miércoles, 21 de junio de 2017

EL PERRO NEGRO DE RÍO AZUL

Por: Salvano Francisconi


Escribir sobre el miedo es fácil, pues el miedo ha estado con nosotros siempre. ¡Claro está que dichas historias ya no se oyen y no hay quien crea en ellas, pues datan de tiempos muy antiguos! 
Hace años visité Laguna de García, en un sitio que recibía el nombre de Puerta Morocha. Allí llegué a la casa de los Márquez  donde vivía Felicita, Leonardo y Benito Márquez, ellos eran productores de habas. Eran gente muy pobre, dormían en cueros y esteras. Yo había llevado mi cobija pues era una zona muy fría. Era la casa de los Márquez una casona grande, inmensa, de corredores.
Laguna de García, no obstante ser una región de singular belleza, no atraía casi visitantes, pues sus moradores eran gente desconfiada creando un tipo racial propio, con estigmas físicos y mentales de degeneración y endogamia, pues se decía que al no permitir gente de afuera había mucho incesto entre ellos.
Otros decían que esa zona tenía un apestoso tufo a perversidad y a asesinatos y se decía mantenían un ritual a un ídolo de piedra relacionado al Diablo.
No puedo asegurar lo que se decía de esta zona, acepte la posada de los Márquez. Al otro día Benigno se fue a La Grita, coincidía mi visita con su partida, luego Benigno se radicaría por siempre en aquella ciudad entregado de lleno al culto del Santo Cristo.
En esas noches de estadía coincidí con Jesús Peñaloza, primo de Emilio y Altagracia Peñaloza radicados en Río Bobo. Jesús vivía en Peña Blanca con sus hijos Antonio, Leandro y Samuel. Ellos me relataron que estaban detrás de un depredador que les había matado una vaquita. Ese día compartí un calentado con aquellos parientes pues mi madre era Carmela Peñaloza. Hablamos de los antepasados, de cosas viejas, recordamos a tío Efraím, a tía Gregoria casada con Tobías Roa, padres de Pío y el loco Carlos. De la belleza de Ninfa Peñaloza, abuela de Victoria y Benigno Márquez allá en Río Bobo. Benigno era padre de Antonio Márquez y Pío Márquez. 
A eso de medianoche escuchamos los aullidos de un perro, salimos al corredor y en la lejanía vimos lo que pareció un perro negro y de sus ojos brotaban carbones encendidos. Por los tragos en la cabeza pensamos que todo era efecto de la noche.
Al otro día debía ir a San José de Bolívar por lo que Leonardo me invitó a que lo acompañare por la selva hasta Río Azul y que de allí subiéramos a San José donde él debía llevar un bulto de habas. 
El viaje a Río Azul fue todo una travesía y nuestras mulas casi ruedan en un barranco. La visita a Río Azul tenía dos intensiones para Leonardo, una entregar un bulto de habas y visitar al amor de su vida, a la india Concepción Aranda, conocida como Concha.
Cual sería nuestra sorpresa cuando aquella noche volvimos a escuchar los aullidos de un perro y más pavoroso para nosotros cuando percatamos que afuera de la casa estaba aquel perro demoniaco. 
"Ese es Mamelú" - dijo Concha mientras nos servía un plato de sanes con aguamiel.
"Es el perro del Diablo, transita por toda esta zona desde que mano Eustoquio quemó Pregonero".
Decían los rioazuleros que como los hombres de la Sagrada habían quemado una capilla en la zona con la imagen del crucificado adentro, aquella zona había perdido la protección de Dios, que por eso la gente acostumbraba a acostarse al deponerse el sol y mañanear bien tempranito para aprovechar al máximo el día.
En la sala que nos quedamos había un altar con muchos santos y estampitas de la virgen.
El perro seguía ladrando en el afuera, por lo que Concha tomó su santo Rosario y empezó a rezar y fue la única manera de que aquel engendro del mal nos dejara tranquilos.
Al otro día, muy temprano emprendimos el viaje a San José de Bolívar.

UN CASO DE BRUJERÍA EN LA ALDEA LOS PAUJILES (Secretos de familia).

Por: Ramona Pulido Parra


Quizás deba iniciar mi historia como el libro "David Coopperfield" de Charles Dickens y decir que yo soy la heroína de mi propia vida y para dar comienzo al inicio de mi vida es decir mi hermosa infancia diré que nací (según consta en mi Acta de Nacimiento y yo creo en eso) en la aldea Los Paujiles, perteneciente al hoy pujante municipio tachirense; Francisco de Miranda. En la partida de Nacimiento dice: "Eufemia del Socorro" pero desde pequeña me apodaron "Ramona" por una hermana de mamá a la cual y que me parecía mucho y así me quedé: Ramona.
Mi padre José Antonio fue mi maestro en el arte de labrar el campo y por ser su hija mayor fui su compañera en varias faenas campesinas y de labranza. Yo viví una niñez muy bonita, en el silencio que nos regala el mundo campesino. Crecí escuchando historias y leyendas de nuestros ancestros, como de que más arriba de la quebrada La Pajuilera aparecían los indios, que esas aguas estaban encantadas, un día me escape por aquellos sitios, no me hallé a ningún indio pero si encontré una piedra cercana a la Quebrada de Los Indios (Aún hoy día así se llama) que esta roca estaba marcada por lineas dispares que representaban animales de la zona, esa piedra se la llevó luego una creciente por allá en el año 1950. 
Siguiendo la ruta de La Pajuilera, aguas abajo, un día mi padre me señaló una falda (por donde hoy queda el Ancianato) y me dijo: 

-En ese sitio me contaba mi papá, su abuelo Domingo, que una familia conocida como "Los Carolinos" habían enterrado a muchas personas que ellos mataban para robarles sus cosas.

"Los Carolinos" en efecto tenía su puesto ganado en la historia de la aldea, eran personas muy malas, varios de ellos habían muerto con un tiro en su pecho. Yo aún pude ver las ruinas de su casa desolada cerca de un torrente de agua que llamaban La Pesa. Esta familia era de apellido Sánchez y se les consideraban en la zona como malhechores.
Yo nunca jugué con muñecas como mis nietas, mi infancia fue trabajo; cocinar con mamá Flor comida para los obreros y llevarles la comida al sitio de trabajo. Y era en los ratos libres que me gustaba hurgar aquellas historias oscuras que abrazaban la aldea.
Los caminos de la aldea no eran como hoy que son carreteras amplias y llenas de luz, en mi época esos caminos eran más bien siniestros y oscuros, tanto así que para donde vivía tío Abraham Parra llamaban a esa zona como "Boca de monte". Los arboles de los bosques eran de dimensiones excesivamente grandes y la maleza, de helecho e hierba alcanzaban a veces una frondosidad que mi primer juguete puedo decirlo fue una machetilla, aparato fundamental para transitar aquellas soledades e ir limpiando la sanja por donde se caminaba.
En esa época los vecinos eran gente muy hurañas y silenciosas. Más allá de mi casa vivían los Contreras, lugar que frecuentaba en las tardes con mamá para llevarles arepas de maíz y ellos darnos frijoles quinchonchos, que mi mamá recibía encantada y luego hacía una sopa que le agregaba tocino y apios. Más allá quedaba la "zona oscura" como la llamaba papá, pues ese sitio había sido la tierra de los "Carolinos" y se creía que los fantasmas de los muertos por ellos transitaban aquellas soledades. En ese sitio tenía su casa Doña María Francisconi y pasando la quebrada y el callejón de "Boca de monte" vivía tío Abraham.
Papá no pasaba mucho a doña María, aunque parecía que era un sentimiento unánime de la aldea. "Esos musiu tienen su cosa mala" - solía decir don José Mora, el medico hierbatero de la aldea, que vivía en el cerro más arriba de mi casa.
Mamá a veces salía al pueblo - muchos años después me enteré que iba a buscar a papá -, y nos dejaba al cuidado del manco Sebastian Contreras, tío de Angela, era un señor probo, no tomaba y para alegrarnos el tiempo cantaba canciones como "La perra baya" y nos decía que arriba donde los Romero habían visto un indio y detrás de él habían llegado muchos zorrokukos, los Romero, decía él, afirmaban que tales pájaros estaban al acecho de las almas de los muertos y que su pavoroso canto sincronizaban con la jadeante respiración de los moribundos. Nunca me gustaron los zorrokukos. 
Por cierto esos días de mi niñez tuvieron un grato regalo cuando mi casa fue solicitada por una maestra de La Grita para dictar clases a los niños de la aldea, y era un pretexto para ver a Angela, Sofía, Josefa, Ana Victoria y mi prima Saturnina. La maestra Virginia era manquita y con ella vimos el primer y segundo grado, con ella aprendí las primeras letras y siempre nos leía poesías de amor. Tercero y cuarto grado ya vi clases en la Escuela en casa de don Teofilo Silva, que decían fue esposo de doña María y allí tuve como maestra a doña Irene Chaparro, hermana de Gilberto y Teotiste. Quinto grado ya los recibí con doña Manuela Paz, ya en el pueblo de San José de Bolívar, tenía yo 14 años y era 1948. Terminó sexto grado en la Escuela Régina de Velásquez con la maestra Ana Matía Mora, hija de don José Mora. Ya primer año lo estudiaría en La Grita, en el Sagrado Corazón de Jesús, esto pasó después del divorcio de papá y mamá, muy comentado en la zona pues era el primero que se daba en la zona. Mamá fue de una u otra manera la primer mujer que lucho por la igualdad de genero en aquella zona. Papá tomaba mucho y quizá ese fue el detonante de que mi familia se dispersara a finales de esa década. En el pueblo que siempre a vox populí se cuenta todo dijeron que la ruptura se debía a un tal Faustino Moreno o Zambrano - esta memoria mía -, que se la pasaba buscando botijas con papá, empezó a sonreirle a mamá, pero lo de papá y mamá tiene un nombre, el chisme le hecho la culpa a Faustino, pero el verdadero culpable se llamó: El miche. 
A los 19 años fui buscada como maestra interina, pues sabían de mi servicio pedagógico por haberle sido suplente a la maestra Irene, por lo que fui llamada a dar clases en La Florida - y el mundo es pequeño, un pañuelo -, fui llamada como interina pues un tigre de monte se había comido a la maestra de aquella aldea y cual sería mi sorpresa al saber que aquella maestra era la manquita Virginia.   
Regresando a la "zona oscura", era de los pocos sitios que me gustaba visitar, pero mamá a veces insistía y yo tomaba a mi hermana Antonia y iba a llevarle a doña María arepas de maíz y cebollas. Doña María era muy peliona, tenía muy mal genio y una voz muy chillona. La recuerdo aún como si fuera hoy, era una mujer grande y corpulenta, parecía que tenía bigotes, pero no era así, era un bello sombreado que le caracterizaba. En la aldea decían que ella era una bruja, pero eso lo contare en su momento, pues para hablar de esa historia primero debo hablar de como los Parra llegaron a la aldea.
Los Parra que llegaron a la aldea Los Paujiles eran de la Grita, mi padre José Antonio en esos viajes a la ciudad que grita su silencio conoció a la hermosa Flor María, el iba con uno de sus hermanos a vender en el mercado una cebolla que había cultivado.
Cerca de la iglesia donde esta el Cristo Milagroso vio pasar tres hermosas damas, él pregunto y le dijeron "esas son las Parras". Luego papá visitó ese hogar y vistiendo su mejor liqui-liqui habló con el abuelo Dolores y con la abuela Bonifacia Belandria que eran oriundo de la aldea los Mogotes, Aguas Calientes y Tadea. El abuelo Dolores era un hombre muy alto, blanco, buen mozo y la abuela Bonifacia era más bien pequeña, algo morena. El abuelo Dolores había sido amigo del abuelo Domingo y eso bastó para que papá siguiera cortejando a mamá. Mamá tenía varios hermanos, como tío Abraham que era el mayor, tía Elvia que se casó con don Jesús Contreras, tío Pedro que no dejó hijos, Oliva y Mercedes eternas solteronas del pueblo de La Grita, Socorro que casó con un tal José Márquez y murió de parto con el niño; y tío José que fue casado con la señorita Rosa Duque.
Por parte del abuelo Dolores Parra, tuvo otros hermanos, entre ellos Domingo y Cornelio que vendían leche en la plaza de La Grita, Cornelio era un hombre bajo y muy blanco. Otro hermano era Hermeregildo, alto como el abuelo Dolores pero de tez morena, muy enamorado y parrandero; y Aurelio Parra quién me contaba papá habia matado al hijo por dejar ahogar una mula.
En uno de esos viajes papá se trajo a tío Abraham que quería comprar unas tierras y fue así como conoció a tía Leonor.
Josefa Leonor Zambrano era hermana de don Vicente, que vivía más arriba de "Boca de Monte". Y así como papá se casó con mamá y se la trajo para la aldea, así tío Abraham desposo a tía Leonor.
Del matrimonio de papá y mamá yo soy la mayor, me sigue Antonia, luego Rosa, Tulio, Pedro y Socorro. Hubo otro hermano que murió antes de tiempo y por estar muy lejos del cura papá le bautizo y le enterró en la sala de la casa, muy cerca de la cocina porque así lo quiso mamá. 
Papá siempre me dijo que ese niño era un ángel que siempre le acompañaba a todas partes.
Ahora sí, terminemos este cuento. ¡Claro que sí, si hubo brujas en Los Paujiles! O al menos eso dice el chisme de la gente, yo era muy pequeña cuando esto ocurrió pero en la aldea se dijo lo siguiente cuando trajeron el cadáver del tío Abraham:

"Decían que la vieja María Francisconi le había echado un sapo en la barriga a Abraham, por lo que tío Abraham fue llevado a Lagunillas a verse con un médico hierbatero de los indios de ese lugar, este le reviso y le dio un brebaje y Abraham -cuentan los que lo vieron -, empezó a vomitar un sapo lleno de pelos. El médico dijo que una bruja muy poderosa le había hecho un encanto. Tío murió en Lagunillas, iba con su hijo Teresio y lo trajeron a Los Paujiles en un ataúd de madera, recuerdo el cuadro fúnebre, con mucha gente a caballo".

sábado, 17 de junio de 2017

KENIKEA

Por: Horacio Moreno
Historiador tachirense
Centro de Historia del Estado Táchira


Queniquea (Foto: Taringa.net)

A doña Ligia de Molina con deferencia.

La tierra roja de los antiguos Kenikes está situada en las estribaciones meridionales de la Sierra de Callejón Colorado que la separa de El Cobre, a una altitud de 1597 metros y disfruta de una temperatura media de 18º.
Aún guarda su nombre indígena en una evocación de su pasado.
Cuando los descubridores y encomenderos llegaron a los dominios de los Kenikes se distrajeron en la contemplación de sus campos cultivados.
Casi siempre, oteando desde las alturas, un centinela kenike avisa a los demás miembros de la tribu, la aproximación de gentes extrañas o los mensajeros cargadores de sal. 
Sobre la meseta recostada entre cerros altivos, se levanta la población de Queniquea.
Nubes y nieblas saludan sus actividades agrícolas y pecuarias.
Diríase que no se detienen sino que deleitan el paisaje azul y las umbrías boscosas intercaladas en la tierra roja.
Nuestra Señora del Rosario de Kenikea, nombre de la Virgen del Rosario llevada por los primeros pobladores que levantaron la capilla para el culto católico.
Los censos levantados en 1827 y 1873 dieron 435 y 2318 habitantes respectivamente.
A continuación ofrecemos copias de los Decretos Oficiales que elevaron a Cantón con la denominación SUCRE a la parroquia de Kenikea.

LUIS LÓPEZ MÉNDEZ
Gobernador, Jefe Político de la Provincia del Táchira
Considerando:
1º Que la gran extensión de territorio de las parroquias "Pregonero", "San Antonio de Caparo" y "Queniquea", i la distancias que las separa de la ciudad de La Grita, capital del Cantón a que pertenecen, ofrece obstáculos casi insuperables para la marcha regular de la administración.
2º Que dichas parroquias tienen los elementos necesarios para ser cantón.
3º Que es un deber de la autoridad dictar todas aquellas medidas que tiendan al adelanto i progreso de los pueblos.

DECRETO
Art. 1º. Se erijen en canón con la denominación de "Sucre" las parroquias de San Antonio de Caparo, Queniquea i Pregonero que, con el nombre de "Libertad" se designa como parroquia cabecera.
Art. 2º. Los límites del cantón "Sucre" serán los de las parroquias que lo componen.
Art. 3º. Por decretos especiales se proveerá a la organización del Cantón "Sucre".
Art. 4º. Dese cuenta de este Decreto a S. E. El Jefe Supremo; comuníquese a quienes corresponde; i publíquese en la Revista Oficial.
Dado en San Cristóbal, a 11 de abril de 1862.

LÓPEZ MÉNDEZ
Por SS.- El Secretario de Gobierno.
J. A. BALDO
Es copia. BALDO.

Debiendo proceder a la organización del Cantón Sucre,

DECRETO
Art. 1º. Nombro al Señor Nazario Carrero, Jefe Político del Cantón a los Señores Antonio Corti, Manuel Carrero, Juan Andrés Pérez, Fernando Guerrero, Joaquín Pérez i Rafael Valero miembros del I. Concejo Municipal; al señor Ramón Carrero, Administrador de Rentas Municipales; al señor Lorenzo Orozco, Administrador del Correo al señor Miguel Méndez Rejistrador.
Art. 2º. El Jefe Político del Cantón Sucre cumplirá inmediatamente las atribuciones que le señala el Decreto de S. E. el Jefe Supremo de fecha 29 de Enero último sobre organización del réjimen municipal.
Art. 3º. El Concejo Municipal presentará a la Gobernación lo más posible las ternas que manda formar el Decreto de S. E. el Jefe Supremo, fecha 13 de Febrero próximo pasado sobre organización del Poder Judicial, a fin de hacer las elecciones de los empleados de aquel ramo.
Art. 4º. Dese cuenta a S. E. el Jefe Supremo, comuníquese u publíquese en la Revista Oficial de la Frontera.
Dado en San Antonio, a 17 de abril de 1862.

LUIS LÓPEZ MÉNDEZ

El Secretario.
J. A. BALDO

Comando de la Revista Oficial de la Frontera.
Archivo General del Estado.

Tomado de Diario Católico, martes, 8 de febrero de 1883.

MOVIMIENTOS SISMICOS EN SAN JOSÉ DE BOLÍVAR

Por: José Antonio Pulido Zambrano
Individuo de Número de la Academia de Historia del Estado Táchira 

San José de Bolívar ha vivido movimientos sísmicos que han marcado su historia, esto lo traemos a colación por el temblor de anoche 16 de junio del 2017, cuando vivimos el sacudón como dicen los abuelos. El hecho se registro a las 10:39 pm., y según el reporte de Funvisis tuvo una magnitud de 3.8.
Lo cierto fue que se movieron las casas, parecía como si un gusano gigante hubiese pasado por debajo de ellas. La gente salio a la calle haber que no hubiese pasado algo peor, y las mujeres decían: ¡Gracias a Dios no fue tan fuerte!
La gente empezó a llamar a aquellos familiares que vivían en San Cristóbal, luego se supo que el epicentro había sido la ciudad de La Grita.
Dejamos para la historia lo que publicó Funvisis:


San José de Bolívar tiene en su Archivo Histórico que el primer temblor que se recuerda sucedió el 28 de abril de 1894, que fractura la torre de la primera iglesia y algunas casas.
El 30 de junio de 1930 la población vuelve a vivir un movimiento sísmico que lanza al piso la torre de la iglesia y varias casas por la parte de la calle Páez.
El 21 de abril de 1957 vuelve a darse un temblor en el pueblo, que lanza por el piso la iglesia en su totalidad y varias viviendas de la comunidad quedan colapsadas. Por este motivo se construye un Tambo improvisado para recibir la palabra de Dios.


Tambo donde se dieron las misas en San José de Bolívar luego del Terremoto de 1957.-

jueves, 15 de junio de 2017

AVIFAUNA RIOBOBERA (LAS AVES EN EL MUNICIPIO FRANCISCO DEMIRANDA).

Por: José Antonio Pulido Zambrano
Individuo de Número de la Academia de Historia del Táchira.

El municipio Francisco de Miranda, capital; San José de Bolívar, es un lugar mágico donde se puede disfrutar de una gran variedad de esparcimiento, y uno de ellos es el maravilloso arte de observar aves silvestres.Uno de los primeros que se encargó de dar una clasificación desde un punto de vista cientifico del aves de este pujante Municipio fue el profesor Horacio Moreno en su magnífica obra Monografía de San José de Bolívar (1982). Transcribo la investigación del profesor Horacio Moreno a continuación:

CLASE II: AVES

ORDEN: CATHARTIFORMES
FAMILIA: Catartidas.

Rey de los Zamuros..........Sarcohanphus papa.


Zamuros..........................Coragips atratus



ORDEN: FALCONIFORMES
FAMILIA: Accipitridas

Gavilán palomero.............Micrastur zanothorax


ORDEN: GALLIFORMES
FAMILIA: Cracidas

Guacharaca......................Ortalis rificauda


Pava de monte..................Penélope purpurascens


ORDEN: ODONTOFORIDAS

Perdiz...............................Colinus cristatus


ORDEN: COLUMBIFORMES
FAMILIA: Columbidas

Paloma turca o rabo blanco......Leptotila verrauxi


ORDEN: PSITTACIFORMES
FAMILIA: Psitacidas

Periquitos.............................Forpus passerinus


ORDEN: STRIGIFORMES
FAMILIA: Titonidas

Lechuzas..............................Buho virginiana


FAMILIA: Troquilidas

Colibríes..............................Lophormis ornatus


ORDEN: PICIFORMES
FAMILIA: Picidas

Carpinteros.........................Dryocopus lineatus


SUB-ORDEN: PASSEROIDEA
FAMILIA: Hirundinidas

Golondrinas........................Progne chalybea
 (Archivo Pinterest - Tomado acá con fines didacticos).-

FAMILIA: Trogloditas

Cucaracheros.....................Troglodytes musculus

FAMILIA: Mimidos

Paraulatas..........................Mimus gilvus


Gonzalitos..........................Icterus nigrogularis

Turpial................................Icterus Icterus


FAMILIA: Traupidas

Azulejos..............................Thraypis episcopus


Para seguir divulgando en nuestros niños el amor por el pueblo de San José de Bolívar, a continuación reproducimos con un fin netamente didactico las imagenes las Aves pintadas por el artista Walter Arp que representan en mundo de la Avifauna riobobera. Walter Arp fue un artista integral, lo conocí por el amor del profesor Horacio Moreno hacia este arte, fue Arp un artista cabal, un hombre probo, de una fina sensibilidad cultural para exaltar en sus obras la belleza de los pajaros que anidan en nuestros bosques. Espero y disfruten tanto como yo de estas exquisitas piezas de arte.

Aguaitacamino.-

Arrendajo.-

Azulejo.-

Cabeza de Lacre.-

Cardenal guamero.-

Carpintero.-

Colibris.-

Curruñatas.-

Gavilan Macagua.-

Gonzalito.-

Guacharaca.-

Gualdivia (Gavilan arrastrador).-

Halcon Primito

Lechuza o Zorrokuko.-

Moriche blanco.-

Paraulata de Agua.-

Paraulata negra.-

Paujil.-

Perdiz.-

Periquitos.-

Pichon de montaña.-

Turero.-

Turpial.-

Verdin Negro.-

domingo, 11 de junio de 2017

AGUSTÍN MÉNDEZ, UN SANTO PARA EL TRABAJO

Personajes de San José de Bolívar:
AGUSTÍN MÉNDEZ, UN SANTO PARA EL TRABAJO

Por: Juan Francisco Santos Gutierrez
Presbítero de San José de Bolívar (1977 - 1981)


Agustín Méndez (Archivo Lubín Pulido).

Aquí en San José de Bolívar  todos somos un poco santos. Aunque a veces hagamos nuestra santísima voluntad: que si es "santísima" me temo no tenga nada de santa.
Pero creo que los fieles de Capadocia, Corinto y Colosas, a los que San Pablo llamaba "santos", no distaban muchos kilómetros espirituales de los fieles rioboberos. Es mi opinión particular.
A pesar de todo, hay grados en esto de la santidad. Desde el puro barniz y ligero aroma, hasta el obtenido con bondad de oro macizo y de altos quilates, de esos que quedan todavía, aunque otra cosa proclamen las lenguas pesimistas y detractoras.
Y dentro de esa gama de santos en mayor o menor escala, las hay para todos los gustos y colores.
Así el señor Agustín Méndez es un santo para el trabajo. Su figura somática parece tiene algo de relación con los arcángeles de la pintura clásica y con el San Isidro Labrador de las imágenes ingenuas y policromadas de las iglesias rurales.
En Agustín el trabajo se hizo bondad y la bondad trabajo. No sabe leer ni escribir, tiene su lógica particularísima pero a fuerza de acariciar y dialogar con la tierra, le ha encontrado toda la fuerza maternal y fecunda y le pone a vibrar con cada puñado de semillas y goza interpretando surcos con sus manos, como un Alirio Díaz con su entrañable guitarra.
Agustín es un poema de cerca en su cara y de fuego productor en su corazón.
Cien agustines más en San José de Bolívar y le sacaríamos la lengua a los pueblos más pintados en agricultura, y cien mil agustines esparcidos por la geografía venezolana y esto sería el nuevo Israel de América, como para exportar por torrentes lo que ahora tenemos que importar con vergüenza.
Agustín Méndez no conoce huelgas, contratos colectivos ni sindicatos. Aunque simpatice con algún partido político, no chantajea su voto ni pide nada a cambio.
Agustín cree firmemente en su Dios y acepta el precepto del trabajo como un deber y un honor en las filas del servicio humano.
Porque Agustín es, por encima de todo, un servidor. Humilde y tímido más que un niño. Esquivo por consecuencia de su intimidad, de su introversión, que él compensa dialogando y dialogando con su ángel consejero mientras trabaja.
En resumen: si algún día se le antoja al campesinado de estas tierras fabricarse un nuevo San Isidro con bigotes, yo no tendría reparo en cederle una fotografía de Agustín Méndez para inspiración del imaginero.
Porque Agustín, por encima de sus santos olores de sudor y polvo, trasciende con fragancia de trabajo serio, responsable y honrado y eso hoy día, en los tiempos que corren, nos suena a verdadero "olor de santidad".

Tomado de: Horacio Moreno. (1982). Monografía de San José de Bolívar. Editorial Antares. Bogotá. Pp.359-360.   

sábado, 10 de junio de 2017

LAS METRAS, JUEGOS DE ANTAÑO DE SAN JOSÉ DE BOLÍVAR

Por: José Antonio Pulido Zambrano
Individuo de Número de la Academia de Historia del Táchira


Niño tachirense jugando al Triangulo con metras.
(Foto Archivo Fundación Pulido)

En épocas pasadas nuestros niños tenían otra manera de divertirse. Uno de estos juegos de forma tradicional era con metras (bolitas de vidrio de colores o blancas llamadas Maras), estas eran impulsadas con los dedos de la mano hasta pegarles a la de otros competidores.
Este juego consistía en pegar o "golpear" una contra otra en una determinada distancia y según el tipo de competencia. La mayor parte de los juegos de metra exige el contacto directo con la tierra.
Los niños se reunían en la tarde en la calle de la cuadra y marcaban un triangulo sobre la tierra donde se colocaban la cantidad de metras acordadas por cada participante. Luego para saber el orden del juego se traza una linea a cierta distancia que sirve de punto de partida para realizar otra linea y cada jugador lanza su metra y quien se acerque más a la segunda linea será el primero en lanzar y así de manera sucesiva.


Juego del Triangulo (Foto archivo: Fundación Pulido)

En San José de Bolívar, capital del municipio Francisco de Miranda - Táchira, Venezuela posee las siguientes modalidades impuesta por los niños de esta comunidad:

- El juego del Hueco; esta variedad ludica consiste en tratar de meter la metra en un hoyo, quien acierta recibe de cada jugador una metra por premio. Se lanza a una distancia demarcada en aceptación de los jugadores.

- El juego del Castillo; consiste en poner cuatro metras en forma triangular como si fuera la torre de un castillo. Los jugadores se apostan a una distancia prudente detrás de una raya de donde cada jugador debe lanzar su metra, él que tumbe el castillo se gana las metras, por lo que debe ser un juego entre dos o cuatro jugadores. Gana quien tumba el Castillo y aquellos que no lo logran deben esperar un nuevo turno si acaso no es derrumbado por otro jugador antes.

- El juego del Triangulo; este consiste en dibujar un triangulo en la tierra con una varita, en dicho triangulo cada uno de los jugadores deberá colocar una metra dentro del triangulo y después de seleccionar los puestos del turno se intenta sacar la mayoría de metras por participante, quien al final logré sacar la mayor cantidad de metras resulta ganador y por ende gana la cantidad de metras aportadas por los jugadores dentro del triangulo.


El juego de metras, una tradición de antaño en San José de Bolívar.

Categoría: Juegos de Antaño.