domingo, 23 de marzo de 2014

LOS BABUKENAS




*José Antonio Pulido Zambrano


La princesa Babú

Hace muchos años vivió en lo que hoy es tierra del municipio Francisco de Miranda, capital San José de Bolívar una tribu de nombre Babukena. Según el historiador Horacio Moreno los babukenos tenía sus dominios que iban más allá del páramo La Cimarronera, hoy parque nacional General Juan Pablo Peñaloza; por el este colindaban con la tribu de los Kenikes; por el oeste, los Teneka y una parcialidad trasplantada de los Karikuena vecinos de los Humogría, formaban por el sur del Táchira el área cultural prehispánico de esta zona andina. Con el paso de los años, la maleza cubrió sus casas, caminos y templos.
En sus estudios Alfredo Jahn traduce la palabra Babu como agua. Y Miguel Acosta Saignes expresa que la terminación “Ena o Kena” como lugar u hombre; por lo que Babukena expresaría “Lugar de aguas” u “hombres de las aguas”. Horacio Moreno expresa que los babukenos pudieron pertenecer al grupo arowack o aruaco.
Hay que ser pacientes y escarbar entre la maleza para hallar las huellas de estas comunidades originarias. Son los arqueólogos quienes deberían tomar estos estudios, ya eventos similares se han realizado en la meseta de Queniquea, decimos que son ellos – los arqueólogos -, pues en el municipio Francisco de Miranda han aparecido también fósiles que bien pueden ser de esta época, así como utensilios de barro y hachas de piedra, por no ir muy lejos hasta una deidad antigua apareció en la aldea Caricuena, el ídolo fue llevado a la casa cural de donde desapareció de manera misteriosa.
En la aldea Los Paujiles existe un lugar conocido como la quebrada de Los Indios, donde habitantes del sector han hallado hachas líticas y piedras de moler. En varias casas de campo de los distintos caseríos y aldeas aún se encuentran piedras de moler de gran tamaño que se presumen sean de origen aborigen.
Los antiguos babukenos se instalaron a la orilla del río Babu, de donde hoy – que casualidad – nace el Gran Acueducto del Táchira. Allí se instalaron porque encontraron agua abundante y humedad para cultivar sanes, tubérculos, la pesca y la caza. Los pescadores fabricaban lanzas para atrapar peces, así como especies de tarrayas. En el río Babu que conocieron los babukenos abundaban los peces, sustento de su alimento, unido a la planta del maíz y el san. Los antiguos babukenos tenían sus deidades y su culto al sol, a la luna y a ciertos animales. Los abuelos relataban que en la tradición oral se hablaba de rituales ceremoniales en las lagunas del páramo. 
Fray Pedro de Aguado al hablar de la vestimenta de la gente que habitó “el valle del Espíritu Santo”, nombre con el que antaño Juan Maldonado bautizo el sitio donde hoy esta San José de Bolívar, expresa: “Es esta gente de este valle casi de la misma manera y traza que de la del valle de Santiago, excepto que todos traían unos sacos de mantas de hilo de cabuya muy largos y justos al cuerpo, vestidos y atados con unas cabuyas o hilos por sobre los hombros y recogido lo muy largo en la cintura, por donde traían ceñidos y recogidos estos sacos”.
De esta cultura hoy sólo quedan fragmentos, de un rompecabezas que pide ser armado, de una cultura basada en su cercanía con el agua, por ello los ríos y quebradas del Municipio guardan esos misterios ancestrales. En el pueblo se conoce una leyenda de una princesa aborigen de nombre Babu que vivió un acalorado romance con un gran guerrero llamado Sumusika, de allí que quién visita los parajes de La Cimarronera observe con admiración que la laguna de nombre Bobo (tergiversación de Babu) se encuentre rodeada, como abrazada por una montaña cuyo nombre es Sumusika.
Los babukenos vivieron felices en esta tierra, no desearon viajar ni conquistar otras regiones, porque esta tierra es mágica, y ese espíritu se mantiene en los que habitan el municipio Francisco de Miranda, hoy protegidos ya no por la deidad aborigen, sino por el manto cristiano de un hombre virtuoso conocido como San José. He dicho.

LAS ENSALADILLAS DE BARTOLOMÉ MORENO


Don Bartolomé Moreno, 
poeta popular de San José de Bolívar
(Foto: Archivo Fundación Pulido)

Don Bartolomé Moreno fue uno de esos personajes que marcan la historia de un pueblo, lleva el epíteto del "poeta del pueblo", el componía una serie de poemas a los cuales llamaba "Ensaladillas". Un hombre como don Bartolomé Moreno, nacido en estas tierras, en las cuales dejo una serie de legados de la cultura popular, un hombre que a todo le sacaba una poesía, una burla o una morisqueta, un Cervantes que se cultivó entre el arado, la recolección de café, el corte de caña, las molientas de trapiche, los cortes a charapo en los potreros, de todas estas actividades el extrajo un cantar popular. A continuación leeremos varias de sus ensaladillas rescatadas de la prodigiosa memoria de mi padre don Pedro Pulido Parra:


Pensaban los queniqueos
Pensaban los queniqueos
coger el triunfo en la mano,
y les gramaba la bala
como peliando don Cipriano
un callese a lo castellano.
El marina superior
el jefe se destierra
su corazón de dolor,
Abelardo se despide
del jefe más superior
vuelve y dice José Sánchez:
"Siendo de la misma unión,
si de esta escapo y no muero
a Dios le pido perdón.
Un Daniel el azabache
ese bate pabellón;
Santo Cristo de La Grita
que yo te daría un millón.
Librame de los rioboberos
en el momento mayor.
San Antonio del asilo,
dice el viejo Sabastián
librame de los rioboberos
que pican más que alacrán.
Virgen del Monte Carmelo,
alma de Ayesterán
Pío Sánchez toca tambor
ese da la retirada.
Tanto queniqueo que vino
y no salieron con nada;
se vinieron a topar
con los que no se "pandiaban".
Pior que la guerra europea
ahí sí la bala chirriaba.
Saludes a mi mujer
y amigas más estimadas.
Un tal Carmelo Zambrano
¡ah, gallito atravesao!
ese sabe regar la bala
a los que mascan paraos.
Y mataron a José Ernesto
que no tengan cuidao.
¡Riegue bala compañero, 
los tenemos derrotaos!
Esto lo tenían hablao
los dos jefes principales.
Que matando a José Ernesto
quedaban de liberales.


Los Misioneros que llegaron a la capilla de Monte Carmelo
Salió gente de montaña
y toda la población
y nosotros un porción
porque nunca habíamos visto
ver un ministro de Cristo
oír y predicar un sermón.
Al duro de corazón
lágrimas los vi llorar
también los vi confesar
y recibir comunión.
Estando haciendo oración
todos juntos en el templo
se me vino un pensamiento
en lo que todo mundo observa
que no han de pasar cien años
sin que otro Ministro vuelva.
Así mi Dios lo reserva
y que le de más talento
el tuvo su pensamiento
pero si declaro,
que más ciruelo que yo
que ni me ser percinar
y también me hizo llorar.
Con la voz de esa garganta
siendo un ministro de Cristo
que vino de tierra santa
en la Virgen del Carmelo
fue donde se despidió
fue donde el mundo lloró
mil lágrimas de consuelo.
Y todo así siguieron
se acabo la devoción
ya no quieren alumbrar
la cruz de la misión.


Otro día en la aldea Los Paujiles, don Bartolomé Moreno le dijo este verso a uno de sus amigos que venía llegando para comenzar el jornal de aquel día:

Yo vi pasar a Jorungo
con el guitarrón terciao
con la sinfonía en la boca
y el sombrero de medio lao.


A ese mismo amigo le escribió este otro verso cuando se peleó por una mujer:

En el bordito del Batato
tuvieron un boro boro (pleito)
el patichueco de Jorungo
y el biscocha Isidoro.



Otro de los versos recuperados es "El Novillo Borzalero", que dice así:

El Novillo Borzalero
En 1901, 25 de febrero
nos puso en expectativa
un novillo borzalero,
todito el que es novelero
y aunque chupe es con razón
ahí me hicieron botar
por estar yo de mirón.
Pero habíamos un porción
todito el que botamos
si hasta roncito bebimos
que Agustín lo arecostamos.
Yo deseaba haber estado
cuando el novillo envestía
para ver pegado más brincos
que una pulga en tierra fría.
Mañana o este otro día
se escarrean estos matires:
No lo hechen pal´ Hiranzo.
Pero no se le olvide
yo en la laguneta vide
pero no recuerdo a quien
ocho días tenía el novillo
que no les daba cuartel
ahí mismito encontré a Ismael
que iba con Francisco el Gado,
de una vez quede alertado
y ellos mismos me dijeron
no se valla a olvidar
que el novillo es borzalero.



De igual manera don Bartolomé Moreno le escribía a la parranda: 

La parranda de Mandinga
Y nos fuimos escondidos
sin que supiera el Chiriguare
buscando amores prohibidos
si el Diablo no nos sale.
Matos es su ayudante
del Salao trae sus muchachos
y este Fabian Pulido
se ríe de sus cachos.
Convido a Francisco Gualí
y a todos lo más borrachos
a una fiesta en La Costa
pa´ tomarnos unos tristes tragos.
Allá nos agarró los extragos
el que va pa´ fiestas dice el padre Guerrero
chupa de estas, porque hemos dejado el trabajo
y meternos a parranderos y vagos.

Una de las anecdotas más singulares de Bartolo Moreno era su peculiar manera de saludar:

- ¿Cómo esta Bartolo?
Y él contestaba en verso:
- Con una teta al hombro
y con la otra juego bolo.

Un día que subía por las calles del pueblo, un policía que era un poco malicioso se le quedó mirando y al bulto que traía como maleta, don Bartolomé Moreno le dijo:

Que tanto me estas mirando
yo no vengo de codeo
yo no traigo contrabando
yo lo que cargo es guineo.


Don Pedro Pulido Parra quién con su memoria logramos rescatar la poesía de
Don Bartolomé Moreno.

En este mismo Blog fue publicado la más famosa de las Ensaladillas de don Bartolomé Moreno intitulada "Gracias a Romualdo Sánchez"

lunes, 25 de noviembre de 2013

LOS TRES HIMNOS DEL ESTADO TACHIRA




Un acucioso investigador del siglo XX, el profesor Horacio Moreno, fue el que desempolvo la historia del primer himno del estado Táchira, al remontar sus orígenes a un canto patriótico de fines del siglo XIX, quizá 1880, himno compuesto  por el maestro Arnobio Pérez – esta disertación la ofrece Mons. Raúl Méndez Moncada. Es Horacio Moreno el pionero de este estudio, que luego desataría varias tertulias en la Academia de Historia del Táchira. Este himno nos dice: “Tachirenses se acerca el momento/ de probar nuestra fe varonil/ que se escuche tan sólo el acento/ de vencer por la patria o morir”. Son las letras sublimes que oyeron varios de los hombres que siguieron a don Cipriano Castro a Caracas para mostrarles que el Táchira era parte de la patria grande.
Mons. Méndez Moncada, nos amplía la información histórica con un segundo himno, declarado como himno del estado el 10 de octubre de 1905, una composición del capachero Ramón González Cárdenas, esta sinfonía andina del patriotismo regional dura hasta que en 1912 el general Pedro Murillo llamó a concurso para un nuevo himno. El segundo himno señala: “¡Tachirenses! De pie, descubiertos,/ la canción el Estado escuchad;/ la canción de este suelo glorioso,/ libre, libre, valiente y feraz”. Este himno fue más romántico, más poético que el primero. La canción de Arnobio Pérez fue más protestataria y el tercero, se sembró en esa Tachiranidad, siempre la Tachiranidad nos dejó escrito ese otro maestro de nuestra historia: Rafael María Rosales.
El tercer himno fue compuesto por el doctor Ramón Vargas y su música mágica estuvo en las diestras manos del profesor Miguel Ángel Espinel y declarado como Himno Oficial el 1 de julio de 1913, desde ese día se ha entonado esas glorias de la patria, sus fueros de nación.
Al revisar el rompecabezas de nuestra historia matria, nos encontramos que después del profesor Horacio Moreno, muchos se han abocado a estudiarlo, entre ellos Luis Hernández Contreras, Temístocles Salazar, Samir Sánchez, entre otros. En particular el trabajo expuesto por el historiador Samir Sánchez en su edublog intitulado: Proyecto Experiencia Arte/Experience-ArtProject y el link: “El Himno del Estado Táchira, 1913-2013, Centenario de una obra maestra”, es un ensayo que recomiendo para su lectura, ya que desde la palabra y la imagen nos retrata la historia del tercer himno de nuestro Estado. Este edublog también tiene otros temas de relevancia para la historia regional.
Tachirenses, nuestra historia es grande y hermosa, los invitó a conocerla, a leerla y a escribirla. Hombres como Horacio Moreno abrieron el sendero, por ello el Colegio de Licenciados en Educación – Seccional Táchira, este 27 de junio condecorada al profesor Horacio Moreno con su máxima Orden, pues aparte de haber estado por más de 33 años en el Archivo del Estado, el profesor Moreno dio clases por 30 años, 30 años de hacer pedagogía. Su legado es largo, 61 libros, infinitas conferencias, talleres, tertulias, secretario de la Academia de Historia del Táchira, entre otros tantos logros.
Vamos a trascribir las letras de los tres Himnos del Táchira:


PRIMER HIMNO

Tachirenses se acerca el momento
de probar nuestra fe varonil
que se escuche tan sólo el acento
de vencer por la patria o morir.
El Táchira reclama
con ecos argentinos
que rijan sus destinos
los hombres del deber,
y ay! del que pretenda
con fútiles visiones
la fe de sus legiones
burlar a su querer.
Tachirenses se acerca el instante
de empuñar con denuedo el fusil
nuestro impulso nos dice adelante
la consigna es vencer o morir.
El Táchira no quiere
tener entre sus filas
Calígulas y Atilas
que manchen su dosel
ni quiere que sus hijos
Asaz hospitalarios
a viles mercenarios
le sirvan de escabel.
Tachirenses luchad con coraje
nos mantiene el estado febril
¡A las armas! no más vasallaje
la consigna es vencer o morir. 
Arbonio Pérez

I Himno del Estado Táchira (Diseño: Sigrid Márquez Poleo)

SEGUNDO HIMNO

Coro
¡Tachirenses! de pie, descubiertos, 
la canción al Estado, escuchad;
la canción de este suelo glorioso,
libre, libre, valiente y feraz.

I
Fue este suelo el que tuvo la gloria
de escuchar la primera proclama
conque el verbo inmortal de Bolívar
a la lid redentora nos llama.
Fuiste tú, Libertad, cual Talía,
del teatro sangriento  la diosa;
Tú entregaste a Bolívar la espada
que rompio la cadena oprobiosa.

Coro...

II
El valor de sus hijos se ostenta
indomable, sereno y altivo;
la virtud en sus hijas es planta
que florece sin darle cultivo.
San Antoniop, Angostura, La Grita,
son reflejos aquí del Gran Genio;
Son escenas primeras del drama,
de que fueron los Andes proscenio.

Coro...

III
De los hombres que ilustran su historia,
dan sus campos gallardos emblemas;
del bucare los rojos penachos,
del cafeto las níveas diademas.
Y en sus vegas y valles y montes, 
de su ubérrimo seno al abrigo,
son silvestres la piña, el cacao,
el banano, la caña y el trigo.

Coro...

IV
Son inmensas su fauna y su flora,
imponentes sus ricas montañas,
impetuosas sus límpidos ríos,
y un tesoro sin fin sus entrañas.
Bendigamos a Dios por los dones
que a la tierra nativa nos trajo,
y corramos tras esta bandera:
La Concordia, la Paz y el Trabajo.

Ramón González Cárdenas

TERCER HIMNO

Las glorias de la patria
sus fueros de nación
unidos defendamos
con inclito valor.

Somos libres, las férreas cadenas
del esclavo rompiéronse ya;
y el hogar tachirense sonríe
bajo un sol todo luz: La Igualdad.

Extinguidos los odios añejos
perseguimos un sólo ideal:
Que prospere la tierra nativa
bajo un cielo de amor y de paz.

El trabajo es la fuerza suprema
que nos lleva cual nuevo Titán
a la meta sublime y gloriosa
de los pueblos que saben triunfar.

Que en el Táchira ondule por siempre
como enseña de honor regional,
con la unión y altivez de sus hijos
el trabajo, la paz, la igualdad.

Ramón E. Vargas.

José Antonio Pulido Zambrano
Rosayespinas@hotmail.com

EL ESCUDO DEL ESTADO TACHIRA

Expedientes X del Táchira:
El Escudo del estado redescubierto por Luis Hernández Contreras
La historia nuestra está llena de misterios. Uno de esos Expedientes X sin solucionar es el origen del escudo de nuestra Entidad, que parece haber resuelto el maestro Luis Hernández. Él señala que “contrariamente a lo que se ha creído, el escudo del Táchira no fue decretado por el Ejecutivo en 1913, sino en 1905” por el entonces gobernador Celestino Castro. Plantea Hernández que su creador fue el artista plástico Ramón Pino Farías, merideño, diseñador entre otros, de la Iglesia Matriz de la Grita.


Escudo del Táchira (1905)

El Decreto de 1905 dice lo siguiente: “Art 1°.- El Escudo de Armas del Estado Táchira tendrá la forma aproximada del Escudo Nacional. Representa este Escudo nuestra frontera con Colombia; en el fondo del verde paisaje, que representa la exuberancia de los valles tachirenses, se verán Los Andes y de pie Venezuela con la bandera de la República en una mano y señalando con la otra el Río Táchira, como límite de ambas regiones. En la parte superior llevará un haz de espigas de trigo entre rayos de oro y cintas color carmesí. Las mismas cintas entrelazando un ramo con flores de algodón y otro de café ornamentarán, partiendo de la base, los lados izquierdo y derecho respectivamente. Sobre la parte superior llevará en forma de arco diez estrellas, representando los diez distritos de que se compone el Estado y debajo del arco esta inscripción: Estado Táchira. La base será entrelazada por una cinta de oro en la cual se grabarán estas fechas: 5 de Julio de 1811, 14 de Marzo de 1856 y 23 de Mayo de 1899”.
El escudo tiene las fechas 5 de julio de 1811, firma del Acta de la independencia; 14 de marzo de 1856, cuando se erigió el Táchira; y 23 de mayo de 1899, el inicio de la Revolución Liberal Restauradora. Con el derrocamiento de Cipriano Castro, los seguidores de Gómez, por borrar la imagen de Castro cambian “23 de mayo” por la de “24 de marzo de 1864”, fecha que según Hernández no tiene ninguna importancia histórica para el Táchira, es una fecha inventada. Este nuevo escudo lo realizara el pintor colombiano Marcos León Marino, él que por décadas estuvo en el Club Táchira.


Escudo del Táchira (1913)


Escudo del Táchira (1950)


Escudo del Táchira (2012)

Diseño Gráfico: Sigrid Márquez Poleo

jueves, 29 de agosto de 2013

PALABRAS AL PADRE ACACIO BELANDRIA EL DÍA DE SU FUNERAL




San Cristóbal, 21-12-1012

Mensaje a propósito del fenecimiento del padre Acacio Belandria Pulido
me valgo de su presencia en el seno de la
Iglesia de San José de Bolívar.

Mi apreciada Hermana:

            Hoy en este día mítico y apocalíptico me ha pedido mi pariente Lubin Pulido realizar unas palabras a las obras del “Padre Acacio”, gran honor que me coloca, pues aún mi obra es minúscula al lado de ese “siervo de Dios” como lo fue el pariente Acacio. Tuve el orgullo y el placer de conocerle leyendo una lectura dominical y un salmo mientras el departía palabras sabias en su homilía.
            Es grato volver a escribir a otro Quijote, pues he tenido el privilegio en mi último libro el de abordar la vida de otro insigne sacerdote, me refiero al padre Juan Francisco santos y su revista ENSAYO. No se dista mucho la vida del Padre Acacio del Padre Santos, ambos luchadores por los sueños de nuestra juventud y la de nuestros niños. Acacio también se proyecto con una revista por allá en 1972 bautizada con el nombre “La voz del barrio”, ya desde este título Acacio hacía virtud a su segundo credo; “el de amar el mundo de los pobres”, su primer credo era Cristo y el tercero la iglesia latinoamericana.
            El padre Acacio fue un herrero de la religión, y quiero hacer este simil, para recordar a don Abigail Belandria, uno de los primeros herreros del pueblo, Don Abigail sería hoy el mecánico de aquellos tiempos cuando no se cambiaban neumáticos sino herraduras. Y, ¿por qué Acacio fue un herrero de la religión? Sencillo: su fragua siempre se dirigió a la lucha de los más necesitados, de allí sus palabras:

“Yo no he tenido que hacer mucho esfuerzo para entrar al mundo de los pobres, porque nací y me crié en él. Mi familia nació y se crió en la Venezuela de los años 30 y 40. Era la Venezuela rural. En aquel entonces vivíamos muy pobremente, sólo que, a diferencia de la pobreza de hoy, nuestra pobreza era serena, sin angustias”.

            Acacio empezó a construir su credo desde sus vivencias campesinas, porque hay que recordar que la opulencia que se vive hoy día en el pueblo no era tal en los tiempos que el vino al mundo, un mundo donde no habían ni alpargatas, sólo por poner un ejemplo, los rioboberos conocieron el tomate, ese que compramos hoy en bodegas apenas entrada la década de los cincuenta, quizá a la par de la llegada de la carretera a estos lugares del aislamiento. Aparte de este contexto de pobreza, estuvieron luego con los años las lecturas de los libros de Monseñor Romero – su alter ego – que definió que no se había equivocado cuando decidió ser jesuita a los 12 años de edad.
            El padre Acacio lo catalogaron varios valores: Prudencia, sensatez, paz, diálogo, humildad, crítico objetivo, solidario, entre otras virtudes. Y quizá su frase más histórica es aquella de: NO PODEMOS CALLAR MÁS, cuando en el año 2001 empezó una lucha desde la predica para cuestionar y denunciar la extorción y el secuestro, y sobre todo ese tema que nos entristece a todos; los niños de la guerra, porque él se desenvolvía en un territorio donde los grupos irregulares arrastran al camino del mal niños inocentes que son devorados por sectores del terrorismo. Y al calificativo de Quijote, hay que agregarle el de “guerrero de Dios” pues ya estando jubilado, sin obligación, con un cargo importante en su orden religiosa dejo todo, todo, y se interno en un territorio “donde la vida corre permanente peligro”. Y allí Acacio empezó a realizar una obra maravillosa para la protección del Refugiado, de todas aquellas familias desplazadas que siguen huyendo desde la muerte de Gaitan. Y de allí que Acacio nos deje este legado, sus palabras que leo de forma textual:

“No basta sólo con venir a Misa el domingo, no basta llamarse católico, no basta llevar al niño a bautizarlo, aunque sea en una gran fiesta de sociedad. No bastan las apariencias. Dios no se paga con las apariencias. Dios quiere el vestido de la justicia. Dios quiere a sus cristianos revestidos de amor. La iglesia no sólo esta en el templo, la iglesia esta en todos lados, donde un niño maltratado llora, donde una madre aquejumbrada por sus hijos tiene tristeza del alma, donde los vecinos se arropan con el chisme, allí hay que llegar y borrar todo con la ruana del amor”.


            El padre Acacio fue un sembrador y sus semillas cayeron en tierra buena. A sus casi 83 años aún visitaba a más de 16 comunidades campesinas en el Alto Apure para llevar la eucaristía y los sacramentos a las comunidades fronterizas más marginadas, porque el Padre Acacio, y con esto cierro esta esquela, dejo otra frase hermosa, cito sus palabras: “Para nosotros no hay frontera, todos somos una sola familia”. 

José Antonio Pulido Zambrano

EL FOTOGRAFO DE DIOS por: José Antonio Pulido Zambrano


Todo mi pueblo, desde que se tiene memoria de los ancestros, ha sido cristiano. Salvó en 1934, que al pueblo llegaron unos gitanos, y allí murió uno. Los habitantes estaban sorprendidos por el ritual del entierro. Cuentan los más viejos, que las mujeres de este grupo iban por delante del difunto lanzado cubetas de agua por las calles. En la prefectura quedaron grabados dos nombres: Yon Yoryoviche e Yca Teodoroviche. No sé hasta qué punto este muerto era gitano, pero en el libro de Actas de defunción fue enterrado con el nombre latino de Pedro Romero. Mi pariente Conrado, que ya pisa los 90, me dijo que ellos – los gitanos - siempre usaban dos nombres. Ese  es quizá, en el pueblo, el único muerto extraño en el cementerio. A veces me pregunto, y leyendo los libros del maestro Briceño. Si sólo a los que nacemos en pueblos lejanos – en el aislamiento - nos ocurren estas vainas.
De niño recuerdo una escena memorable con mi madre. Ella ha sido toda la vida catequista, encargada de enseñar a los párvulos algunos elementos religiosos condensados en el Catecismo Cristiano. Un día mirando el libro de Geografía General de Levi Marrero observe una imagen del Universo. En mi disertación de niño me preguntaba quien había tomado esa foto. ¿Quién era el fotógrafo? Y se me ocurrió preguntarle a mi madre que si el fotógrafo que había tomado aquella imagen era Dios. Creo que de niño sólo se me ocurrió pensar eso. Mi madre sólo me contesto: - No diga esas cosas, que eso es pecado. Su explicación lógica fue que la imagen la habían tomado desde un telescopio. Eso me llevó quizá a otra pregunta. Y como todo niño preguntón: - Mita, entonces, nosotros no estamos en ese Universo. Y, hoy leyendo “Dios es mi laberinto”, el Dr. Briceño en la página 58 expresa “el universo es una ilusión”.
Mi madre creo, porque ahora ese recuerdo se muta con otros, me dijo que eso me pasaba por estar viendo televisión. A mi pueblo el primer televisor a color había llegado en 1981, yo tenía 6 años. A usted maestro le dirían Kabir, Kabir, para de sufrir. Imagino que a mí me dirían: José Antonio, José Antonio, si sigues así no tendrás retoño.
¡Claro! Que también pudo haber ocurrido que mi madre, jugando YO con ese trastrocamiento de los tiempos como escritor, me respondiera otra cosa. Voy a imaginar que me expresó lo que el maestro Briceño refleja en la página 57: “Según mi mamá, yo no tenía edad para pensar esas cosas”.
Con los días empecé a leer, pero ya había empezado a leer con imágenes desde la televisión. Quizá mi madre tenía razón y el mago de la cara de vidrio me hacía ver enanitos verdes por todos lados.
Mis primeros libros de lectura, como he dicho tantas veces fueron dos. Los únicos que había en mi hogar. Uno era la biblia, y el otro un Recetario de comida internacional. En mi suposición de futuro tal vez imagine que sería o cura o un chef.
Tenía un padrino que me decía que quién leía la biblia completa con el apocalipsis se podía volver loco. Yo considero que no termine loco porque leí la Biblia como una novela de aventuras. Allí supe por primera vez que era un soñador por llevar el nombre de José, y ser contrario a muchas cosas por ser Antonio. Para mí, mi primer libro tipo señor de los anillos fue la biblia: Dioses, ángeles, gigantes y paren de contar. Hoy al leer “Dios es mi laberinto”, observo que esa literatura comparada que me llevó con los años la lectura no esta tan fuera de orden. Tal vez no era tan descabellado esas locuras juveniles de: “Zeus nuestro, que estas en el Olimpo, Santificado sea tu nombre”. El nombre. El nombre de Dios. El nombre.
El recetario – creo - me dio las herramientas necesarias para que escribiera mis textos como textos instruccionales, quizá buscando que cada uno de mis relatos dejará en el lector la búsqueda de un sabor extraordinario.
Con los años pude ingresar a una Biblioteca, y debajo de mis brazos lleve a mi casa; Alicia en el País de las Maravillas y, un libro sobre La Atlántida. Sin saber eran dos libros de viajes a mundos inesperados. Quizá ese día mi madre pasó otra prueba conmigo y yo otra con ella. – Mita, estamos solos. Ella me respondió: - Por qué lo preguntas. Yo dije: - Es que Dios no puede ser tan malo y en ese universo tan grande habernos inventado a nosotros solos. Mi madre me volvió a regañar: - Ya le dije que no piense en esas tonterías. Dios creo el mundo en 7 días.
Yo hice la pregunta porque aún esa imagen del Universo seguía dentro de mis inquietudes. ¡O el culpable no era Dios, ni mi madre, era el fotógrafo de Dios? Pero aún no tenía claro las cosas, y aún hoy no las tengo claras. ¿Quién era Dios? ¿Cómo era?
En esos días alguien me contaba la siguiente anécdota: “Un niño fue aislado del mundo, en un experimento científico, se le enseñó todos los conocimientos de la ciencia y del arte. Pero se procuró obviar todo señalamiento sobre religión. El niño vivía en un cuarto blanco, grande, con muchos libros y un ventanal inmenso, de donde se observaba un bosque. Un día al niño lo dejaron salir al bosque, y lo primero que hizo fue ir al árbol más grande y lo abrazó. A partir de allí todas las tardes el niño iba y se sentaba frente al árbol. Un día le preguntaron por qué lo hacía y el respondió: - Me pregunto que ser superior a nosotros pudo crear criatura tan hermosa.
Dios, también es mi laberinto, se transforma en la polifonía de voces de muchos. Esas preguntas que nos hacemos ante la inmensidad, ante lo inexplicable. Ese estudio que nos lleva a cuestionar y crear hipótesis de nuestro entorno y que con los años nos lleva a explorarnos a nosotros mismos, y ese templo externo da paso a la exploración del templo interno que está en nuestro cuerpo.
Quien visita mi hogar – hoy día – se encuentra con que mi madre aun es catequista, a pesar de haber leído el Caballo de Troya, en una de esas tantas discusiones nuestras que partió por culpa del fotógrafo de Dios. En la cocina de mi madre hay un reloj en forma de ancla, pero mi madre lo tiene al revés, es decir el número 12 esta de cabeza, quizá todos piensan que es por locura El caso es que es la única forma de que ese reloj funcione, pero yo creo que es porque las discusiones que se dan con mi madre sobre el origen siempre están teñidas por un diálogo que parece darse en un mundo paralelo. Ella me sigue escuchando, hoy día ya no me dice que estoy pecando, y ella sigue enseñando catecismo, y cuando los niños preguntas irreverencias como las mías, ella ya tiene su respuesta y su Dios. Yo no, yo lo sigo buscando. En una libreta de mi Universidad, en la solapa de la catedra de Análisis literario quedó escrito lo siguiente: “No creo en Dios, pero me hace mucha falta”, esto lo escribí a los 17 u 18 años, días en que en mi poesía expresaba:
APOCALIPSIS DE UN POETA
Observa lector
al arcángel caído
de un cielo
llamado infierno.
Donde Dios no es Dios
y donde la nada es nada.
Donde el tiempo no existe
y el mejor placer
es la muerte.
Porque acá
en éste espacio terrenal
la vida es puente a la eternidad
la eternidad es una cárcel
la eternidad es un vacío
el vacío es nada
y la nada es Dios.
Un Dios que ustedes
los hombres
lo han hecho ser hombre.
Al final
Dios es Dios
o Dios es hombre
 o el único hombre
es el verdadero Dios.

Al lado de la cocina de mi madre, al final de la casa, ella tiene un cuarto, al cual bautizó como “la pieza del olvido”. Es un lugar frío, lleno de chécheres y recuerdos, su máquina de coser, hilos y agujas, a veces pienso que ella allí en su gavetica de botones también tiene colecciones de llaves y laberintos. Es allí, ahora que releo su libro maestro Briceño Guerrero, que quiero copiar, plagiar, robar, dos oraciones suyas al final de este texto, condensada en esta pregunta que se hace su personaje: “¿La educación cristiana me ha cerrado las puertas de la iluminación?
Yo creo que esa educación que priva a los misterios abre el corazón a las dudas y a la búsqueda infinita por saber. Y como mis primeras preguntas hacia Dios las hizo crecer imágenes que luego se combinaron en palabras e inquietudes, y como en el capítulo V, maestro Briceño, usted hace de una manera sutil una referencia a aquellos misterios que llamamos extraterrestres, y que leímos en libros de la época que el canon académico desechaba, quiero enlazarlo con el capítulo 2 intitulado “Adentro”, de la 8 temporada de Expedientes X, la Dra. Scully se pregunta:


Vivimos en una oscuridad de nuestra propia hechura, ciegos a un ambiente del mundo que no es visto por nosotros. Un mundo de seres que viajan por el tiempo y el espacio imaginable para nosotros sólo como vuelos de fantasía. ¿Quiénes son esos seres que nos atrevemos a imaginar pero que tememos aceptar? Que oscuro trabajo sucede dentro de sus máquinas imposibles, ocultas para nosotros por fuerzas invisibles. Si ellos conocen nuestros secretos porque no conocemos los suyos.