domingo, 14 de noviembre de 2010

DOMINGO ROA PÉREZ, PRIMER SACERDOTE DE SAN JOSÉ DE BOLÍVAR


La Conferencia Episcopal Venezolana nos aporto algunos datos para la biografía del primer sacerdote de San José de Bolívar, agregando de nuestra parte los datos que se han logrado recabar de su estadía en el pueblo.Su nombre fue Domingo Maximiliano Roa Pérez, nació en la población de san Bartolomé del Cobre (Hoy El Cobre), municipio Vargas, del estado Táchira, el día 21 de Febrero de 1915. Hijo legítimo de Don Quiterio Roa y Doña Juana Pérez de Roa.Estudió su instrucción elemental en su pueblo natal y en Pamplona, ciudad de Colombia. Ingresa al Seminario el 1 de octubre de 1929 bajo la mano paternal de Mons. Tomas Sanmiguel, hasta el 13 de julio de 1934, en septiembre ingresa al Seminario Interdiocesano de Caracas donde realiza estudios de Filosofía y Teología, culminando sus estudios el 08 de octubre de 1938. El 28 de octubre del mismo año viaja a Roma para ingresar al Colegio Pio Latino Americano, inscribiéndose como alumno de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Gregoriana, le acompañan los futuros Monseñores, Rojas Chaparro, Rincón Bonilla y Raúl Méndez Moncada, este ultimo regresa a los pocos días enfermo por el duro invierno Europeo, vale la pena mencionar que a los cuatro los llamaban (los 4 R del Táchira), sus estudios en Roma fueron cancelados por el Presidente de Venezuela Eleazar López Contreras, persuadido por el Capellán de Miraflores Mons. Moncada, tío de Raúl Méndez Moncada. Recibió la ordenación Sacerdotal el 12 de abril de 1941 de manos del Excelentísimo Mons. Luis Traglia, al día siguiente celebra su primera Misa. Después de su Ordenación permanece en Roma hasta el 22 de Julio de 1941, cuando regresa a la Patria, haciendo la revalidación de su titulo y recibiendo de la Universidad Central de Venezuela el titulo de Dr. En Teología.
Al llegar a San Cristóbal es recibido por el gran Obispo Mons. Rafael Arias Blanco, quien influye prontamente en el recién llegado Presbítero, por la majestuosidad de su persona y la capacidad de acción en su Ministerio, terminando la formación del Padre Roa.
Sus primeras responsabilidades Pastorales asignadas por Mons. Arias Blanco, es ser Vicario Cooperador en la Parroquia San Juan Bautista de Colon y Profesor del Colegio Sucre en Colón, cargos desempeñados hasta el 23 de noviembre de 1943, cuando es designado Cura Párroco de la Parroquia San José de Bolívar, donde puso de relieve sus dotes de verdadero Ministro del Señor, pueblo con 60 años de fundado, pero carente de sacerdote y la población era atendida por el cura de Queniquea. En su estadía en el poblado tuvo como monaguillo al joven Acacio Belandria Pulido. Expresa Horacio Moreno (1982) en su Monografia a san José de Bolívar: "Desempeño esta parroquia envuelto en altura espiritual, grandeza de corazón y bondad infinita. Cumplió una misión sin paralelo en su augusto ministerio". Fue una alegría para el pueblo su designación como sacerdote, por lo que su llegada al poblado fue apoteosica, en una alegría espiritual nunca antes vista en el poblado. 
A finales de 1944 el padre Domingo Roa Pérez es cambiado por el padre Agustino recoleto Fray Carmelo Lerga, otro hombre de gran espiritualidad y reflexión, este Carmelo Lerga sería gran amigo de Monseñor José Alí Lebrú, a tal punto que en sus Memorias, el día que la Beata María de san José debe dejar su cargo expresa lo siguiente sobre la Madre María de San José y su amistad con Lerga: "Su humildad resaltaba. Estuve presente cuando le correspondió entregar el gobierno de la congregación, después de 59 años. En mi condición de obispo de Maracay, presidí el Capítulo General de 1960. Yo participaba del interés de que su sucesión se hiciera estando viva la Madre María, para evitar posibles futuras dificultades. Sus hijas querían que ella continuara en el cargo de superiora general, pero ella misma les hizo ver la conveniencia de nombrarle una sucesora; y, al ser electa la Madre Águeda Lourdes Sánchez, la segunda superiora general, la primera en reconocerla fue la Madre María y pedirle públicamente perdón por las faltas que en su humildad creía haber cometido en el desempeño de sus funciones. Recuerdo que el reverendo Padre Carmelo Lerga, Agustino Recoleto que me acompañaba como delegado de su orden, dijo: 'Madre, no siga, porque aquí todos vamos a terminar llorando'. Desde que entregó el cargo de superiora general, la súbdita más dispuesta a cooperar y a guardar la obediencia fue la Madre María. Tengo para mí que conocí un alma verdaderamente santa. Muchas veces tengo que confesar que cuanto recuerdo de ella es edificante y ejemplar".
En 1946 atendiendo las labores de Capellán del Asilo de San Antonio, es nombrado Director del Diario Católico de San Cristóbal sustituyendo al Pbro. Dr. Carlos Sánchez Espejo, realizando una gran labor periodística. El 24 de junio 1947 siendo aun Director del Diario Católico es designado Párroco de Nuestra Señora de Coromoto donde permanece por cuatro años, construyendo 2 colegios, Pio XI (para niños) y Pio XII (para Niñas) y luego el Templo Parroquial.
El 30 de Marzo de 1951 es designado Vicario General de la Diócesis de San Cristóbal, labor que realiza el hasta el 3 de octubre cuando es electo por el Papa Pio XII, Obispo de Calabozo. Es consagrado por el Sr. Nuncio Mons. Rafael Forni, en la misma Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de Coromoto. En 24 noviembre de 1957 a los 8 días es recibido en Calabozo. Tres años y tres meses trabajo Mons. Roa en Calabozo y en la Prelatura Apostólica de Apure. Como Obispo y maestro se preocupó en construir y equipar el seminario de la Diócesis, construye la casa hogar para niñas que funcionaba al lado de la Catedral y refacciona esta vieja casa y la deja lista para la fundación del colegio Coromoto.
El 16 de enero de 1961 fue electo como quinto obispo de la Diócesis de Maracaibo, de la que tomó posesión canónica el 11 de Marzo de 1961. Los primeros años del Obispo Roa, fueron de recorrer y conocer la Diócesis, las tierras de misión como el sur del lago y el futuro territorio de costa oriental del lago recibieron los desvelos pastorales del nuevo Obispo, la urgente necesidad del Clero, la promoción de las vocaciones, la convocatoria del Concilio Vaticano II, la construcción de Templos y sitios de Culto ocuparon los primeros años de actividad Pastoral de Mons. Roa.
El escudo heraldico que se le asigna lleva la siguiente descripción: De forma acampanada con una banda flotante en rojo, en la cual aparece la siguiente divisa: OPUS-FAC-EVANGELISTAE (Haz obra de Evangelista). Como timbre tiene un sombrero en sinople, guarnecido de cordones del mismo color, entrelazados en lo alto, pendientes a los dos lados, y con cuatro órdenes de borlas también sinoples (3 los Obispos y 4 los Arzobispos) puestas 1, 2, 3 y 4 descendentes. Bajo el sombrero y sobre el Escudo, Mitra, Cruz doble (por su condición de Arzobispo, tremolada y Báculo, colocados derecha, centro e izquierda respectivamente. El Báculo vuelto hacia fuera que denota que denota jurisdicción. El escudo dividido en dos campos. El campo diestro, en oro, hay tres rosas en rojo; en el siniestro en plata y verde, una palmera en sinople. SIMBOLOGÍA: El escudo del Excelentísimo Monseñor Domingo Roa Pérez, es un ideograma que tiene este significado: La divisa de la banda flotante OPUS-FAC-EVANGELISTAE, quiere ser un anuncio del programa episcopal del nuevo Prelado, que desea como instrumento en manos de Dios, que su pontificado sea la entrega total de sí mismo, a la Pastoral evangelizadora que la Divina Providencia la ha confiado y en ella habrá de consumirse y desgastarse la vida del Pastor. La Mitra es un distintivo de la autoridad del Obispo y del celo por la salvación de las almas. El Báculo, símbolo de Pastor en la obra evangelizadora. Las rosas del campo diestro, representan el Rosario, el amor a María, en cuya maternal guía quiere cobijarse el nuevo Pastor. La Palmera en el campo siniestro, simboliza la región llanera (Guárico) donde ejercerá su paternal autoridad pastoral como representante de Cristo en la tierra y fidelidad a la Sede Apostólica.


Por su preocupación Pastoral promovió, y organizó la nueva Diócesis de Cabimas, el 26 de julio de 1965, entregándole al nuevo Obispo Mons. Constantino Maradei Donato, un buen número de Sacerdotes y Parroquias organizadas. Lo que hace que la pujante región Oriental del Lago hoy sienta la presencia de la Iglesia como la primera promotora del desarrollo integral de esa importante región, en la celebración de sus 40 años de Diócesis.
Por la “Bula Regimene Suscepto” de S.S. Pablo VI, con fecha del 30 de abril de 1966 fue creada la Arquidiócesis de Maracaibo y fue designado como Primer Arzobispo.En Marzo de 1968 conservando el título y oficio de Arzobispo de Maracaibo, fue nombrado: Administrador Apostólico de la Arquidiócesis de Mérida, misión que cumplió hasta Octubre de 1969, cuando fue elegido el Arzobispo titular de aquella Arquidiócesis.Durante su Gobierno en Maracaibo dedico especial atención pastoral al Seminario, creación de nuevas Parroquias, los Medios de Comunicación Social y la Construcción de Iglesias y Colegios en las Barriadas de la Ciudad. Durante su gobierno se ordenaron 40 nuevos Sacerdotes los cuales prestan sus servicios a la Arquidiócesis y a diferentes comunidades religiosas. Se ordenaron 5 Obispos.En 1970 inauguró una nueva experiencia en la formación de jóvenes a nivel del Seminario Menor. En 1975 inició por primera vez en la Historia de la Diócesis el Seminario Mayor, con el Primer Año de Filosofía. Actualmente el Seminario cuenta con 40 seminaristas mayores y 16 Seminaristas menores.Los medios de Comunicación Social de la Arquidiócesis, como instrumento moderno de evangelización fueron sus grandes preocupaciones y de mayores sacrificios, la Arquidiócesis cuenta con un periódico, - Diario “La Columna” (actualmente cerrado) – y dos estaciones de Radio, “La Voz de la Fe” y “NC Stereo”, renovado a una potencia 100 KW de salida. En “La Voz de la Fe” se hizo escuchar todas las semanas en un programa de amplia sintonía “La Voz del Pastor”, donde el Obispo enseñaba e informaba al pueblo de su labor pastoral. En Niños Cantores Televisión transmitió todos los domingos el programa “Cátedra”.Desde su llegada su gran preocupación fue la presencia de la Iglesia en las Áreas Marginales tan extensas y abandonadas. Esta inquietud lo ha llevado a la construcción y asistencia directa de Colegios Religiosos dependientes de la Arquidiócesis bajo la dirección de Congregaciones Religiosas. En la actualidad esta experiencia consta con 21 colegios con una población estudiantil de 36.000 niños, más un Liceo (Mons. “Juan Hilario Bosset”) con una población estudiantil de 1.600 de Primer Año a Quinto Año.Como miembro del Colegio Episcopal participó en el Concilio Vaticano II en las sesiones correspondientes a los años 1962, 1964, 1965, como Ordinario de Maracaibo. Asistió a la 2da. Conferencia General del CELAM. En Medellín, en Agosto de 1968, por nominación expresa de la Santa Sede.Intervino en III Sínodo de Obispos, como miembro elegido por la Conferencia Episcopal Venezolana, en Septiembre de 1974. Asistió a la III Conferencia del CELAM en “Los Ángeles de Puebla” en Enero de 1979.Como miembro de la Conferencia Episcopal Nacional, participo y presidio diversas comisiones nacionales, entre otras, Catequesis, Apostolado Seglar, Medios de Comunicación Social, Seminarios.A su llegada a Maracaibo existían 31 Parroquias, para atender a 8 de los diez distritos que componían el Estado Zulia. Después de 32 años de trabajo la Arquidiócesis cuenta con 60 Parroquias, para servir al territorio de la Arquidiócesis.Muchos hombres y mujeres hablaron, hablan y hablaran de Mons. Domingo Roa Pérez, sin embargo quiero hacer referencia a la definición que hizo el Excelentísimo Mons. Mariano Parra León Obispo de Cumana el 20 de Noviembre de 1982: “Imposible en unas breves líneas destacar una por una todas las virtudes que adornan la personalidad de Mons. Roa Pérez. Tan sólo quiero destacar una de sus mejores galas espirituales, como es la firmeza en los principios y su defensa decidida y valerosa ante cualquier circunstancia. Domingo Roa Pérez es un hombre de una sola facha. Para el no hay virajes tortuosos ni situaciones condicionadas. Cuando se traza una línea, la sigue imperturbable, sin inmutarse ante las dificultades ni siquiera ante de los peligros. Así gobernó a Calabozo y gobernó a Mérida. Así ha venido dirigiendo y guiando a la Arquidiócesis de Maracaibo. Celoso de su dignidad; pero, más celoso de su compromiso como Pastor de la grey Zuliana. Yo lo admiro por la firmeza de sus principios. Casi diría que es terco con lo que sostiene y nadie ni nada lo hace ir hacia atrás. Los hombres de su talla no siempre conquistan admiradores, porque, lamentablemente, hoy se admiran, por lo menos por fuera y desde afuera, los hombres veletas, indecisos, acomodaticios a las circunstancias. Sin embargo, no son pocos los que veneran a Monseñor Roa, justamente por lo que vale esta virtud que he querido destacarle. Se la reconocen y lo aprecian de verdad. Justamente, Monseñor Roa Pérez se distingue por esa rectitud por la cual pone todo su entusiasmo y toda su pasión en orden a la educación y formación de los niños y de la juventud de su Arquidiócesis, por la cual dedica esfuerzos, sacrificios, insomnios, dificultades y hasta negaciones. Monseñor Roa Pérez es un hombre que mira siempre hacia delante y se angustia profundamente ante la negación de la personalidad que caracteriza hoy a la Educación venezolana. Por eso se revela ante la irresponsabilidad de los maestros, de los forjadores de la futura generaciones, cuando comprueba que no cumplen con el deber, sino que son unos simples cobra-sueldos que chupan al estado la sangre que ellos deberían derramar para formar nuevas generaciones. Y por eso, Monseñor Roa Pérez ha fundado y sostiene, con mil esfuerzos y sacrificios, los pocos institutos de educación en los barrios de Maracaibo. A Monseñor Roa Pérez le duele la situación del pueblo y por eso, se subleva ante la inhumanidad de los médicos que han convertido su noble y humanitaria profesión en una fórmula comercial y las clínicas en poco menos que en oficinas bancarias; y se indigna ante la comercialización que hacen los abogados en sus bufetes al destrozar la justicia y transformarla en bolsa de comercio; y se resiste ante la dureza del corazón de los ricos que amontonan dinero sobre dinero y jamás sienten ablandárseles el corazón ante tanta injusticia y abandono social como reina en el ambiente zuliano, mientras avientan millones en lujosísimas quintas y en la celebración de bodas fastuosas, que hieren el corazón de los que nada tienen y hasta padecen hambre. El Zulia, agradecido, recordará siempre la labor moralizadora y humanizante de este insigne Pastor y mantendrá vivo el recuerdo del hombre que, desde su sitial Arzobispal, fustigó a los inmorales, señalo caminos a los gobernantes politizados y ladrones, censuró a los políticos corrompidos, criticó a los comerciantes de la salud y del bienestar del pueblo zuliano y se preocupó constante y sacrificadamente por el bienestar de las zonas depauperadas de su Arquidiócesis".


El 11 de Febrero de 1993 entrega la Arquidiócesis de Maracaibo al segundo Arzobispo Mons. Dr. Ramón Ovidio Pérez Morales. El 19 de marzo de 1993 siendo cura Parroco de San José de Bolívar José Ramón Salcedo visita de nuevo la población, acompañado de Monseñor Marco Tulio ramírez, Obispo de San Cristóbal.
En 1994 es nombrado Administrador Apostólico de la naciente Diócesis de El Vigía-San Carlos del Zulia, la cual funda, organiza y prepara para ser entregada a su II Obispo Mons. William Delgado Silva.
En junio de 1999 regresa a Maracaibo y es nombrado por el Administrador Apostólico Mons. Tulio Manuel Chirivella, Vicario General de la Arquidiócesis, cargo con el cual muere el 01 de enero del año 2000, después de haber inaugurado el Jubileo del Año 2000.