viernes, 3 de octubre de 2014

UN FANTASMA AL CLARO DE LA LUNA

*José Antonio Pulido Zambrano


            Años atrás a José lo persiguió un fantasma. José era muy joven tal vez 17 o 18 años - enamorado. José era puras novias, un Don Juan completo y le gustaba mucho el trabajo. Los domingos con su trabajo conseguía  la platica para brindarle a sus conquistas pastelitos y chicha. José era un cliente fijo de Doña Maximina. Porque en el pueblo no había pasteles y chicha  tan buenos como los de Doña Maximina. Y como José era tan pastelero, pues tenía una novia que vivía en Las Cruces. Eso era religioso y todas las tardes se iba a visitar a la muchacha. Siempre le decían:
            - Deje esa costumbre de estar andando de noche porque lo van a asustar .
            Pero él decía:
            - Yo me vengo tempranito.
            De las nueve a las diez era la visita. Una noche se vino para la casa de la nona acompañado de un perrito que siempre seguía sus pasos. Aquella noche se despidió de la muchacha como todas las anteriores y al salir al camino real  el perro empezó a inquietarse y a mostrarse asustado y se le entrecruzaba a José y no le dejaba andar, pero él pues mientras caminaba.
            Siguió avanzando sin llegarle el miedo a su cuerpo, siguió camino arriba, la noche era muy oscura y al llegar a un piedrón, el perrito comenzó a interponerse más en su andar, José le dijo:
            - No seas bobo, déjame caminar.
            En ello a José se le ocurrió mirar para atrás y allí estaba aquello.
            - ¡Ay mi madre! - grito ante lo que vio y echo carrera. Pero de lo que se llama “Así se corre”. ¡Que susto! Pues paso por frente de la casa de Don Juan y no la vio. Déle para donde la Nona llamándole:
            - Nona, nonita. Apúrese, ábrame la puerta que me esta persiguiendo algo horrible.
            Le abrieron la puerta y entro el pobre José más muerto que vivo del susto frente al corredor, allí había un pino enfrente desde donde le observaba aquel ser terrorífico envuelto en la niebla de páramo que había envuelto de improviso la casa.
            Ya cuando estaba adentro un tío de José se asomo y vio un resplandor blanco y en el centro una bola de fuego, de donde emanaban dos ojos diabólicos. Todos comenzaron a rezar el rosario para alejar el espanto.
            Después de lo sucedido la nona le dijo a José:
            - Se dio cuenta mijito lo malo que es estar de noche por el camino sin necesidad.
            José no volvió a salir de noche. Era de día que visitaba a la novia y cuando no la podía visitar  le mandaba una cartica.

(Tomado del libro: Criaturas de la Noche de José Antonio Pulido Zambrano. Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses. Nº 192).