jueves, 16 de mayo de 2013

LA PARRANDA DE LOS NEGROS - TRADICIONES DE SAN JOSÉ DE BOLÍVAR

José Lubin Pulido Chaparro


Así como el pueblo ha sido católico, ferviente en la fe, se han colado otras tradiciones de corte pagano, pero que el sincretismo religioso ha permitido para tener a todos contentos, una de estas fiestas es La parranda de los Negros. Ya en la década de los cincuenta, siendo un niño esta parranda era todo un acontecimiento y mi hermana Alba tenía que abrazarme para que no se metieran conmigo. A uno de niño “los negros” le provocan mucho pavor. El riobobero ha sido desde siempre costumbrista y folclórico, más no tengo claro los orígenes que la motivaron, pero sus raíces deben ser africanas, ya en Queniquea en 1808 se da la noticia de la muerte de la esclava Rita, y por voces de la oralidad, este evento era una forma de libertad que los amos daban a sus esclavos, y así como nació el carnaval, es posible el origen de esta parranda, ya que es un juego de disfraces para burlarse del otro. La parranda de Negros, se realiza entre el 16 de diciembre y el 6 de enero, día de Reyes. Se les llama Negros por el atuendo que se colocaban, una careta construida de cartón, pintada con carbón de leña molido; dejando espacios para los ojos y la boca. La parte que representa las mejillas y el alrededor de la boca eran pintadas con achote o de color morado de la fruta del musne[1]. La finalidad de la máscara y el cambio de voz, es esconder la identidad de la persona; que en nuestro pequeño poblado son por demás conocidos. Los Negros, así llamados, constituyen un grupo conformado: por un hombre y una mujer, que hacen las veces de esposos, disfrazados, quienes llevan una muñeca de trapo de fabricación casera, la cobijan en sus brazos como si se tratare de una hija. Con la muñeca pretenden engañar a los pueblerinos, aparentan que está enferma, tiene hambre, necesita comida y dinero para comprar medicinas. Si los parroquianos acceden a los pedimentos, suelen dar pequeñas porciones de arroz, arveja, guineos; en algunas ocasiones, animales de patio: gallinas, pavos o algún marranito. Demuestran con patrañas, que la hija mejoró y dan “gracias” o “un Dios les pague” por lo recibido. Otro parroquiano, disfrazado de mujer joven, con algún vestido un tanto escotado y corto, tratando de mostrar sensualidad femenina representa a La Novia. Tres o más hombres llevan vestimenta de policías de la época gomecista, disfraz que fabrican con guinchos de plátanos y se los colocan a manera de correajes, llevando consigo espadas de madera. La parranda consiste en el robo de la novia por alguien de la comunidad, seguido a esto, los policías corren detrás del ladrón para recuperar a la novia, tratando de castigar con planazos muy suaves a quien pretende llevársela. La novia cuando ve algún joven cerca lo agarra y trata de demostrar que la está robando. El jovencito maniobra para soltarse, pero la novia lo sujeta, los policías corren y asustan al muchacho que al final sale riendo del ardid.


En la familia de los Negros van algunos jóvenes disfrazados que cuidan a la novia y piden ayudas para la desamparada niña enferma. Los Negros recorren el poblado, visitan casas y bodegas, suelen ir por los campos. Con los víveres que obtienen y las gallinas, hacen tremendos sancochos. Los adultos acompañan esta festividad con aguardiente que les alegra y terminan en bailes, de allí el nombre de parrandas de Negros. Los que se disfrazaban de negros, en su mayoría eran habitantes de El Topón, entre quienes recuerdo a: Elio Pernía, Hernán García, los hermanos Evangelista, Pablo, Román y Eduardo Vivas; y los hermanos Agapito y Teodosio Escalante. 

Fuente: Memoria de agua, barro y café. Autor: José Lubin Pulido Chaparro (2013). Biblioteca de Autores y Temas Rioboberos. Nº 1

[1] Con este nombre se conocía al cardamomo en San José de Bolívar.

BREVE HISTORIA DE LA ESCUELA TECNICA AGROPECUARIA ROBINSONIANA SAN JOSÉ DE BOLÍVAR

*José Antonio Pulido Zambrano
Individuo de Número de la Academia de Historia del Táchira



La pedagogía en San José de Bolívar comenzó desde el hogar, cuando familias en éxodo interno llegaron a las tierras de Río Bobo procedentes de La Grita, Queniquea, Pregonero, Bailadores, Guaraque, entre otros lugares y con los años se fundaría San José de Bolívar. El primer maestro del que se tiene noticias en San José de Bolívar fue el Bachiller Félix Román Duque como maestro itinerante y luego fundaría un Colegio en los predios de la plaza Bolívar a finales del siglo XIX. Luego vendría la fundación de Escuelas de Varones y Niñas, llevando con el tiempo a fundar la Escuela Federal Graduada "Regina de Velásquez" bajo la conducción de la maestra Ana Manuela Paz.




Bachiller Felix Román Duque, primer maestro de San José de Bolívar


Ana Manuela Paz de Pulido

Con el tiempo esta comunidad avizoró otros horizontes, y estando en el Ministerio de Educación en Caracas el profesor Pedro Contreras Pulido abogó para que la población de San José de Bolívar contara con una institución que brindara los estudios de secundaria a la juventud que tanto lo añoraba.


Profesor Pedro Contreras Pulido
Fundador del Liceo de San José de Bolívar

Pues en esta época aquellos que salían del sexto grado y querían seguir estudios debían irse a San Cristóbal al Liceo Simón Bolívar, a La Grita al Liceo Militar Jauregui, o al Seminario Santo Tomás de Aquino. Otros se aventuraron más lejos, a otras ciudades: Maracaibo, Barquisimeto, Valencia y Caracas. La mayoría de los jóvenes se quedaban sembrados en su tierra matria por la falta de recursos económicos dedicándose a esa otra universidad que es el campo, única oportunidad para sobrevivir en aquella época.


Como hemos señalado, un grupo de vecinos, nativos de la zona, tenían en sus corazones la preocupación por el devenir de sus hijos, comenzando a buscar una solución para traer una institución para cursar el bachillerato. El destino es extraño, quiso este que empezando la década de los 70, siendo Vice-Ministro de Educación el profesor Pedro Contreras Pulido, por Resolución de dicho Ministerio y gracias a la anuencia del doctor Rafael Caldera, Presidente de Venezuela en estos momentos, se fundó en esta comunidad la institución tan anhelada, con el nombre de "Liceo Nuevo San José de Bolívar". Años más tarde pasaría a denominarse "Instituto Ciclo Básico San José de Bolívar".


El Presidente Caldera condecora a Rodolfo Cárdenas,
con ayuda de Pedro Contreras Pulido, le observa Ramón J. Velásquez. 31-01-1971

Se decreta la fundación del Liceo, pero no había planta física en esos tiempos para albergar el proyecto, por ello el Liceo San José de Bolívar inicia sus labores en casas de familias ubicadas alrededor de la plaza Bolívar, entre ellas se puede citar: Casa de doña Teotiste Chaparro, casa de Marcos Mora, casa del señor Eutimio Zambrano, casa del señor Rafael Zambrano, un Salón en la Casa Parroquial que cedió el padre Carlos Restrepo, Salón de Usos Múltiples de la Escuela Básica Regina de Velásquez. Comenta el Profesor Heriberto Roa Montilva que uno de los docentes fundadores, profesor Arecio Mora, le comentaba que para iniciar y culminar la hora de clase se usaba una campana de la iglesia que se escuchaba con claridad en las casas antes citadas.
Se realizan los trámites para la construcción de la sede propia, en terrenos que vendiera para tal fin el señor Rubén Santander Morales por la cantidad de 10.000 Bs., y en el año 1974 se terminó la edificación en el sector Las Trinitarias, gracias a las gestiones de la Directora de Educación del Estado de ese momento: Doctora Emilcy Zambrano Peñaloza.


Sede del Liceo construida en 1974

Muchas son las promociones - recuerda el profesor Heriberto Roa Montilva - que de aquí han egresado como Bachilleres en Ciencias y Técnicos Medios en Agropecuaria: Mención Fitotecnia, que luego han continuado sus estudios de Nivel Superior en Universidades Nacionales y también del extranjero, siendo en la actualidad excelentes profesionales que ejercen funciones en diferentes instituciones y organismos respectivos.


Profesores: Arecio Mora, Eleuto Peñaloza, Dr. Fredy Fuentes. Señoritas:
Sonia Andrade, Neira Guerrero (Reina), Benecdicta González y Magdalena Duque.

Otras denominaciones que se le han dado a esta Institución, además de las ya mencionadas son: Ciclo Combinado San José de Bolívar; Unidad Educativa Nacional San José de Bolívar; Escuela Técnica Agropecuaria San José de Bolívar; y en la actualidad lleva el nombre de Escuela Técnica Agropecuaria Robinsoniana San José de Bolívar. Su primer director fue: Gilberto Labrador. Luego le seguiría Sergio Tulio Peña, Augusto Timoleón Vega Galvis, José Eleuto Peñaloza, Gilberto Guerrero y Celina Roa de Martínez.


Augusto Timoleón Vega Galvis
Tercer director del Liceo de San José de Bolívar


En la imagen que antecede aparecen los profesores Arecio Mora, Enrique Nucete, Juan Peñaloza, Carlos Julio Rivera, Roger Cardozo, Virgilio Bayona, Eleuto Pezaloza, Orlando Santamaría, Pbro. Juan Francisco Santos, Gilberto Guerrero, Manuel Hernández. Bachilleres: Luís Chacón, Carmensa, Ángel Mora, Teresa Duque, Magdalena Duque, Rosa Elena, Ernesto Benitez, Fredy Molina, José Ramón Carrero, Zulay Rosales, Elisa Benitez, Miriam Benitez, Omaira Escalante, Arquímedes, Armando Duque, Luís Eduardo Carrero.


En la imágen que nos antecede Promoción de Bachilleres en Ciencia "Alba Pulido de Bracamonte". Año 1980 del Liceo San José de Bolívar con: Eva Cárdenas, Gilberto Zambrano, María Jaimes, Lucinda Urbina, Argenis Elías Vivas Becerra, Félix Inocencio Peñaloza Moreno, Sergio Sierra Olejua, José del Carmen Guerrero Jaimes, Marina guerrero, Antonio Bustamante, Neófito Vivas, Sergio José Mora Zambrano, Samuel Díaz y Ciro Humberto Pérez Parra.

Señala Omar Pérez Parra que "la primera promoción de bachilleres en Ciencias egresó en 1976 y para 1979 se funda la especialidad de Agropecuaria y su primera promoción egresa en 1982. Por esta escuela han pasado grandes Directores tales como: Sergio Tulio Peña, Eleuto Peñaloza, Gilberto Guerrero, Celina Roa de Martínez, Rigoberto Lozada, Heriberto Roa Duque, siendo este el único egresado de esta casa de estudios que ocupó el cargo de Director, además Efrain Vivas. Profesores tales como: Arecio Mora uno de los profesores fundadores, Manuel Hernandez, Efraín Guerrero, Manuel Suescum, Edgar Bolívar, Roger Cardozo, Ruben Darío Delgado, el padre Juan Francisco Santos, Heriberto Roa Duque, Gerardo Zambrano, Jorge Jaimes, Humberto Rubio, Edgar Vasquez, Orlando Mendoza, Damariz Díaz, Argenis y Willian Becerra. El personal Administrativo como Josefina Pulido Francisconi, su primera secretaria, además de Cira Conde. Personal obrero como Pedro Pulido, su primer bedel, al lado de Ulises Moncada, Hernán Escalante, Coromoto Vivas En la actualidad - señala Omar Perez Parra - la Institución cuenta con una superficie de 2,5 hectáreas en donde se encuentran ubicadas las aulas, lo laboratorios de Química y Biología, la Biblioteca, las oficinas del personal administrativo y el comedor, además cuenta con 2 canchas deportivas y un área para el desarrollo de proyectos productivos como galpones de pollos y gallinas ponedoras, para la cria de porcinos, tractores, así como también el área de siembra y producción. Esta casa de estudios ha sido eje fundamental en la formación de estudiantes que ahora son grandes profesionales los cuales se encuentran desempeñado y con eficacia y eficiencia las funciones por las labores que les fueron asignadas. Valla para esta casa de estudios un mensaje de motivación que sigan en la lucha de formar los baluartes del hoy y del mañana que es lo que nuestra patria necesita.

PROFESORES INOLVIDABLES DEL LICEO SAN JOSÉ DE BOLíVAR


Alfredo Alí Morales, 
docente de la cátedra de Historia de Venezuela de 4º Año


Gerardo Zambrano Rojas, 
docente cátedra de Castellano y Literatura de 1º a 3º  Año


Heriberto Roa Montilva, profesor de Geografía y Ciencias de la Tierra,
así como Cátedra Bolivariana


Manuel Fernández, profesor de Biología y Coordinador de Básica


Orlando Mendoza, Orientador


Rogel Augusto Cardozo Araque


Ruben Darío Delgado Pinto, docente de Matematica



NOTA. Este artículo aún esta en construcción. Cualquier dato sobre esta historia favor enviarla al e-mail: Rosayespinas@hotmail.com

sábado, 20 de abril de 2013

PROTAGONISTAS DE LA REVISTA ENSAYO - SAN JOSÉ DE BOLÍVAR 1976 - 1981


Argenis Elias Vivas Becera, Sonia Ines Santander Pulido, Gilberto Eloino Zambrano Rojas, Lucinda del Carmen Urbina Colmenar, Ana Jaimes (+) y Ciro Humberto Pérez Parra.

Cuando el padre Juan Francisco Santos arribó a San José de Bolívar a finales de 1976, venía cargado de entusiasmo, espiritualidad y una gran vocación de servicio, venía de participar en una experiencia pastoral en un pueblito de Mérida llamado “Belén”, en donde había fundado, con un grupo de jóvenes, una revista llamada 2000. Venía, además, con una enorme expectativa sobre lo que le podía deparar ese pueblito tan pequeño, retirado de San Cristóbal, con una carretera de tierra que se perdía como una enorme serpiente entre la neblina y del que tan elogiosamente se había expresado Monseñor Fernández Feo, cuando le dijo: “Mira Juan Francisco, no es la parroquia que yo hubiera querido darte, pero es la parroquia donde yo hubiera querido estar, si no por lo menos haber nacido allá. Yo hubiese querido haber nacido en San José de Bolívar. Me gusta mucho ese pueblo”.
Llegó a San José de Bolívar en un trajinado Maverick, un día en que irradiaba un esplendoroso sol de montaña; los feligreses lo recibieron con regocijo, como siempre han recibido a todos los sacerdotes que llegan al pueblo. Sin embargo, Juan Francisco resultó ser un sacerdote especial, desde ese mismo momento mostró una gran bondad para desempeñar el oficio sacerdotal, una humildad que no era fingida, sino que se desprendía de su personalidad de manera espontánea, así como una vocación de servicio inagotable y sin límites. A los pocos días se compenetró con los cristianos devotos de la comunidad, con los señores y señoras que regularmente iban a la iglesia, pero no se conformó con atender espiritualmente a los que asistían siempre a misa, sino que empezó su misión pastoral estableciendo vínculos con todos los miembros de la comunidad y, en especial con la juventud, su mayor preocupación y desvelo. 
La juventud ocupó un lugar destacado en las prédicas dominicales, a nosotros se dirigía siempre en un lenguaje sencillo y claro, apoyado en ejemplos, en vivencias propias y con un toque de humor ligero e inteligente, que le permitía rápidamente conectar con sus oyentes. Nunca se le oyó amenazar con el infierno y el purgatorio u ofrecer a cada momento el cielo como justa recompensa al que se portara bien. Mostraba caminos y orientaba con palabras sabias sobre los temas de la vida: el amor, el perdón, la justicia, la libertad, la bondad con sus semejantes e insistía en que la educación era el camino que los jóvenes de una comunidad agrícola, perdida en el mundo, donde prácticamente sólo llegaba la radio, tenía para progresar y avanzar en la vida.
El Padre Santos llegó a San José de Bolívar, como le dijo en una de sus últimas entrevistas al joven historiador José Antonio Pulido, con la pasión de la escritura “como una necesidad de vida”. A los pocos meses, ya había puesto a circular una revista sencilla: Ensayo, casi rudimentaria, impresa en un viejo multígrafo, que nos la dio para que la vendiéramos en la iglesia un domingo de marzo del año 77, a un costo de medio y que rápidamente se agotó. La revista nació como una “publicación juvenil, diseñada para el entretenimiento y la siembra de inquietudes”.
Juan Francisco Santos

En el editorial del primer número, define  “la criatura” que estaba naciendo: “ENSAYO, como su nombre lo indica, es intento, entretenimiento, oportunidad de superación”. Y continuaba definiendo su orgullosa criatura: “No hace falta repetir que “ENSAYO” quiere ensayar, cortar de raíz el orgullo. Pero no con menor firmeza “ENSAYO” quiere liberar - ojalá lo consiga- del pecado de la pasividad”.
Y vaya que lo consiguió, muchos jóvenes que habíamos colaborado vendiendo el periódico, por la insistencia del padre, comenzamos a emborronar cuartillas y a presentarle uno que otro texto que con amabilidad y paciencia revisaba: corregía ortografía, aclaraba frases y las transformaba en colaboraciones publicables.
Las sucesivas camadas de jóvenes que incentivó a escribir y que colaboramos con él en una diversidad de temas fueron siempre uno de sus grandes orgullos. Nunca rechazó un texto por problemas de escritura, si había fallas, él las ayudaba a solventar, nunca impuso una línea editorial y jamás permitió que las diferencias políticas, propias de la comunidad, trascendieran al ámbito de la revista.
En los editoriales de los 15 números, en las “Crónicas de San José de Bolívar” firmadas por “Cronicón”, en  el “Semáforo” y en el “Consultorio Sentimental”, se reflejan las vivencias y los principales acontecimientos de estos “años dorados”. Por una parte, es el sembrador de valores y de principios en la juventud, el cronista que registra magistralmente los acontecimientos de su tiempo, el sacerdote que responde con franqueza las dudas espirituales de los feligreses y, por la otra, el luchador social que plantea, sin ambages, los sentidos problemas del pueblo y de las aldeas.
Nos dice en sus editoriales: “es hora de despertar”,  “hay un sueño enfermizo, que se mete en las entrañas del ser”… “Es el sueño del no hacer, el sueño de no anhelar, el sueño de no arreglar las cosas, el sueño de encogerse ante las dificultades, el sueño de las paces con la pobreza y hasta con la miseria, el sueño del atraso y la incultura, el sueño de la inercia”… “Si en San José de Bolívar hay atacados de este sueño, es preciso sacudirlos, agitarlos, gritarlos”…
Nos dice que “es bueno equivocarse”, “pobres de aquellos que no se equivocan”, “pobres de los que todo lo hacen bien”, “dichosos los que tropiezan y ven sus defectos, y por sus defectos se reconocen humanos. Los asnos no padecen equivocaciones” y les dice a los jóvenes: “No tengan miedo a los errores. Tengan miedo a no hacer nada”.
Nos alerta sobre la necesidad de construir y nos dice: “En San José y fuera de San José hay mucho que construir en la línea de la educación, de la toma de conciencia”… “Destruir es la cosa más fácil del mundo. Construir, aunque consolador, es tarea de esforzados, de animosos y valientes”.
Es una constante en sus editoriales la siembra de inquietudes y valores en una comunidad conformada por gente buena, trabajadora y luchadora, pero que el lento transcurrir del tiempo, el frío de la montaña, el “michito” andino, nos dejaba caer, a veces, en un estado de quietud y modorra que ameritaba, en ciertos momentos, un sacudón.
En los cuatro años de vida de Ensayo se observa una constante lucha por la búsqueda de soluciones a los problemas del pueblo. Cuando se paralizó el asfaltado de la carretera a El Zumbador en nuestra población vecina de Queniquea por razones presupuestarias, el Padre clamaba en sus editoriales: “¡No nos castiguen, por favor!”… “Los vecinos de San José no somos tan malos como para que nos castiguen”… “Nos quieren cortar una vía de progreso. Nos quieren castigar a dejarnos sin carretera pavimentada”…
Esta lucha constante en la búsqueda de soluciones a los problemas del pueblo se va a reflejar en todos sus escritos. En las crónicas se puede seguir, día a día, el avance de la carretera que el Ejecutivo reanudó como consecuencia de las luchas de los habitantes del pueblo; el avance, parálisis, reanudación de obras de la Medicatura; la lucha por la pavimentación de las calles, que cada vez que llovía se convertían en un río de agua, barro y piedras; la lucha por la electrificación de las aldeas; por líneas telefónicas directas para reemplazar la central única de clavijas que existía en casa de Don Heriberto Rosales; por la construcción de cloacas, brocales y aceras de las calles; en fin, por un conjunto de problemas que desvelaban a la comunidad.
También se expresaba la alegría por las obras que se iban concluyendo; se empezaba a soñar con que San José se convirtiera en un importante destino turístico por los enormes atractivos naturales con que cuenta; con que las praderas de pastos naturales, con vaquitas de tres y cuatro litros de leche, dieran paso a sistemas más productivos y modernos; con la creación de cooperativas y asociaciones de productores; con la creación en el Liceo de una Escuela Agropecuaria y con una Medicatura que efectivamente prestara un buen servicio de salud.
Se reseñan las varias visitas del gobernador Ricardo Méndez Moreno, del presidente Carlos Andrés Pérez y de los candidatos presidenciales en las elecciones de 1978: Luis Herrera Campins y Luis Piñerúa Ordaz. Se destaca la enorme alegría que nos embargó a todos los rioboberos cuando el profesor Pedro Contreras Pulido asumió la Gobernación del Estado. Uno de los más ilustres hijos de esta comunidad asumía la jefatura regional en un momento en que nuestro pueblo comenzaba a despertar.
El profesor Pedro Contreras Pulido no sólo era un destacado intelectual, dirigente político, diplomático y brillante docente, siempre fue un ferviente promotor del desarrollo del pueblo, un constante luchador y un gran enamorado de su terruño. Cuando fue viceministro de Educación aprovechó una de las circunstancias en que quedó encargado del ministerio para presentarle al presidente Caldera la creación de dos liceos: uno en Yaracuy y otro en Táchira, concretamente en San José de Bolívar. El Presidente emocionado con el liceo en Yaracuy, su tierra natal, también le aprobó la creación de un liceo para San José de Bolívar.
Profesor Pedro Contreras Pulido

Desde Ensayo también destacamos la visita que nos hizo el ilustre historiador, político e intelectual tachirense Ramón J. Velásquez, quien aceptó ser el padrino de la IV Promoción de Bachilleres en Ciencias del Liceo San José de Bolívar. El Dr. Velásquez nos deslumbró con su sencillez, humildad y extraordinaria bondad, nos acompañó a la Truchicultura, al acto de graduación y a la fiesta de grado. Compartió con el Padre Santos y los graduandos en todo momento, contó vivencias y anécdotas de la historia nacional y regional, de las luchas de Juan Pablo Peñaloza y Eustoquio Gómez librada en las montañas andinas, en las zonas de Pregonero, Queniquea y San José de Bolívar. Nos obsequió su libro Venezuela Moderna con un mensaje escrito con su puño y letra, felicitándonos y animándonos a seguir adelante.
La visita del Dr. Velásquez nos reconfortó y nos dejó como hechizados por la posibilidad de un futuro que podía ser promisorio. Después  he tenido la oportunidad de compartir durante muchos años con él en Caracas, ha sido para mí como un padre, ha sido el amigo más cercano y con él que he contado siempre en estos largos años que llevo viviendo en la capital, llena de oportunidades, pero también de peligros.
Para editar Ensayo el Padre Santos siempre se apoyó en sucesivos grupos de jóvenes de los últimos años del liceo que teníamos, una vez graduados, que dejar el pueblo en búsqueda de nuevas oportunidades de estudio. Su objetivo no solo era publicar la revista, sino que ésta sirviera de motivación para que los jóvenes pensáramos, reflexionáramos y escribiéramos. Junto a los jóvenes contó con el apoyo de los profesores del Liceo y el Grupo Escolar “Regina de Velásquez”, quienes, provenientes de otras tierras, se integraron al pueblo en su plenitud. Su labor docente iba más allá de las aulas para adentrarse en el deporte, en la música, en la cultura, en la lucha por el desarrollo de la comunidad y en la política.
El Padre Santos conformó un primer Consejo de Redacción integrado por los  jóvenes Jorge Ramírez, Carmen T. Sánchez, José del C. Guerrero y Eladio Rodríguez, por el profesor Manuel Suescúm, como  ilustrador y diseñador de las portadas, y el por él mismo, figurando como Asesor. Luego incorpora a otros jóvenes y va progresivamente reemplazando a los que tenemos que salir en la búsqueda de otros horizontes. Incorpora al profesor Arecio Mora, Tulio Zambrano y Cledi J. Guerrero Jaimes y en la etapa final entran a formar parte del consejo: Argenis Vivas, Nelsa Duque, Elda Pernía, José Ramón Moncada y Eva Cárdenas. 
Se  abordan desde las páginas de Ensayo los más diversos temas. Se rescatan personajes del pueblo que habían dejado huella como Don José Mora, Don Gumersindo Chacón o Don Atanasio Cárdenas. Se escriben poemas a San José, patrono del pueblo, y a San José de Bolívar, para resaltar sus bellezas y encantos, a los agricultores para homenajear su dedicación y devoción y por supuesto, también al amor. El Padre Santos escribe el Himno de San José de Bolívar. Se rescata la historia local y se cuentan episodios casi anecdóticos de las diferencias con Queniquea para establecer los límites y definir la preeminencia eclesiástica y política; se cuenta una excursión a la Cimarronera que sirvió para motivar a otros a descubrir la belleza inigualable de aquellos páramos; se plantean las necesidades de las aldeas y se insiste en el abandono de Río Azul; se aborda el tema del consumo exagerado de licor y se advierte del daño que ocasiona en las familias, en la personas y en la juventud.
Hoy, quienes formamos parte de esa experiencia editorial, recordamos con cariño aquellos “años dorados”, como los definió José Antonio Pulido. Mas no podemos dejar de recordar dos jóvenes extraordinarios que el destino apartó muy pronto de nosotros: José Manuel Franciscony y Tulio Zambrano.  
José Manuel fue un joven inquieto, infatigable lector, destacado deportista, pintor y especialmente muralista, un amante de la naturaleza y un apasionado de nuestro pueblo. Un joven soñador que la despiadada delincuencia nos arrebató en el despertar de su vida, cuando decidió abrirse camino en Caracas, una ciudad promisoria, pero avasallante. Entre sus escritos, destacan unas preciosas coplas que le dedicó a San José, tituladas Coplas para un Pueblo de Fantasía, en cuya estructura va dibujando un pueblo de ensueño, enmarcado en la bruma andina y por el que manifiesta su disposición a “luchar toda una vida”.
Tulio Zambrano fue un entusiasta colaborador de Ensayo, compañero de tertulias políticas, históricas y literarias. Contrincante aguerrido en el ajedrez que comenzaba a incursionar con fuerza en el pueblo; compañero de paseos campesinos en los cuales ponía en marcha esa voluntad inquebrantable para superar las limitaciones físicas que le ocasionó la polio que sufrió siendo niño. Brillante estudiante, el mejor del curso y posiblemente el mejor del liceo en materias como física, química y matemática. Tulio partió muy pronto, al poco tiempo de haber obtenido simultáneamente los títulos en Administración y Contaduría en la Universidad de Carabobo, cuando un amor despiadado lo sumió en una profunda depresión hasta llevarlo a la muerte.
En algunas páginas de Ensayo se destacaba la labor de los que el Padre Santos calificó de “Bienhechores del Pueblo” como la licenciada Emilcy Zambrano, Vicente Vivas Chacón y el profesor Pedro Contreras Pulido, que ya referimos.
La licenciada Emilcy, desde la Dirección de Educación de la Gobernación, no perdía oportunidad para canalizar cualquier iniciativa, proyecto, recurso, beca para los estudiantes y cuanta ayuda fuera útil para el pueblo. Consiguió que la revista se imprimiera en la Gobernación con un método más ágil y moderno. Por ello el Padre Santos dice en su editorial del Nº 8, con una gran felicidad: “Nos salieron alas. Nos sentimos más leves, más veloces, y a la vez más seguros”. Habíamos dejado aparcado el viejo multígrafo para pasar a imprimir en Offset.
Vicente Vivas Chacón, desde el Comité Pro-Desarrollo de San José de Bolívar, ubicado en Los Teques, mantenía una lucha permanente por la asignación de presupuestos para construir obras, mejorar los servicios públicos y resolver los ingentes problemas del pueblo. En las páginas de Ensayo aparece el testimonio de esta lucha noble, desinteresada y fructífera por la solución de las necesidades de San José. Allí también se reflejan las primeras colaboraciones monetarias que recibió el Padre Santos para costear los crecientes gastos de la revista, producto de las diligencias de Vicente entre sus coterráneos ubicados en Los Teques y Caracas.
Los profesores, tanto del liceo como del grupo, ocuparon un lugar destacado en las páginas de Ensayo, allí escribieron los profesores Gilberto Guerrero, Esperanza Márquez, Freddy Parada, José E. Peñaloza, Efraín Vivas, Arecio Mora, Manuel Suescúm y Orlando Mendoza, quienes en sus años de amplio transitar por San José de Bolívar marcaron toda una época, tanto en las generaciones que contribuyeron a formar como en la vida misma del pueblo. Esa fue una época de camaradería entre alumnos y profesores, de participación entusiasta de los docentes en las actividades culturales y deportivas.
El pueblo comenzaba a despertar y esta revista produjo un chispazo que alumbró a muchos. Es verdad que el promotor principal fue el Padre Santos, pero también es cierto que los jóvenes, los profesores, los habitantes que vivían en el pueblo y en importantes ciudades del país, la hicieron suya, la consideraron propia, y en los años que duró fue un destello de alegría y de esperanza. Fue la pionera de otras publicaciones que vendrían después: como la revista Riobobense: El carpintero de la montaña que dirige José Antonio Pulido Zambrano y Elvidio Márquez Guerrero; así como su página homónima http://riobobenseelcarpinterodelamontanaazul.blogspot.com y la página de Internet llamada: www.rioboberos.com que construyó y ha mantenido con gran entusiasmo desde Alemania, el joven informático y experto en robótica Adalberto Pérez Salas, hijo también de esta tierra.
El las últimas ediciones de ensayo se comenzaba a vislumbrar el progreso que tendría en los siguientes años el pueblo: La fecha del centenario se veía cerca y se soñaba con una gran celebración y un gran reencuentro de rioboberos, que los hijos de San José residenciados en otras regiones del país se reencontraran para compartir esta alegría juntos, como efectivamente terminó siendo. Se vislumbraba el gran desarrollo que iba a tener la ganadería de altura, con la introducción por parte de la Corporación de Los Andes del modelo UPJ (Unidad de Producción Joque). Una modalidad que permite que en una hectárea de tierra puedan alimentarse cuatro vacas con un sistema rotatorio de potreros. Este sencillo sistema, acompañado del suministro, a crédito, de vacas de alto rendimiento lechero, provenientes de Canadá y Nueva Zelanda, revolucionó los sistemas de producción agropecuarios y mejoró notablemente la calidad de vida de la población. Se soñaba con el desarrollo del turismo y con la construcción de posadas para recibir a los que comenzaban a visitar al pueblo, labor que ha venido materializándose en estos últimos años.
Desde que salió el último número de Ensayo  han transcurrido más de 30 años; su fundador, el Padre Santos, acaba de fallecer hace tres años en la ciudad de Caracas. Las sucesivas hornadas de jóvenes que participamos en la redacción de la revista ya somos hoy unos señores de mediana edad, pero a pesar de los avatares de la vida y de las experiencias en los diversos campos profesionales, mantenemos ese grato recuerdo sembrado en lo más hondo de nuestras almas. Ese grato recuerdo de haber compartido una experiencia maravillosa, enaltecedora y edificante en uno de los pueblos más bellos de Los Andes venezolanos.

RAMÓN ELVIDIO PÉREZ PARRA 

jueves, 14 de febrero de 2013

EL DIÁ DE LOS SANTOS INOCENTES EN SAN JOSÉ DE BOLÍVAR

La fiesta de los Santos Inocentes se celebra en San José de Bolívar el 28 de diciembre, en memoria de los niños degollados por orden del Rey Herodes El Grande, quien esperaba con esta acción matar al niño Jesús.


Disfrazados en el día de los Inocentes, comúnmente llamados "dobles".

En el pueblo este día tiene aparte de la máscara de los "dobles" la risa, la carcajada, la burla, o en un concepto más pueblerino: "La mamadera de gallo". Este día es de bromas, juegos, diversiones y "tomadera de pelo". Ese día tienes que estar pendiente pues te dan café con sal, azúcar con harina, sopa de pollo pero con maduro y mango, licor picante, entre otros desbarajustes de la gastronomía local.
Esta celebración forma parte de las tradiciones populares que antaño se daban en la población, es un día donde lo que parece que es "no lo es". Y en esa transmutación de papeles lo dulce es amargo, y a veces el día se torna noche.
En la tarde los habitantes concurren a una misa en honor a los Santos Inocentes y luego salen en grupos que se dirigen a la casa de sus amigos donde hacen bromas y bailan con los grupos musicales que llegan a improvisar parrandas.
Los hombres se visten de mujeres y las mujeres de hombre, es una especie de carnaval decembrino, donde sin percatarse se sigue adorando al Dios Baco por un lado y a Jano por otro. 

José  Antonio Pulido Zambrano

lunes, 14 de enero de 2013

PALABRAS CONTRA EL OLVIDO A PEDRO PULIDO PARRA



La vida siempre sonríe. Allí están entonces las visiones que suplantan la memoria perdida.

Viejo. Adriano G. León

Mirar al pasado de los hombres y encontrar sólo ranuras y sencinadas, fragmentos de tiempo interminables y cuadrillas de gente humilde sin palabra y con opaca y hermética memoria, motiva la tentación de apelar al instrumento de la mitología para  abrir un boquete curioso sobre ese universo de silencios implacables donde, sin embargo, late como corazón dormido una comunidad de afectos, de saberes y por sobre todo, una identidad sujeta a la mancomunidad y la pertenencia.
Pero como ya lo dijo alguien en un pasado remoto de la historia popular del mundo, la mitología es una dolencia del lenguaje, una dolencia que,  a fin de cuenta,  encuentra remedio con más lenguaje, con fantasías, memorias paralelas e imaginación.
Los que procedemos de esos silencios y humildeces  ancestrales, mojamos la memoria en esas aguas calenturientas de la recordación; Rico y sugestivo mecanismo que busca la hazaña de un imposible: llegar al origen personal de donde nacen y crecen cada una de nuestros recuerdos más  remotos.  
Por estos días San José de Bolívar se ha vuelto una provocación lingüística y folclórica, a propósito de la acogida calurosa que nos despierta los 70 años del hermano mayor Pedro de los Dolores Pulido Parra.  Pedro es una figura de orientación memorística para quienes tras de él, a una distancia de década y pico, quisimos correr los mismos caminos, montar los mismos caballos, cantar las mismas décimas y amar a las mujeres del mismo colorete y seducción que él amó,  idílica y románticamente.

Pedro Pulido con dos niños 

Hora que me acuerdo, cuando oíamos hablar de "la casa del Topón pa' rriba", reventaba en nosotros, sutes todavía, resonancias mágicas como de una navidad eterna.  Tras los pasos de Pedro abríamos  camino entre niebla, polvo y viento buscando el rumbo a la vieja casa de Los Pajuiles. El  baquiano nos sacaba diez, doce metros, ("apúrense que nos coge tarde"), y nosotros pegábamos una carrerita nerviosa y agitada para emparejar el paso, con una mochila vacía en los hombros que bajaba después con  los huevos, el queso, el maíz, los guineos de tío José Antonio para la tía Barbarita.


La casa de Los Paujiles y tío José Antonio

Al salir de la neblina espesa, a una altura de no sé cuantos metros, se veían abajo las casitas,  como acurrucadas y marchitas. Subíamos a un tramo de llanura despejada y Pedro decía a silbar y nosotros a coger oxígeno para serenar la respiración y enmorochar los pasos porque en los caminos desolados de madrugada es donde se hacen los hombres  y se templa el coraje del porvenir.


La casa de Los Paujiles 

Ya en Los Pajuiles -para nosotros la aldea se resumía y consumía en una sola casa- nos imbuíamos torpemente en los quehaceres del día: el maíz para los pollos y las gallinas que hacían del patio principal una policromía de plumas indecifrable; la comida para los cochinos que nos recibían con una polifónica ensordecedora y anti-musical; el  bramido de la vaca y el becerro, lo más atractivo y tierno de la jornada, y después las orientaciones del tío José Antonio que empezaba a darle orden al día para ganar aquello que más abundaba: el tiempo. 


Tío José Antonio

De fondo el ladrido de los perros cazadores y,  por último, los árboles, los pájaros y el correrío infantil potrero abajo hasta alcanzar la emoción de sentirnos perdidos como en los cuentos que nos leían  Alcira y Socorrito en la Escuela Graduada "Regina de Velásquez".

Cuando Pedro montaba el caballo, aquello nos parecía la composición de un toro sofocado con ojos de tizón y relámpagos en las patas. Ya montó "El Garantías",  decía el pueblo a secas. Era la época de las novias de nuestras mocedades vírgenes y de las canciones que daban en la mera madre hasta el más puro e incomprensible desgarramiento sentimental.


Pedro Pulido en su caballo blanco Palomo

San José de Bolívar era un pueblo de calles de tierra, metras y trompos. Las calles nos servían para hacer los hoyos donde debían entrar las metras, y sobre el polvo reseco los trompos bailaban mejor, antes de morir a hachazos o sobrevivir a duras penas.
Yo digo que fue al final del período de Don Rómulo Betancourt cuando las calles aledañas a la plaza del pueblo se armó de concreto y rayas de asfalto encendido sobre sus calles viejas. Llegaban de la ciudad -no sabíamos de cuál- tanquetas, cisternas, buques, mezcladoras que revolucionaron la física y el espíritu de San José. Vendría luego un proceso de extinción de costumbres, juegos, entretenimientos, y los caballos como los de Pedro empezaron a soltar relámpagos por las patas cuando prendían carrera sobre el concreto.


La esquina de Barrio Jondo

Por esos tiempos -digamos que en los primeros años de la democracia representativa y plural -  Barrio Jondo era una especie de "ciudad prohibida" aunque colindara con la iglesia por la parte de atrás. Dice uno ahora "ciudad prohibida" como si habláramos de un universo de dimensiones desconocidas. Pero me gusta la imagen  "ciudad" para  recordar una esquina, la del delirio etílico popular y la tentación solariega. Pasar por allí con los padres, o con las tías, era un acto de sospechosa misericordia. Ahora, visitar a Barrio Jondo con Pedro Pulido, encarnaba un gesto retador y de precoz hombría. Y no era porque aquello fuera una suerte de "zona de tolerancia", no; en San José de Bolívar no existieron las damiselas encantadoras. El embrujo de la esquina venía más bien por el lado de las cantinas y las rockolas. Allí empezaba a crecer y a extenderse un sentimiento que no era patronal; una manera de afrontar los afectos amorosos que nada autóctonos, y eso nos removía el espíritu de transgresión, que después supimos que era universal y muy humano.
Cuando Pedro nos recitaba los versos del poeta Bartolo empezamos a conocer y familiarizarnos con la palabra como música. Nuestra querida madre,  María Peñaloza,  lo congratulaba con su risa despierta y desinhibida, pero la tía Barbarita soltaba un "anja" de reproche y mandaba a Pedro a ocuparse de los animales y de las matas marchitas. Por ese entonces vivíamos en El Calvario, que era un símbolo de sacrificios y restricciones, y creo que Barbarita  tomó aquello a pecho y muy en serio, sin dar concesiones ni aceptar chanzas profanas.
Imagínense lo que era ir de la "ciudad bendita" (El Calvario), a la "ciudad de la perdición" (Barrio Jondo). Y no estoy hablando de distancias  kilométricas. Apenas tres cuadras nos distanciaban del Sagrado Corazón, la virgen, las oraciones, los escapularios y las velas de la tía, y las tentaciones de Barrio Jondo.  
Recuerdo singularmente aquella estrofa de Bartolo que cantaba:

Qué tanto me está mirando
yo no vengo de codeo
yo no traigo contrabando
yo lo que cargo es guineo.

Y la otra versión nacida de no sé dónde:

Qué tanto me mira usted,
que lo reprocha mi orgullo
déjese usted de chanchullos
que no vengo de parís,
yo no cargo marihuana
yo lo que cargo es maíz.

Había una estrofa propia de los caballeros andantes que, traspapelada en mi memoria, siempre se la he achacado al hábito versificador de Pedro:

Ninguno cante victoria
aunque en el estribo esté;
que muchos en el estribo
se suelen quedar a pie.

Por lo demás,  Pedro es de un ingenio fulgurante para describir sintéticamente el estado de espíritu de las personas que se tropezaban con él en cualquier esquina.  "Para dónde va con tanto sueño", le grita el riobobero burlador a un señor visiblemente cansado que bajaba cabestreando una mula. El señor responde cándidamente, "ya camino al joyo", y siguió. De pronto, media cuadra después,  se detiene y se devuelve,  pero ya Pedro se había pintao. El señor me pregunta, "¿para dónde cogió ese sinvergüenza?" "Creo que pa' lla". Y volviendo a sus pasos entre dientes dijo, "bagabundos pendejos que lo creen a uno bobo". Era Don Luís Mora, el esposo de Berta "La Joyera", a quien llamaban Luís, "El Dormido".
San José resuena como una sinfonía especial en mi corazón. Encarna el aire de un aura que me incita a soñar y a volver sobre los pasos de ese niño que renace siempre  en uno. Río Bobo es el reino en donde empieza una vida de timidez y atrevimientos. Mi proceso iniciático como varón,  en muchos órdenes se lo debo a  aquel muchacho que aventuró sueños y esperanzas en otros mundos para volver sobre esos pasos perdidos y de reencuentro con San José. Ahora es Don Pedro Pulido, inmerso en la certeza de ser un padre ejemplar junto a la reina de su corazón: Josefita Zambrano de Pulido.

Ramón Márquez Peñaloza
Mérida,10-01-13

miércoles, 12 de diciembre de 2012

SACERDOTES QUE HAN REGENTADO LA IGLESIA EN SAN JOSÉ DE BOLÍVAR (1807 - 2014)

En nuestras últimas investigaciones que le estamos siguiendo a la Viceparroquia de Nuestra Señora del Rosario, hemos encontrado nuevos datos, hallados en el Archivo Arquidiocesano de Mérida, al punto de señalar que la Viceparroquia de Nuestra Señora del Rosario estuvo en el sitio de Río Bobo desde 1806, fundada por el presbítero José Valentín Gonzalez y José Casimiro Mora y que sería trasladada a Queniquea el 8 de abril de 1818. En esos años por esta Viceparroquia e iglesias de la zona han pasado los siguientes sacerdotes:

ü  Joseph Casimiro de Mora y José Valentín González (1806 // 03-10-1808) época de reedificación Capilla de Río Bobo 
üJoseph Casimiro de Mora (04-10-1808 // 17-12-1811)
ü  José María Sambrano (18-12-1811 // 07-02-1823)
ü  Pablo Antonio Morales (08-02-1823 // 29-03-1824)
ü  José Antonio García (30-03-1824 // 08-10-1824)
ü  José María Sambrano (09-10-1824 // 12-12-1824)
ü  José Antonio García (13-12-1824 // 28-02-1827)
ü  Pablo Antonio Morales (01-03-1827 // 20-09-1829)
ü  José Vicente Contreras (21-09-1829 // 25-05-1830)
ü  Justo Contreras (26-05-1830 // 28-07-1830)
ü  Pablo Antonio Morales (29-07-1830 // 06-10-1830)
ü  Justo Contreras (07-10-1830 // 26-01-1831)
ü  José de Jesús Noguera (27-01-1831 // 21-11-1831)
ü  Pablo Antonio Morales (22-11-1831 // 18-02-1832)
ü  José María Sambrano (19-02-1832 // 20-08-1834)
ü  Juan Antonio García (21-08-1834 // 22-01-1840)
ü  Pablo Antonio Morales (23-01-1840 // 20-02-1849)
ü  Ignacio Ramón Duque (21-02-1849 // 24-04-1849)
ü  Pablo Antonio Morales (25-04-1849 // 14-11-1849)
ü  Ignacio Ramón Duque ( 15-11-1849 // 31-12-1849)
ü  Juan Antonio García (01-01-1850 // 28-02-1850)
ü  Pablo Antonio Morales (01-03-1850 // 31-05-1850)
ü  Ignacio Ramón Duque (01-06-1850 // 02-10-1850)
ü  Pablo Antonio Morales (03-10-1850 // 28-02-1851)
ü  Ignacio Ramón Duque (01-03-1851 // 11-11-1851)
ü  José Antonio García (12-11-1851 // 05-12-1851)
ü  Pablo Antonio Morales (06-12-1851 // 16-07-1853)
ü  José Vicente Contreras (17-07-1853 // 12-01-1859) [1]
ü  Juan Isidro Pérez (17-02-1859 // 25-09-1860)
ü  Rafael Bonilla Molina[2] (26-09-1860 // 12-02-1865)
ü  José de Jesús Carrero (13-02-1865 // 22-02-1867)
ü  Gabriel Gómez (23-02-1867 // 20-04-1868)
ü  Juan Isidro Pérez (21-04-1868 // 31-05-1868)
ü  Santiago Sánchez (01-06-1868 // 30-07-1868)
ü  José Rafael Guerra (31-07-1868 // 16-08-1868)
ü  Juan Evangelista Valero (17-06-1868 // 01-10-1873)
ü  Juan Isidro Pérez (02-10-1873 // 13-12-1873)
ü  José Vicente Quiñonez (14-12-1873 // 07-09-1876)
ü  José de Jesús Villalobos (08-09-1876 // 27-09-1876)
ü  José Vicente Quiñonez (28-09-1876 // 17-12-1878)
ü  Ezequiel Moreno (18-12-1878 // 31-12-1879)
ü  Manuel R. Cárdenas (01-01-1880 // 15-03-1881)
ü  Fernando María Contreras (16-03-1881 // 28-02-1885)



ü  José Gregorio Arenas (01-03-1885 // 12-08-1885)
ü  Juan Isidro Pérez (13-08-1885 // 19-09-1885)
ü  José Gregorio Arenas (20-09-1885 // 04-09-1886)
ü  Melquiades Rosales (05-09-1886 // 31-12-1886)
ü  José de Jesús Villalobos (01-01-1887 // 18-05-1887)
ü  Felix Morales Pernía (19-05-1887 // 15-12-1887)
ü  Gabriel Gómez (16-12-1887 // 19-01-1888)
ü  Ezequiel Moreno (20-01-1888 // 10-10-1888)
ü  Manuel R. Cárdenas (11-10-1888 // 23-02-1889)
ü  Melecio García Ramírez ( 24-02-1889 // 23-03-1889)
ü  Francisco Higuera (24-03-1889 // 04-04-1889)
ü  Melecio García Ramírez (05-04-1889 // 29-05-1889)
ü  Francisco Higuera (30-05-1889 // 18-08-1889)
ü  Jesús Manuel Jáuregui (19-08-1889 // 20-09-1889)



Jesús Manuel Jauregui Moreno

ü  Melecio García Ramírez (21-09-1889 // 09-11-1889)
ü  Francisco Higuera (10-11-1889 // 10-05-1890)
ü  Melecio García Ramírez (11-05-1890 // 15-05-1890)
ü  Francisco Higuera (16-05-1890 // 09-06-1890)
ü  Melecio García Ramírez (10-06-1890 // 29-08-1890)
ü  Ovidio E. Olivieri (30-08-1890 // 14-09-1890)
ü  Francisco Higuera (15-09-1890 // 10-02-1896)
ü  Melecio García Ramírez (11-02-1896 // 17-02-1898)
ü  Felipe Santiago Vidal (18-02-1898 // 12-08-1899)[3]
ü  Zacarías Guerrero (13-08-1899 // 17-07-1901)
ü  Esteban Antonio Sánchez (18-07-1901 // 17-04-1905)
ü  Rafael Mora (18-04-1905 // 02-03-1912)
ü  José Ramón Gallegos (03-03-1912 // 01-02-1914)
ü  José Ignacio Moncada (15-02-1914 // 17-07-1944)



José Ignacio Moncada Roa
(Foto Archivo Fundación Pulido)

ü  Domingo Roa Pérez (10-12-1943 // 17-08-1944)


Domingo Roa Pérez
(Foto Archivo Fundación Pulido)


ü  Fray Carmelo Lerga (22-07-1944 // 24-04-1945)
ü  Domingo Antonio Guerrero (26-04-1945 // 04-01-1952)
ü  Marco Tulio Ramírez Roa (04-01-1952 // 02-09-1953)



Marco Tulio Ramírez Roa
(Foto Archivo Fundación Pulido)

ü  José Pérez Vivas (03-09-1953 // 13-10-1954)
ü  Domingo Antonio Guerrero (14-10-1954 // 08-03-1964)



Domingo Antonio Guerrero
(Foto Archivo Fundación Pulido)

ü  L.Martín (09-03-1964 // 06-06-1964)
ü Francisco M. Cárdenas (07-06-1964 // 24-09-1967)
ü  Martín Martínez (25-09-1967 // 30-01-1969)
ü José Tamayo (05-04-1969 // 08-07-1972)



José Tamayo
(Foto Archivo señor Ali Mora - Pregonero)

ü  Heberto Ruíz (09-07-1972 // 15-07-1972)
ü  Carlos Restrepo (16-07-1972 // 05-09-1976)



Carlos Restrepo
(Foto Archivo señor Ali Mora - Pregonero)

ü  Juan Francisco Santos Gutiérrez (06-09-1976 // 04-10-1981)



Juan Francisco Santos Gutierrez
(Foto Archivo Fundación Pulido) 

ü  Nepomuceno Pinzón (05-10-1986 // 10-10-1986)
ü  Orlando Neira Celis (11-10-1986 // 22-08-1987)


Orlando Neira Celis
(Foto Archivo Colegio de Licenciados en Educación - Seccional Táchira)

ü  Douglas Cievel Escalante Zambrano (23-08-1987 // 27-11-1988)
ü  Raúl Sánchez (28-11-1988 // 10-04-1991
ü  Jesús Campos (11-04-1991 // 01-02-1993)
ü   José Ramón Salcedo (02-02-1993 // 10-10-1996)
ü  Robert Hernández (11-10-1996 // 23-08-1998)
ü  David Pavón (24.08-1998 // 09-01-2002)
ü  Jairo Contreras (10-01-2002 // 10-12-2011)


Jairo Contreras
(Foto: José Antonio Pulido Zambrano, 2011)

ü  Oscar Varela (11-12- 2011 // esta en la actualidad)


Oscar Varela
(Foto: José Antonio Pulido Zambrano, 2015)


Notas:
[1] Muere en Queniquea el 17-02-1859.
[2] Hijo de Ramón Bonilla (✝ 30-05-1863 – Queniquea) y Bárbara de los Reyes Molina. Nieto de Cristóbal Bonilla y Juana Rosalía Sambrano de Lobatera; y de José Antonio Molina Contreras y Teresa de Jesús Ramírez de Bailadores. Don Ramón Bonilla aparece con un hermano en Lobatera llamado Juan Nepomuceno Bonilla Sambrano (* 15-11-1785 – Lobatera).
[3] Fue Cura Visitador, contrajo viruela en Queniquea en su estadía.