domingo, 23 de mayo de 2010

BANDOLEROS EN SAN JOSÉ DE BOLíVAR

Por: Elvidio Márquez Guerrero




Parecerá una película del Oeste, pero no lo es, en San José de Bolívar, también existieron bandoleros que se ocultaban en las sombras de la las montañas, al caer la tarde, al amanecer, o simplemente con lo opaca que se pone la montaña, los días de intensa nube. Los Carolinos, un grupo de individuos, provenientes no se sabe de donde, llegaron a la aldea Los Paujiles se atrincheraron a los lados del camino que surca las riberas y valles del Río Bobo, por el camino que conduce hacia la ciudad de La Grita, capitanía o distrito que comandaba para esa época, los lejanos territorios de las cumbres cimarronereñas o pauljileras. Los Carolinos, según, cuenta mi papá, llegaron a vivir en la finca que hoy conocemos, como la finca del difunto Pablos Carrero, a unos cuantos metros de la roca o pendiente de las laderas, donde comienza lo plano, hay unos muros de piedra y unos árboles, y ruinas de una casa vieja, donde se cree que vivía.
Dice mí papá, que así, contaba el abuelo Balbino, porque el abuelo Balbino conoció algunos de los descendientes Carolinos, y si aún existen descendientes, hoy en día, pueden ser los Sánchez. Existían otros bandoleros que no se sabe si eran de los mismos Carolinos ubicados en la finca que hoy pertenece a Don Laurian. En otro lugar que estaban era en la quebrada La Pesa (1), ubicada, a unos cuantos metros más arriba de la estación de truchicultura. 


Los Carolinos, temibles bandoleros del páramo
y la aldea Los Paujiles de San José de Bolívar

Los maliantes bandoleros aprovechando la soledad del camino y la oscuridad de la montaña, se ocultaban y hacían sus atracos, porque para esa época a finales del 1800 y principios de 1900, eran pocas las viviendas por esos parajes y sólo se conseguía, los viajeros que iban y venían de la ciudad de La Grita, porque por éste camino se efectuaba el comercio entre La Grita y San José de Bolívar, por allí, se transportaba todos los productos de compra o venta y el dinero de los mismos. 


La Grita era el pueblo que aprovisionaba a los habitantes de San José de Bolívar, de lo que allí, no se producía ; la ropa, las semillas, entre otros elementos de valor. El ganado era llevado por ese camino, por lo que era común conseguir a un arriero de mulas, con cuatro o cinco mulas de carga, transportando alimentos o cualquier mercancía. Por este camino, subían y bajaban los arreadores de ganado, bien sea ; de San José a la Grita o viceversa. Estos hechos se prestaban para que los bandoleros Carolinos, en las oscuras montañas se ocultaran y cometieran sus atracos, con escopetas, garrotes, hachas y machetes, colgando de las ramas, le caían encima al viajero, sorprendiéndole, le golpeaban en la cabeza, o por donde primero podían, hasta darle muerte, desataban las bestias, les quitaban sus cargas, escondían la mercancía robada entre los arbustos, dejaban los animales a la deriva, en el camino, y se ocupaban del muerto o de los muertos, según fuera el caso. Para desacerse de los cuerpos, los bandoleros organizados, ya tenían huecos hechos para enterrarlos, a los que tiraban en el hoyo, y encima le echaban tierra, lo más rápido posible, antes de ser descubiertos por algún otro viajero. Se dice que el nombre de la quebrada La pesa se debe a el matadero que tenían Los Carolinos en esa quebrada.
Más adelante los bandoleros perfeccionaron la técnica, bien sea, porque al seguir apareciendo vecinos se les dificultaba el atraco y tuvieron que irse a hacia la quebrada de La pesa, allá escondida donde nadie pudiera verles para desacerse de los cuerpos, los destajaban en pedazos, esparciéndolos por el monte, la sangre, la lavaban en la quebrada, ocultando lo robado, hasta las horas de la noche, para transportarlo, sin ser vistos, hasta su casa de habitación, en el lugar conocido, como las laderas, en la finca de el difunto Pablo Carrero.


Recreación del bandido Pantaleón Sánchez Mora
muerto de un tiro de bala el 30 de octubre de 1895

Con el paso del tiempo, tuvieron que valerse de otras alternativas para lograr su cometido, pues hicieron de su casa una casa de posada, donde los viajeros, que por allí pasaran, podían entrar a tomarse un jarro de café, almorzar o cenar, según fuera el caso, dependiendo del huésped, le ofrecían su servicios de posada, claro, los Bandoleros aprendieron a calificar los huéspedes, si aparentaba tener dinero o su cargamento era grande, era una buena tajada para los dueños de lo ajeno, por supuesto, la atención era superior, para lograr que se quedaran a dormir allí, y en la noche poderlos matar y quitarles todo lo que traían. Dicen que muchas veces usaban un veneno en la comida, preparado con plantas silvestres ; Munse con Barbasco, un preparado que se les podía echar en gotas, en cualquier comida o bebida que se quisiera, lo que causaba un adormecimiento en la persona que lo tomara, y en altas dosis podía causar la muerte. Otra de las formas de cometer los asesinatos era esperando que el inquilino se fuera a la cama, quizá ebrio por algún merjurge (brebaje) preparado y suministrado en su comida, o en el "palito de miche" (2) le llegaban a la habitación y con una lanza le traspasaban el corazón dándole una muerte casi instantánea, según otras informaciones que ruedan, en las voces de los rioboberos, que han llevado de una época a otra, mediante el más antiguo y único sistema de relacionarse de la humanidad, la fonación articulada. 
Así como este relato narrativo, hay muchas historias fascinantes en nuestro pueblo, que servirán de estudio, cuando se haga necesario aprender más de lo nuestro, que el bombardeo de otras literaturas extranjeras cuando en realidad en lo nuestro está la esencia del sentir, regional que nos identifica culturalmente dentro de un grupo heterogéneo y forma parte de nuestra sociedad, que termina siendo humana, pero cada una arraigada a su entorno, a sus tradiciones y costumbres creando la esencia de cada ser social. por lo tanto, el gentilicio riobobero no puede estar ajeno a esto, porque la historia y la cultura son como el alma de cada pueblo, sin ellas, no se existe el pueblo, siendo la literatura la que le hace trascender, mediante la escritura, para que la posteridad sepa de su existencia, por los siglos de los siglos. 


NOTAS:

1 En San José de Bolívar, Pesa le llaman al lugar donde se hacen matanzas de ganado para la venta de carne. Lugar de muerte.

2 Dícesele a un trago de licor, producido por la fermentación de panela (papelón) con agua, y destilado en un alambique. Licor que le llaman "Miche". Aguardiente propio de esa región.