domingo, 23 de marzo de 2014

LOS BABUKENAS


*José Antonio Pulido Zambrano



La princesa Babú


Hace más de quinientos años vivió en lo que hoy es tierra del municipio Francisco de Miranda, capital San José de Bolívar una tribu de nombre Babukena. Según el historiador Horacio Moreno los babukenos tenía sus dominios que iban más allá del páramo La Cimarronera, hoy parque nacional General Juan Pablo Peñaloza; por el este colindaban con la tribu de los Kenikes; por el oeste, los Teneka y una parcialidad trasplantada de los Karikuena vecinos de los Humogría, formaban por el sur del Táchira el área cultural prehispánico de esta zona andina. Con el paso de los años, la maleza cubrió sus casas, caminos y templos.
En sus estudios Alfredo Jahn traduce la palabra Babu como agua. Y Miguel Acosta Saignes expresa que la terminación “Ena o Kena” como lugar u hombre; por lo que Babukena expresaría “Lugar de aguas” u “hombres de las aguas”. Horacio Moreno expresa que los babukenos pudieron pertenecer al grupo arowack o aruaco.
Hay que ser pacientes y escarbar entre la maleza para hallar las huellas de estas comunidades originarias. Son los arqueólogos quienes deberían tomar estos estudios, ya eventos similares se han realizado en la meseta de Queniquea, decimos que son ellos – los arqueólogos -, pues en el municipio Francisco de Miranda han aparecido también fósiles que bien pueden ser de esta época, así como utensilios de barro y hachas de piedra, por no ir muy lejos hasta una deidad antigua apareció en la aldea Caricuena, el ídolo fue llevado a la casa cural de donde desapareció de manera misteriosa.
En la aldea Los Paujiles existe un lugar conocido como la quebrada de Los Indios, donde habitantes del sector han hallado hachas líticas y piedras de moler. En varias casas de campo de los distintos caseríos y aldeas aún se encuentran piedras de moler de gran tamaño que se presumen sean de origen aborigen.
Los antiguos babukenos se instalaron a la orilla del río Babu, de donde hoy – que casualidad – nace el Gran Acueducto del Táchira. Allí se instalaron porque encontraron agua abundante y humedad para cultivar sanes, tubérculos, la pesca y la caza. Los pescadores fabricaban lanzas para atrapar peces, así como especies de tarrayas. En el río Babu que conocieron los babukenos abundaban los peces, sustento de su alimento, unido a la planta del maíz y el san. Los antiguos babukenos tenían sus deidades y su culto al sol, a la luna y a ciertos animales. Los abuelos relataban que en la tradición oral se hablaba de rituales ceremoniales en las lagunas del páramo. 
Fray Pedro de Aguado al hablar de la vestimenta de la gente que habitó “el valle del Espíritu Santo”, nombre con el que antaño Juan Maldonado bautizo el sitio donde hoy esta San José de Bolívar, expresa: “Es esta gente de este valle casi de la misma manera y traza que de la del valle de Santiago, excepto que todos traían unos sacos de mantas de hilo de cabuya muy largos y justos al cuerpo, vestidos y atados con unas cabuyas o hilos por sobre los hombros y recogido lo muy largo en la cintura, por donde traían ceñidos y recogidos estos sacos”.
De esta cultura hoy sólo quedan fragmentos, de un rompecabezas que pide ser armado, de una cultura basada en su cercanía con el agua, por ello los ríos y quebradas del Municipio guardan esos misterios ancestrales. En el pueblo se conoce una leyenda de una princesa aborigen de nombre Babu que vivió un acalorado romance con un gran guerrero llamado Sumusika, de allí que quién visita los parajes de La Cimarronera observe con admiración que la laguna de nombre Bobo (tergiversación de Babu) se encuentre rodeada, como abrazada por una montaña cuyo nombre es Sumusika.
Los babukenos vivieron felices en esta tierra, no desearon viajar ni conquistar otras regiones, porque esta tierra es mágica, y ese espíritu se mantiene en los que habitan el municipio Francisco de Miranda, hoy protegidos ya no por la deidad aborigen, sino por el manto cristiano de un hombre virtuoso conocido como San José. He dicho.