domingo, 8 de enero de 2023

LA CASA DEL TOPÓN PA´ ARRIBA (Palabras contra el olvido) Por: Ramón Márquez

LA CASA DEL TOPÓN PA´ ARRIBA

(Palabras contra el olvido).

Por: Ramón Márquez




"Regreso", óleo de Manuel Osorio Velazco. Año 1983.


La vida siempre sonríe. Allí están entonces las visiones que suplantan la memoria perdida. 

Viejo. Adriano G. León


Mirar al pasado de los hombres y encontrar sólo ranuras y sencinadas, fragmentos de tiempo interminables y cuadrillas de gente humilde sin palabra y con opaca y hermética memoria, motiva la tentación de apelar al instrumento de la mitología para abrir un boquete curioso sobre ese universo de silencios implacables donde, sin embargo, late como corazón dormido una comunidad de afectos, de saberes y por, sobre todo, una identidad sujeta a la mancomunidad y la pertenencia.

Pero como ya lo dijo alguien en un pasado remoto de la historia popular del mundo, la mitología es una dolencia del lenguaje, una dolencia que, a fin de cuenta, encuentra remedio con más lenguaje, con fantasías, memorias paralelas e imaginación.

Los que procedemos de esos silencios y humildeces ancestrales, mojamos la memoria en esas aguas calenturientas de la recordación; Rico y sugestivo mecanismo que busca la hazaña de un imposible: llegar al origen personal de donde nacen y crecen cada una de nuestros recuerdos más remotos.  

Por estos días San José de Bolívar se ha vuelto una provocación lingüística y folclórica, a propósito de la acogida calurosa que nos despierta los 70 años del hermano mayor Pedro de los Dolores Pulido Parra.  Pedro es una figura de orientación memorística para quienes tras de él, a una distancia de década y pico, quisimos correr los mismos caminos, montar los mismos caballos, cantar las mismas décimas y amar a las mujeres del mismo colorete y seducción que él amó, idílica y románticamente.

 


Pedro Pulido Parra y su esposa Josefa Zambrano

Hora que me acuerdo, cuando oíamos hablar de "la casa del Topón pa' rriba", reventaba en nosotros, sutes todavía, resonancias mágicas como de una navidad eterna.  Tras los pasos de Pedro abríamos camino entre niebla, polvo y viento buscando el rumbo a la vieja casa de Los Pajuiles. El baquiano nos sacaba diez, doce metros, ("apúrense que nos coge tarde"), y nosotros pegábamos una carrerita nerviosa y agitada para emparejar el paso, con una mochila vacía en los hombros que bajaba después con los huevos, el queso, el maíz, los guineos de tío José Antonio para la tía Barbarita.

Al salir de la neblina espesa, a una altura de no sé cuantos metros, se veían abajo las casitas, como acurrucadas y marchitas. Subíamos a un tramo de llanura despejada y Pedro decía a silbar y nosotros a coger oxígeno para serenar la respiración y enmorochar los pasos porque en los caminos desolados de madrugada es donde se hacen los hombres y se templa el coraje del porvenir.


El tío José Antonio Pulido

Ya en Los Pajuiles -para nosotros la aldea se resumía y consumía en una sola casa- nos imbuíamos torpemente en los quehaceres del día; el maíz para los pollos y las gallinas que hacían del patio principal una policromía de plumas indecifrable; la comida para los cochinos que nos recibían con una polifónica ensordecedora y anti-musical; el  bramido de la vaca y el becerro, lo más atractivo y tierno de la jornada, y después las orientaciones del tío José Antonio que empezaba a darle orden al día para ganar aquello que más abundaba: el tiempo. De fondo el ladrido de los perros cazadores y, por último, los árboles, los pájaros y el correrío infantil potrero abajo hasta alcanzar la emoción de sentirnos perdidos como en los cuentos que nos leían Alcira y Socorrito en la Escuela Graduada "Regina de Velásquez".

 


La casa de Los Paujiles.

Cuando Pedro montaba el caballo, aquello nos parecía la composición de un toro sofocado con ojos de tizón y relámpagos en las patas. Ya montó "El Garantías", decía el pueblo a secas. Era la época de las novias de nuestras mocedades vírgenes y de las canciones que daban en la mera madre hasta el más puro e incomprensible desgarramiento sentimental.

San José de Bolívar era un pueblo de calles de tierra, metras y trompos. Las calles nos servían para hacer los hoyos donde debían entrar las metras, y sobre el polvo reseco los trompos bailaban mejor, antes de morir a hachazos o sobrevivir a duras penas.

Yo digo que fue al final del período de Don Rómulo Betancourt cuando las calles aledañas a la plaza del pueblo se armaron de concreto y rayas de asfalto encendido sobre sus calles viejas. Llegaban de la ciudad -no sabíamos de cuál- tanquetas, cisternas, buques, mezcladoras que revolucionaron la física y el espíritu de San José de Bolívar. Vendría luego un proceso de extinción de costumbres, juegos, entretenimientos, y los caballos como los de Pedro empezaron a soltar relámpagos por las patas cuando prendían carrera sobre el concreto.

Por esos tiempos -digamos que en los primeros años de la democracia representativa y plural - Barrio Jondo era una especie de "ciudad prohibida" aunque colindara con la iglesia por la parte de atrás. Dice uno ahora "ciudad prohibida" como si habláramos de un universo de dimensiones desconocidas. Pero me gusta la imagen “ciudad” para recordar una esquina, la del delirio etílico popular y la tentación solariega. Pasar por allí con los padres, o con las tías, era un acto de sospechosa misericordia. Ahora, visitar a Barrio Jondo con Pedro Pulido, encarnaba un gesto retador y de precoz hombría. Y no era porque aquello fuera una suerte de "zona de tolerancia", no; en San José de Bolívar no existieron las damiselas encantadoras. El embrujo de la esquina venía más bien por el lado de las cantinas y las rockolas. Allí empezaba a crecer y a extenderse un sentimiento que no era patronal; una manera de afrontar los afectos amorosos que nada autóctonos, y eso nos removía el espíritu de transgresión, que después supimos que era universal y muy humano.


"Compadres" de Guidal y Castro. 40 x 50 cm oleo tela. 2011. Archivo Mavet C415

Cuando Pedro nos recitaba los versos del poeta Bartolo empezamos a conocer y familiarizarnos con la palabra como música. Nuestra querida madre, María Peñaloza, lo congratulaba con su risa despierta y desinhibida, pero la tía Barbarita soltaba un "anja" de reproche y mandaba a Pedro a ocuparse de los animales y de las matas marchitas. Por ese entonces vivíamos en El Calvario, que era un símbolo de sacrificios y restricciones, y creo que Barbarita tomó aquello a pecho y muy en serio, sin dar concesiones ni aceptar chanzas profanas.

Imagínense lo que era ir de la "ciudad bendita" (El Calvario), a la "ciudad de la perdición" (Barrio Jondo). Y no estoy hablando de distancias kilométricas. Apenas tres cuadras nos distanciaban del Sagrado Corazón, la virgen, las oraciones, los escapularios y las velas de la tía, y las tentaciones de Barrio Jondo.  

Recuerdo singularmente aquella estrofa de Bartolo que cantaba:

 

Qué tanto me está mirando

yo no vengo de codeo

yo no traigo contrabando

yo lo que cargo es guineo.

 

Y la otra versión nacida de no sé dónde:

 

Qué tanto me mira usted,

que lo reprocha mi orgullo

déjese usted de chanchullos

que no vengo de parís,

yo no cargo marihuana

yo lo que cargo es maíz.

 

Había una estrofa propia de los caballeros andantes que, traspapelada en mi memoria, siempre se la he achacado al hábito versificador de Pedro:

 

Ninguno cante victoria

aunque en el estribo esté;

que muchos en el estribo

se suelen quedar a pie.

 


Pedro Pulido Parra herrando un caballo.

Por lo demás, Pedro es de un ingenio fulgurante para describir sintéticamente el estado de espíritu de las personas que se tropezaban con él en cualquier esquina.  "Para dónde va con tanto sueño", le grita el riobobero burlador a un señor visiblemente cansado que bajaba cabestreando una mula. El señor responde cándidamente, "ya camino al joyo", y siguió. De pronto, media cuadra después, se detiene y se devuelve, pero ya Pedro se había pintao. El señor me pregunta, "¿para dónde cogió ese sinvergüenza?" "Creo que pa' lla". Y volviendo a sus pasos entre dientes dijo, "bagabundos pendejos que lo creen a uno bobo". Era Don Luís Mora, el esposo de Berta "La Joyera", a quien llamaban Luís, "El Dormido".

San José resuena como una sinfonía especial en mi corazón. Encarna el aire de un aura que me insita a soñar y a volver sobre los pasos de ese niño que renace siempre en uno. Río Bobo es el reino en donde empieza una vida de timidez y atrevimientos. Mi proceso iniciático como varón, en muchos órdenes se lo debo a aquel muchacho que aventuró sueños y esperanzas en otros mundos para volver sobre esos pasos perdidos y de reencuentro con San José. Ahora es Don Pedro Pulido, inmerso en la certeza de ser un padre ejemplar junto a la reina de su corazón: Josefita Zambrano de Pulido.

martes, 3 de enero de 2023

LA HISTORIA DEL AÑO VIEJO (TRADICIONES TACHIRENSES)

 LA HISTORIA DEL AÑO VIEJO (TRADICIONES TACHIRENSES)

 

Por: José Antonio Pulido-Zambrano



"Año Viejo" - San José de Bolívar, 2007.
(Familia Pulido Zambrano - Sector El Topón).


San José de Bolívar es un pueblo de la montaña azul que aún mantiene muchas de sus tradiciones navideñas y buscan inculcar en las nuevas generaciones. Navidad en nuestro pueblo va más allá de las misas de aguinaldo, del Nacimiento del Niño Jesús, del abrazo de Año Nuevo, de las hallacas, del hervido de gallina, del ponchecrema... Navidad va más allá, es la Parranda de los Negros (disfrazados), son las caravanas (cuadros alusivos a pasajes bíblicos), son los Juegos de Antaño, es el Día de los Santos Inocentes, es la mejor corrida con el "Toro e´candela" y sobre todo es la quema del muñeco conocido como "Año Viejo".

El "Año Viejo" es un muñeco de trapo, del tamaño de un hombre. Desde que tengo memoria he asistido al pueblo a esta tradición, la cual herede de mi señora madre: Josefa Zambrano, quien por más de 50 años ha mantenido en la cuadra esta tradición y se la ha dejado como un legado a hijos y nietos.

Mi padre, don Pedro Pulido me señala que "esta tradición llega al pueblo a finales de los cuarenta, principio de los años cincuenta del siglo XX, antes de esto se quemaba un muñeco similar pero por Semana Santa, muñeco que representaba al apóstol traidor; Judas Iscariote".

En la memoria de los más viejos del pueblo se recuerda a un "Año Viejo" que hizo en el sector El Topón el señor Teodosio Jaimes. Este Año Viejo al que se hace referencia se realizó hacia 1951 a 1953. Es en este sector de la población donde se hace el primer muñeco. No es extraño que estuviera en el ambiente, ya que en 1953 Tony Camargo estrenaba su emblemática canción: "Yo no olvido el Año Viejo, porque me ha dejado cosas muy buenas..."

En mis investigaciones, en lo referente al Táchira, es Teodosio Jaimes el primero en hacer un "Año Viejo", pero me generaba inquietud este dato, para corroborar debía ir a un texto clásico en esta materia, me refiero al libro Folklore Tachirense de Luis Felipe Ramón y Rivera e Isabel Aretz, al buscar el tema del "Año Viejo" expresan que "en algunos pueblos acostumbran hacer un muñeco grande, casi del tamaño de un hombre, y quemarlo en la noche del 31 de diciembre" (1963: 185). En este texto mencionan que en la entidad tachirense para 1959 en Palmira, El Cobre y San Félix realizaban esta tradición, pero sin aportar mayor datos, si hace referencia a la quema de pólvora con este muñeco.

No logré indagar como Teodosio Sánchez lleva la tradición al pueblo o si es un remanente de la "Quema de Judas" en Semana Santa. Esta tradición se mantuvo en el pueblo según doña Ana Manuela Paz de Pulido, quien al ser entrevistada por el profesor Horacio Moreno para el libro Monografía de San José de Bolívar expresa que: "Se hace el domingo de Resurrección. Por lo regular preparan un muñeco grotescamente vestido. Luego del paseo por las calles se llega al sitio donde va ser incinerado el discípulo traidor". Tradición que sería prohibida por el padre Domingo Guerrero por las coplas que se decían en el testamento muchas veces ofensivas con personas de la comunidad.

Mi madre me cuenta que ella realizó su primer "Año Viejo" en 1978, en el sector El Topón, que era donde estaba y sigue arraigado la tradición. Ella piensa que esa es una costumbre que vino de Europa como la mayoría de tradiciones navideñas, un ejemplo el de las "Misas de Aguinaldo", que aunque empezaron en México con una representación de los Padres Agustinos, luego las trajeron a Venezuela, a acá, a Táriba y de allí se esparció por todo el Táchira y Venezuela. 

Lo mismo ocurrió con el muñeco del "Año Viejo", que es el resultado final de un sincretismo de diversas tradiciones, una de ellas como se ha dicho es la "Quema de Judas". Hoy esta tradición se ve en casi todos los pueblos del Táchira donde realizan un muñeco que emula a un viejo, un muñeco hecho de trapo con ropa recolectada de la comunidad, es una figura hecha con cosas inservibles, nada que ver con los muñecos de cartón que se hacen hoy día, que aunque buscan el mismo fin, ha perdido la esencia, pues a quien se quema no es a un personaje en particular sino a un "Año" (El tiempo) que ha envejecido durante el trence de 12 meses.

En nuestro pueblo existió un hombre llamado Godfredo que todos los diciembres nos obsequiaba el kerosene para la quema del mismo. A Godfredo lo inmortalice en una obra de teatro referido a este tema como "el hombre del kerosene". Hoy se quema con gasolina, al "Año Viejo" de antaño se quemaba con kerosene, el que vendía doña Julia y Mano Esteban a una cuadra de la Cruz de la Misión. Godfredo nos decía: "El muñeco de "Añoviejo" si tiene corazón, muchos no lo creen, pero su corazón es de pólvora, un mortero que se le coloca en el centro y sus venas son trapos deshilachados mojados con kerosene".


Caravana con Año Viejo - Ateneo San José de Bolívar - Año 1993.

En San José de Bolívar se tiene la creencia de que la quema del "Año Viejo" representa la quema de lo pasado, pero ese pasado de cosas malas y así el "Año Nuevo" comience con cosas positivas. Desde que tengo memoria mi señor padre corta una horqueta en la finca de Los Paujiles para hacer el esqueleto del muñeco. El primer "Año Viejo" que hizo Teodosio Jaimes tuvo la particularidad que en las piernas, alrededor de los pantalones le colocó pañuelos de varios colores y en donde iba el corazón llevaba pañoletas blancas que significaban la paz y la armonía de ese nuevo año que Venezuela vivía bajo la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. La cabeza era negra como las que usaban en esa época los disfrazados en el Carnaval. Muchos creyeron que Teodosio Jaimes se burlaba de la gente de color pero ese Año Viejo tuvo otra connotación que sólo años después entendió la gente del pueblo aquel 23 de enero de 1958.



Año Viejo en San José de Bolívar - Año 1994
(Familia Pulido Zambrano - Sector El Topón).


Se debe diferenciar al "Año Viejo" de la "Quema de Judas", muchos consideran que son iguales, que uno proviene del otro, la similitud radica en la quema de lo malo, pero son tradiciones distintas, el muñeco de "Judas Iscariote" se quemaba el domingo de Resurrección en Semana Santa mientras el muñeco de "Año Viejo" se quema el 31 de diciembre.

Esta es una tradición muy bonita, pues por lo común se elabora en familia y se exhibe en la cuadra. Antiguamente el muñeco era acompañado por músicos de cuerda y una comparsa. Se tiene constancia que hay sitios donde hoy día se coloca al lado del muñeco de "Año Viejo" otros personajes simbólicos como la "Viuda", una muñeca con un vestido negro, los hijos, muñecos más pequeños y hacen un testamento, muy parecido al que se le hacía al muñeco de "Judas".



Año Viejo en San José de Bolívar - Año 1994
José Antonio Pulido-Zambrano y los niños de la cuadra.
(Familia Pulido Zambrano - Sector El Topón).


En las aldeas era costumbre llevar al "Año Viejo" montado sobre un burro acompañado de personas disfrazadas, se recorría todo el pueblo con el "Año Viejo" para recolectar dinero para comprar los morteros.

El "Año Viejo" es a nuestra manera de ver en la tradición andina una especie de "Ave Fénix" que busca representar que para renacer hay que volverse cenizas. La incineración del muñeco a medianoche no es casual, es un ritual de purificación para alejar la mala suerte del año que termina. "Como ritual de fuego - escribimos alguna vez sobre esta tradición junto al maestro Efraín Flores - representa la supresión de lo pasado para permitir una regeneración del tiempo y de las energías, pues la quema de un muñeco para cerrar ciclos es común en otras culturas". El "Año Viejo" en el pueblo siempre ha ido acompañado de la tradición del "Toro e candela".



"Año Viejo" y "Toro e´ candela" en San José de Bolívar - Año 1992
Genry Vivas, Héctor Márquez y José Antonio Pulido-Zambrano
(Sector El Topón).


"Toro e candela" en San José de Bolívar - Año 1999
(Familia Pulido Zambrano - Sector El Topón).


"Año Viejo" y "Toro e´ candela" en San José de Bolívar - Año 1992
Genry Vivas y Héctor Márquez.
(Sector El Topón).

Otro posible origen del "Año Viejo" en el Táchira y sobre todo en los pueblos de la montaña alta tiene que ver con una costumbre española, por ser precisos; Vasca, y como es sabido fueron muchas las familias de origen vasco que llegaron en la antigüedad al Táchira y encontraron que los pueblos aborígenes quemaban un muñeco de maíz al cierre del ciclo de las cosechas y ellos traían dentro de su acervo cultural la construcción de un muñeco de madera al que llamaban "Olentzero", que como el "Año Viejo" era construido en días decembrinos, era un personaje navarro de la tradición navideña vasca. El "Olentzero" era un carbonero mitológico que traía regalos de navidad como el San Nicolás, era representado en aquellos paises como un muñeco del tamaño natural de un hombre. Quiza esta tradición y la mezcla con los pueblos originarios dio como resultado el "Año Viejo". 



"Año Viejo" en San José de Bolívar - Año 1992
(Familia Pulido Zambrano - Sector El Topón).


Dos Año Viejos realizados en 1994 en en San José de Bolívar
(Magín Vivas y  la familia Pulido Zambrano - Sector El Topón).


"Año Viejo" del sector El Topón - Año 2014
(Familia Pulido Zambrano).


"Año Viejo" del Sector de El Topón - Año 2014
José Antonio Pulido Colmenares y José Antonio Pulido Zambrano.

Entre los años 1960 y 1980 los "Año Viejos" se realizaban con chamizos para darle forma al cuerpo del esqueleto, luego se rellenaba con hojas de guineo seco hasta darle la forma de un viejo arrugado.



A continuación dejo otras imágenes de esta tradición que reposan en nuestro Archivo particular y que hemos tratado de darle continuidad a la tradición:

AÑO VIEJO 2013















AÑO VIEJO 2015














AÑO VIEJO 2017















AÑO VIEJO 2018




AÑO VIEJO 2019





AÑO VIEJO 2020


AÑO VIEJO 2021


AÑO VIEJO 2022






José Antonio Pulido-Zambrano con Josefa Zambrano quien por más de cincuenta años ha mantenido la tradición del "Año Viejo" en San José de Bolívar, 31 de diciembre de 2022.