no cierro esa posibilidad".
San Cristóbal, uno de los bastiones de la oposición se transforma en un lugar de marchas y contramarchas. El lado oscuro de la antipolítica empieza a desmoronar a la otrora ciudad dela cordialidad. En estos eventos se da los de las llamadas "guarimbas" - algo que no tenía sentido, pero que sociedad vio en ese momento como una solución". Fueron dos meses de reclusión, de una ciudad sitiada en lo interno. Pablo nunca apostó por este camino, él como demócrata cabal creía que la solución estaba en hacer elecciones, "pero unas elecciones libres, con otro arbitro, de ser así, la ciudadanía nos dará la confianza, este país lo van a recuperar son los jóvenes".

La calle fue uno de los escenarios para la lucha política de Pablo Belandria.

Pablo Belandria apostaba por cambios en el país. En este sentido declina su candidatura a la Alcaldía de San José de Bolívar y entra de llenó a la campaña de la gobernación del estado Táchira con su compañera de la tolda blanca; Laidy Gómez.

Laidy Gómez y Pablo Belandria.

Campaña publicitaria por Laidy Gómez como Gobernadora del Táchira.

En el campo político Pablo Belandria busco codearse con los grandes líderes del partido Acción Democrática quienes vieron en él uno de sus futuros baluartes.

Pablo Belandria con Henry Ramos Allup.

Pablo Belandria con el líder campesino Ezequiel Pérez.

Al llegar a la gobernación del estado Táchira; Laidy Gómez, Pablo Belandria es llamado a conformar su equipo político como Presidente del Instituto Autónomo de Producción Rural del Estado Táchira (IAPRET).

Pablo Belandria, uno de los jovenes en quien más confiaba la gobernadora Laidy Gómez.

Pablo Belandria como Presidente de IAPRET.

La voz de Pablo Belandria en la conciencia de recuperar Venezuela a través del campo.

Estando desempeñándose como Presidente del IAPRET, en un viaje de regreso de la capital, se produjo una colisión entre dos camionetas, una de ella modelo Tacoma perteneciente a la Dirección Estadal de Protección Civil y la otra conducida por un particular, en este accidente murió de manera trágica el hermano Pablo Belandria, este hecho sucedió el 20 de junio del 2018.
En el diptico entregado por la Gobernación del Estado Táchira quedaron las siguientes palabras: "Pablo, joven promesa del trabajo en el campo y de respeto por la producción nacional, nos ha dejado fisicamente pero su espíritu de lucha y amor por esta tierra será el legado para las nuevas generaciones y su lema el futuro esta en el campo será promovido como fuerza institucional de lo que él tanto defendió".

Pablo José Belandria Soto

Sus restos fueron llevados a la aldea Fundación por indicación de sus padres. El día que llegó el féretro a la Residencia de Gobernadores, sus compañeros de IAPRET me pidieron unas palabras a Pablo, las cuales serían integradas a otras hechas por ellas, al escribir este artículo, el borrador de las mismas salieron en mi Archivo, las transcribo como un homenaje a nuestro hermano del campo; Pablo Belandria.

Hoy la aldea se curte de melancolía. El campo florido lo inundó la lluvia de la tristeza. Los pastizales verdes dieron paso a un verano inesperado. Cuando un hijo campesino muere, llora la tierra. Llora la tierra. Hoy te has ido hermano Pablo a divisar ese río azul en el cielo, homónimo al de tu caserío. Hoy las granjas del altísimo están alegres pues un amante a lo campestre las visita. Hoy tu voz pausada, tu voz y manos campesinas nos recuerda nuestro trajinar camino. Las laderas, el conuco, el potrero se llena de silencio, el golpeteo del agua se hace susurro...