martes, 31 de agosto de 2010

LOS BIKINIS LLEGARON A SAN JOSÉ DE BOLÍVAR

Por: José Antonio Pulido Zambrano


Damas de San José de Bolívar en los años 70

Jamás se le paso por la mente a aquellas damas y señoritas de los años 70 llegar a usar Bikinis, primero por el tabú del pueblo, segundo por el frío inclemente. Si era bien cierto que algunos fines de semana se visitaban los ríos de las aldeas, la mujer riobobera se bañaba casi vestida por decirlo de una manera, en franela y pantalonetas muy largas y el riobobero soñaba con el mar y algunos se conformaban con verlo en postales enviadas de Caracas o Maracaibo.

Postales de los años sesenta

Hoy día con el llamado calentamiento global, nuestro pueblo climaticamente hablando ha variado, hoy si es bien cierto que aún la neblina se atreve a bajar y morar en las calles de la población, el calor tambien ha ido posesionandose del mismo, de allí que los pozos de los ríos continuen como tradición, pero como respuesta al turismo, las autoridades municipales han invertido en piscinas y balnearios, y es así como es común ya ver una mujer en Bikini o traje baño, caminando lo más normal, cosa que en tiempo de Doña Teotiste jamás se hubiese imaginado.
Hoy ya la Aldea Mesa de San Antonio suplió los viejos por un Balneario, ubicado en el Sector de Los Amarillos. Y en el pueblo la Posada San José cuenta con dos piscinas, una para adultos y otra para niños, como dice Oscar Yañes: "Así son las cosas".

Río San Antonio en los Años noventa
(Foto cortesía de Anny Machado)


Piscina de la Posada San José
(Fotoarte Tony Pulido)

lunes, 30 de agosto de 2010

EL MOTORIZADO FANTASMA



Por: José Antonio Pulido Zambrano

El día 4 de agosto, en la muerte de Humberto Franciscony, se observó una nueva modalidad en un entierro, más de 100 motos acompañaron el féretro de quién fuera el primer motorizado del pueblo.

Unido a esto ha llegado al pueblo una fiebre por las motos, que los rioboberos deben andar con sumo cuidado al desplazarse por las calles, ya que uno de estos puede llevárselo, pues parece que estamos viviendo en un pueblo sin ley. Días pasados un joven tuvo un accidente en uno de estos aparatos y no tarda que allá un muerto pues, San José de Bolívar se parece más a uno de esos pueblos del oeste, pues aquí cada quién quiere hacer lo que quiere y a eso se le debe poner un parado, por eso señores autoridades a ponerle la lupa a este planteamiento.

Ahora en el pueblo circula en las calles y en las voces de las abuelas que en el siglo pasado llegó el diablo en caballo, en los años sesenta en automóvil, y en pleno siglo XXI, el diablo anda en moto en San José de Bolívar. A principio esto suena a chiste, pero según los habitantes de San José de Bolívar, en horas de la madrugada han visto un motorizado, todo vestido de negro que recorre las diversas calles de San José de Bolívar. Parecerá extraño, pero una abuela señaló que es el diablo quién ha traído estas motos al pueblo para generar desorden, peleas, tomadera de miche, y son ya varios los jóvenes que señalan que el motorizado fantasma existe, que es muy alto, de canillas extremadante largas, y que sube por la calle central dejando un olor a azufre por donde pasa, dejando a quienes le han visto mareados, no sabemos si por el licor o por la madrugada.

EL PADRE LIBERTADOR; JOSÉ RAMÓN SALCEDO Y LA FUNDACIÓN DEL MUNICIPIO FRANCISCO DE MIRANDA

José Antonio Pulido Zambrano
Individuo de Número de la Academia de Historia del Táchira

En el momento de escribir estas líneas se han cumplido más de 18 años desde aquel mágico 1992. Una fecha que cambiaría mi vida …
Fue en aquel lejano 1992, que me gradué de bachiller, despedí a Mayra y conocí al Padre José Ramón. Sí, fue en aquel lejano 1992 cuando, de pronto, descubrí que mi pueblo era un “pueblo encantado”. Al iniciarse 1993 ingrese al Grupo Juvenil “Seguidores de Jesús”, y allí se dio inicio a una gran amistad … Luego fundé el teatro Mascarada con Elvidio Márquez, Oscar Santander, José Chacón, José Ignacio Silva y mi hermano Pedro Alexander Pulido. En esos avatares conocí al padre José Ramón Salcedo.


El padre José Ramón Salcedo y mi hermano Nixón Pulido

El Padre José Ramón había nacido en Colon. Y, desde muy temprana edad tuvo una fuerte inclinación hacia Dios. Fue al Seminario de Palmira y allí de la mano de Monseñor Marco Tulio Ramírez Roa fue ordenado sacerdote y su primer presbiterio fue San José de Bolívar. Con apenas 23 años llegó asumir la parroquia. Muchos lo veían muy niño cuando llegó al Río Bobo, pues el pueblo estaba acostumbrado a sacerdotes por decirlo más avejentados.
El padre José Ramón hoy me recuerda a otro sacerdote que marcó al pueblo, el padre Santos. El padre José Ramón se encargó de la "Infancia Misionera" dejada por el padre Jesús Campos y fundó el Grupo Juvenil “Seguidores de Jesús”, agrupación cultural que dio sus avances en teatro, danza y regazo espiritual. Aún se recuerda el montaje de la obra llanera “El Silbón” bajo la dirección del padre José Ramón Salcedo. O la obra de teatro infantil “La Cucarachita Martínez y el Ratón Pérez”. O su desprendimiento por el "Vía Crucis" de Semana Santa.
El padre José Ramón, bajo de estatura, delgado, era una hormiguita en el trabajo de nuestro pueblo, un hombre de amanecer hasta que el piso de nuestra iglesia brillara como un espejo ante la visita del señor Obispo en las Ferias patronales.
El padre José Ramón, el hombre culto, de lecturas criticas, de voz fuerte, que en sus homilías no comía cuento para decir las verdades que en el pueblo se callaban; atacó el alcohol, la droga, la infidelidad que se desborda en las madrugadas frías de la comarca y sobre todo la indiferencia ante la pobreza de nuestros coterráneos.
Y la lucha fuerte fue su tesón para que nuestro pueblo fuera llevado a Municipio, el como el Libertador forjó no una espada en sus manos, sino forjo una voz que se alzó en estas montañas, para destrozar de una vez por todas las cadenas que nos tuvieron subyugados y olvidados por mucho tiempo al gran imperio de La Grita. Fueron muchos los que se opusieron, pero el Padre José Ramón al lado de valientes rioboberos independizaron a nuestro pueblo, y lo más triste es que nuestro padre José Ramón fue expulsado luego, al igual que Bolívar, de este pueblo, que era su terruño, expulsado por las voces mezquinas que se esconden en las esquinas de este pueblo del confín del mundo.
Las autoridades que asumieron el poder autónomo como municipio Francisco de Miranda se olvido de José Ramón (perdone el lector esta confianza), si estas autoridades lanzaron al exilio del olvido a José Ramón, pero José Ramón Salcedo, “el Libertador Riobobero” quedo entrañado en los corazones que le conocimos, muchos señalaron que se debía a que José Ramón se había politizado hacia un sólo bando, lo cierto es que luego se le pagó con el exilio, más no con el olvido.
Después José Ramón se hizo Capellán, viajó a Roma y España, hoy se sigue cultivando espiritualmente desde la lejanía, y en lugar de su corazón perdura el grito (¡No de Dolores!), el grito independentista de los rioboberos.

domingo, 29 de agosto de 2010

A SON DE MÉXICO: COMO TÁCHIRA NO HAY DOS…

Carlos David "El pequeño potrillo"
(Foto en Facebook del artista)

Por: José Antonio Pulido Zambrano

El último concierto de Don Chente en San Cristóbal, el 26 de septiembre fue muy emotivo, no sólo porque volvía el número uno de la canción ranchera a estos andes venezolanos, sino oír cantar por primera vez junto a Vicente Fernández al pequeño Carlos David Romero, el pequeño potrillo. Ese momento quedo grabado en los corazones de quienes asistimos a dicho evento, un momento para la historia Tachirense. Anoche volver a ver a Carlos David en el programa que transmite Venevisión Yo si Canto, y dedicarle la canción “Mi querido viejo”, aquella que en la película de igual nombre dedicara Alejandro a Don Vicente, las lágrimas volvieron a nuestros ojos, al recordar cuantas veces la hemos cantado a nuestro padre, y ver con qué seguridad y maestría este chiquillo domina el escenario y gritar “Ay viene mi apa, un aplauso”, fue de nuevo otra imagen para el recuerdo, cuando Carlos David le canto a su padre José Gregorio Romero Moreno. En la plaza Monumental de San Cristóbal, casualidad canto “Cuando yo quería ser grande” con su otro padre, claro padre artístico y de admiración, Don Vicente Fernández.


Concierto en San Cristóbal, 26 de septiembre de 2009


Momento del Concierto en San Cristóbal

Y en estas reflexiones, de donde le viene al tachirense, ese gusto por la ranchera, pues yo desde que tengo memoria recuerdo a mi padre entonando las canciones de José Alfredo Jiménez y Antonio Aguilar. Es más, aún conservó un casette de José Alfredo Jíménez donde canta “El Rey” y otros tantos éxitos, casette con el que mi padre enamoró a mi madre, y yo de chico no me cansaba de escucharlo. Pero el gusto por lo ranchero viene de tiempo más atrás, pues me cuenta mi padre que antes los pueblos andinos, los de montaña más que todo, colocaban en las Plazas Bolívar películas del Cine de Oro Mexicano, por lo que nombres como Pedro Infante y Jorge Negrete era común oírlo en las bodegas y licorerías de los pueblos. Fueron muchas las rockolas que dejaron oír “Amorcito corazón” y “El charro mexicano”. La primera película que se proyecto en un cine de San José de Bolívar fue “La oreja rajada” de Pedrito Fernandez.


Pedro Infante y Jorge Negrete

Estas memorias en lo particular las escribo de lo que ocurrió en pueblitos tan hermosos como: San José de Bolívar, Queniquea, San Pablo y Pregonero. Pero la afición charra iba más allá. La capital del estado Táchira, San Cristóbal, no sólo ha contado con la presencia en los últimos tiempos de: Vicente, Alejandro y Pedrito Fernández, no, nuestra bella ciudad conto en los años cincuenta con la visita de personalidades mexicanas como: Mario Moreno “Cantiflas”, quién toreo en la plaza de La Concordia para unas Ferias de San Sebastián, y las fotos de ese momento aún se pueden ver en el antiguo “Bar Cacique” en la parte baja de La Ermita. Así mismo estuvo en nuestra ciudad el gran Miguel Aceves Mejías.


Miguel Aceves Mejías


Pedro Fernández

Por otro lado “Ecos del Torbes”, trajo en los años sesenta a Don Antonio Aguilar y su espectáculo de caballos, allí sonaron canciones como: “Caballo Prieto Azabache”, “Noches tenebrosas” y “Por el amor a mi madre”. Es más, cuentan que hasta el mismo Pedro Infante visito Capacho Viejo. Por su lado Luis Miguel en el año 1992 deleitó con unas rancheras y boleros al público sancristobalence.


Don Antonio Aguilar, el ídolo popular de San José de Bolívar

Y aún en los pueblos de montaña se observa y se siente ese fervor por lo Mexicano. De allí que no es extraño que Carlos David, el pequeño potrillo, lleve en sus venas sangre andina con recuerdos mexicanos. Por ello, consideró que Alejandro Fernández y Pepe Aguilar ya tienen un niño que promete mantener viva la tradición charra por muchos años más. Aplausos por Carlos David.


José Gregorio Romero Moreno y su hijo el pequeño potrillo "CARLOS DAVID".
Orgullo tachirense.
(Foto tomada del Facebook del artista.

sábado, 28 de agosto de 2010

LA HISTORIA DE LA SEGUNDA FUNDACIÓN DE SAN JOSÉ DE BOLÍVAR

Por: Alix María Ramírez García.

El 15 de febrero de 1883, los vecinos del Río Bobo redactaron el acta de la segunda fundación, cambiándole el nombre a San José de Bolívar, San José a petición del Padre Fernando María Contreras y de Bolívar por sugerencia de Don Ramón de Jesús Pulido, por estarce celebrando el centenario del libertador. La junta principal estuvo presidida por: Rafael Contreras Duque, Ramón de Jesús Pulido, Rafael Chaparro, Evaristo Peñaloza, Miguel Franchescony, Reyes Roa y Antonio Vivas, con cincuenta y siete vecinos más. ¿Pero, por qué se fundó este pueblo? ¿Cuáles son los motivos para qué naciera San José de Bolívar como poblado? Sabemos por la oralidad que en 1807 se fundó un pueblo con el nombre de “Valle del Espíritu Santo”, que fue destruido luego en 1817 por el Dr. Antonio Bernabé Noguera.


Según el manuscrito del señor José Saturnino Peñaloza, el pueblo se fundaría a raíz de un pleito entre queniqueos, un día domingo del mes de noviembre de 1882, donde saldría herido el joven Pedro Juan Pulido. Esto abrió una brecha entre los queniqueos, y en diciembre de 1882, Don Ramón de Jesús Pulido y sus hijos se vienen a vivir al Río Bobo. En enero de 1883 se hace una primera reunión con la intención de fundar un pueblo donde siempre quisieron los antepasados, entre ellos estaban Don Ramón Pulido y sus hijos, Don Jesús Vivas y Don Rafael Contreras Duque. Los primeros días de febrero, una comitiva viajó a Queniquea a invitar al cura, para que éste los orientara en la reedificación de la iglesia.
Fue así, el jueves 15 de febrero, quedó establecido el pueblo, y como dice el acta de fundación, a partir de aquel día histórico, en el sitio del Río Bobo que desde ese día en adelante se llamaría San José de Bolívar. El 19 de marzo de 1884, la iglesia fue bendecida por Monseñor Jáuregui Moreno.

UN GRUPO MÁGICO EN SAN JOSÉ DE BOLíVAR, EL CLUB 5 V

Por: Ana Yeraldin García Chacón

Logo del Grupo el CLUB 5V

A finales de los años 70, en el pueblo de San José de Bolívar, funcionó un grupo para jóvenes que dictaba talleres de formación y llevaba el nombre de Club 5 V. Pero este grupo tiene una historia particular que se remonta a los años 50, pues fue implantado en el país en la época de Pérez Jiménez.

Marcos Pérez Jímenez

Comenta el señor Isidro Escalante que el Grupo 5 V llegó al pueblo a finales de los 60, para ello vino un Perito Veterinario llamado Pedro Tapias, un 5 de marzo de 1957 se fundaría la agrupación en el poblado. Con el grupo se empezó a limpiar los terrenos donde hoy funciona la Escuela “Regina de Velásquez”. Asimismo expresa el Dr. Lubin Pulido que fue para esta época que el pueblo conoció por primera vez la zanahoria y la remolacha, que fueron sembradas en parcelas en el sector donde hoy se ubica la escuela. Allí también se trabajaba con gallinas, conejos, carpintería y ebanistería. En esos tiempos se trajó la especie de gallina conocida como Plimun. También se creó un Caja de Ahorros para los integrantes del grupo con el objetivo de afianzar el ahorro que se entregaba a los miembros al final de cada año. Los pioneros de este grupo fueron: Hildemaro Mora, Luís y Víctor Guerrero, Luis Omar Urbina, Miguel Guerrero, Ramón Rojas, José Sandalio, Reinaldo Labrador, Freddy Pulido, Rodrigo Roa, Manuel Labrador, Isidro Escalante, Emiliano Contreras, Ricardo Peñaloza, Ramón Ignacio Romero, Argimiro Romero y Lubin Pulido. Debemos recordar que para esta época la Escuela de Varones estaba separada del Grupo de las Hembras. Después viene una segunda generación expresa Gerardo Escalante, el grupo pasa a ser dirigido por el seminarista Alejo Chacón, orientado por el señor Antonio Arellano quién llega al pueblo a dictar cursos. En estos días el Club 5 V pasa a funcionar en la casa de Don Eugenio Pulido, en la casa de Doña Paula Contreras y luego se alquiló la casa de Don Nicolás rosales, donde luego funciono la Biblioteca. En estos días se recuerda el grupo de Lucha libre que fundara el señor Humberto Labrador, destacándose los jóvenes Marino Méndez y el señor Gerardo Guerrero, y en Boxeo Ángel Méndez. Son de esta segunda generación Manfredo Vivas, José Gregorio Guerrero, Gerardo Rosales, Saul Ramírez, Homero Ramírez, Simón Santander y Gerardo Escalante. En esos tiempos Atilio Rosales y Campo Elías Zambrano mudaron el club a la casa de la señora Eulalia Peñaloza.


En 1979 viene a dirigir el Club 5 V la profesora Maritza Contreras, e integran para esta tercera generación: Nelly Pulido quien era muy tremenda, Noraima Duque, Omaira Bonza, Cira Moncada, Nelsa Duque, los hermanos Argenis y William Becerra, Benilde Rodríguez, Belkys Mora, Yaneth Pulido, Dulce Vivas, entre otros.
El objetivo que perseguía este grupo era la enseñanza de las distintas artes y oficios para desenvolverse en la vida. En él se hacían presentaciones y actos culturales. El grupo Club 5 V se reunía en los años de 1979 en la casa de la señora Teotiste Chaparro o donde la señora Rosa Bonza. El grupo tenía por norma que aquel integrante que fuera indisciplinado, el grupo se reunía en sección ordinaria y si la falta era grave, el integrante era expulsado de la agrupación. El Club 5 V tenía una simbología que significaba: Valor; es igual a respeto. Vigor; es igual a fuerza, a estar vigente. Verdad; es tener conformidad con lo que se dice, con lo que se siente o se piensa, decir la verdad como cosa cierta. Vergüenza; es igual a asumir culpas del agravio o daños recibidos. Venezuela; el país donde vivimos y al que debemos querer.
Hoy día los que fueron integrantes de este grupo son profesionales, cada uno se fue por su lado y el grupo quedó paralizado. Si algún día se vuelven a reunir sería bueno que volvieran a refundarlo.

EL TERREMOTO DEL AÑO 1957 EN SAN JOSÉ DE BOLÍVAR


Imagen de la antigua iglesia realizada por el niño Richard Escalante, 
autor de esta Crónica del pasado.

Por: Richard Escalante

Ésta es la pequeña crónica de un hecho, que aconteció en San José de Bolívar, un domingo de pascua, del mes de abril del año 1957. Según datos aportados por el profesor Pulido, en el 1º Libro de Gobierno de la Iglesia de San José de Bolívar aparece de puño y letra del Padre Domingo Guerrero lo siguiente: "21 de abril. 4:20 pm, un temblor lanzó al piso el templo. Terminaba la Semana santa, era domingo de Pascua". Aúnque la señora Magdalena de Rosales, quien fue testigo del acontecimiento, en la plaza Bolívar, situada al aire libre frente a la iglesia de la comunidad, dice que el terremoto fue a las tres de la tarde.


Plaza e iglesia de San José de Bolívar - Año 1954. 
(Foto Barrientos, Archivo Diario Católico).

Cuenta la señora Neri Roa, desde su propia experiencia, que ese día había un silencio total en el pueblo, ella estaba sentada en un banco, cuando de repente todo se empezó a mover, ella miraba hacia los lados y hacia arriba, que todo se movía sin parar, el temor y su miedo era mucho. Ella salió corriendo para donde sus suegros y su niño. Su casa que era de bahareque se abrió en dos.
Señaló la señora Neri que sus suegros Josefa Andrade y José Antonio Escalante le dijeron que este era el tercer terremoto que tumbaba una iglesia en el pueblo, los otros habían sido más duros, el de abril de 1894 hasta había destruido la iglesia de Zea (Merida). El segundo había sido peor, ese fue por el año de 1929, destruyo la iglesia de San José y fue reconstruida en el año de 1930 a 1931, cuando se desempeñaba el padre José Ignacio Moncada. Explicó la señora Neri que la crisis económica de aquellos pobladores era muy crítica, pero eso no fue impedimento para la reconstrucción del templo, se hicieron vendimias, rifas y colectas voluntarias. Por otra parte, narran que en 1930, uno de los pilares de la iglesia se empezó a hundir, los obreros desesperados se agarraban de los andamios, el sudor y el llanto invadieron el pueblo. Allí se supo que la iglesia había sido levantada en un cementerio indígena.


Iglesia de San José de Bolívar - Año 1954.
(Foto Archivo: Fundación Pulido)

El terremoto de 1957 no fue nada diferente cuenta Doña Magdalena de Rosales, que nació el 30 de mayo de 1930. Relata la señora Magdalena que en la ida de los misioneros que habían estado de visita en nuestro pueblo por celebrarse la “Semana mayor” se estremeció el poblado por un terremoto. Ella estaba amamantando a uno de sus hijos. El sismo fue tan fuerte que su esposo Nicolás le decía: “¡Corra, corra, Magdalena que está temblando!” Doña Magdalena señaló que las paredes de bahareque de su casa se agrietaron por la mitad.


Momentos en que se vive la tragedia en el terremoto del año 1957
en San José de Bolívar.
(Foto del albun Familiar de Doña Ana Franciscony).

La gente del pueblo salió a las calles y empezaron a rezar por lo que estaba pasando. Se dijo que fue que algunas personas quemaron pólvora porque los misioneros se iban; esa fue la creencia en esos días, de que al pueblo había caído una maldición decían los aldeanos. 
En el momento del terremoto la señora Jesusa de Pérez, estaba con su esposo y sus hijos, de repente todo se empezó a mover con mucha fuerza, que algunas tejas de las casas vecinas se cayeron. La casa del señor Pacomio Méndez se abrió por la mitad y otras casas también fueron agrietadas. La cúpula de la iglesia se derrumbó. En ese tiempo Don Emeterio Chacón era el presidente de la Junta Municipal y fue él quien busco el cemento para arreglar algunas casas.


Tambo que se debió construir en la plaza Bolívar
(Foto cortesía: Teotiste Chacón)

La iglesia se encontraba sola por eso no hubo muertos, pues el padre Domingo Antonio Guerrero había celebrado la misa a mediodía. Los santos fueron guardados en la casa de Doña Teotiste de González. La imagen de San José la logró salvar Don Timoteo Guerrero. Además otros santos fueron llevados a la casa de las hermanas Romero. Se construyó en la plaza Bolívar, en el centro de la misma un “tambo”, para que allí se celebrase la misa los domingos.En el Libro número 2 de la iglesia de Queniquea - expresa el profesor Pulido - el cual es titulado Libro de Gobierno dice lo siguiente: "Se hizo un tambo o enramada de zinc para el servicio del culto, mientras se construye la iglesia nueva por un valor de Bs. 570". 
Por su parte el señor Pedro Pulido recuerda que en aquellos días la gente le tocó dormir a la intemperie, a él, a su tía la señorita Bárbara y su padre José Antonio, le arreglaron un cajón como cama, así mismo acondicionaron cochineras y gallineros como dormitorios, pues casi todas las casas se fueron al suelo. 


Señorita Barbara Pulido Chaparro

Afirma Don Hipólito García, señor nacido en el año de 1925, que ese día estaba en la Aldea la Costa agarrando frijoles, cuando de momento los arboles empezaron a estremecerse y un ruido ensordecedor inundo la aldea, incluso los animales (vacas, becerros y mulas) corrían despavoridas. Explica el señor Hipólito que aparte de la torre, la Sacristía se abrió en dos. Casi todas las casas alrededor de la plaza se cayeron, incluso la casa de Don Víctor Pulido llamada “la casa del tejar”. Expresa Don Hipólito que eso fue terrible y el lunes siguiente siguió temblando, poquito y leve, pero seguía temblando. 


Don Hipolito García


Fotograma digital de la actual iglesia.

jueves, 26 de agosto de 2010

EL ATAÚD DE MAURICIO GUERRERO

Por: José Antonio Pulido Zambrano

Aún a finales de 1970, muchos rioboberos tenían su ataúd en la parte de atrás de las casas, ya fuera por la lejanía o porque en el pueblo no había funerarias. Hoy día aún en una casita de la aldea Mesa de Guerrero queda un ataúd de esa época, un ataúd de forma hexagonal, todo hecho de madera, de dos piezas realizado en los años 60 por Don Encarnación Rojas, el precio convenido fue de 120 bs. En realidad se mandaron a hacer dos ataúdes, uno para Don Mauricio Guerrero, hermano de Justiniano, Delia y Rosario Guerrero. Cuentan los hijos de Don Mauricio que este le compro a Doña Teotiste Chaparro un par de polainas para llevar en sus dos bestias mulares los ataudes a tan apartado lugar.
Don Mauricio Guerrero había casado con Doña Catalina García y de ellos fueron hijos: Balbino, Blas, Rosa Elena, José Gregorio, Carmen Dionicia y Abraham, éste último era apodado "El Cachirulo" y fue un personaje popular del pueblo en los años noventa con su famosa yegua "Estrellita".
Era costumbre del riobobero de vivir con la muerte, el riobobero nunca le ha temido y quizá por ello era habitual ver un ataúd en la parte de atrás de la casa al lado de un bulto de papas o unas arrobas de café.
El ataúd de Don Mauricio no lo pudo llegar a usar, ya que el día que murió el mismo le quedo pequeño - relata uno de sus hijos y el de Doña Catalina tampoco, pero fue usado por un joven que murió en la aldea y no dio tiempo de buscar otro ataúd.


Ataud de Don Mauricio Guerrero
(Foto Fundación Pulido)

UN HOMENAJE AL DOCTOR ORLANDO CONTRERAS PULIDO

*José Antonio Pulido Zambrano
Individuo de Número de la Academia de Historia del Táchira

Los periódicos de ayer 25 de agosto expresaban que "con dolor y sorpresa nos atrapa la tardía noticia del fallecimiento del Dr. Orlando Contreras Pulido, un hombre público con una vida intachable de lucha a favor de sus mas elevados ideales cristianos". Y usted amado lector dira que tiene que ver esto con los rioboberos, mucho, pues Orlando Contreras Pulido era hijo de Don Jesús Contreras con María Pulido, estos vecinos del Río Bobo se habían casado en la poblasción en 1922. Don Jesús Contreras a su vez era hijo expresa el Dr. Lubin Pulido de. "Don Juan Ignacio Contreras y Doña Genoveva Hernández", estos últimos eran procedentes del sitio Las Tapias, Bailadores, Mérida. Había nacido en San José de Bolívar el 17 de enero de 1936. 
Del matrimonio Contreras Pulido son hijos: José, Orlando y Luz Aída, Abogados; Elena, Rosario y Benilde, Pedagogas; y Conrado, Licenciado en Administración. 
"Al Dr Contreras Pulido tuvimos el placer de conocer muy bien, y lo reconocemos como un hombre amigo de sus amigos, dedicado a su familia y de incuestionable lealtad a la patria" - son las palabras que expreso Braulio Jatar Alonso, Director de Reporte Confidencial.
Por su parte en el periódico Tal Cual dice de manera textual lo siguiente: "Tras una larga batalla con el cáncer, falleció ayer en en Caracas el doctor Orlando Contreras Pulido, quien fuera un dirigente reconocido el partido Copei, y del cual era actualmente uno de sus presidentes honoríficos".


Dr. Orlando Contreras Pulido

Orlando Contreras Pulido era Abogado penalista, criminólogo y experto en materia de legislación municipal, Contreras Pulido sirvió al país como concejal del distrito Sucre y del municipio Libertador, además de ser electo diputado por Carabobo y senador por Nueva Esparta. Asimismo, Orlando Contreras Pulido fue profesor en la UCV, UCAB y Universidad de Carabobo, y el vicepresidente de Copei. En el área internacional ejerció la Secretaría General de la Organización de Cooperación Intermunicipal.


Elena Casas de Contreras y el Dr. Orlando Contreras Pulido

El periódico Tal Cual señala: "Al confirmar la noticia del fallecimiento, Roberto Enríquez, presidente de la tolda verde, calificó la desaparición de Contreras Pulido como la dolorosa ausencia de un gran venezolano y socialcristiano” y recordó que "fue un gran dirigente socialcristiano y con notable presencia en la Organización de Cooperación Intermunicipal, en la cual ejerció la secretaría general".
Enrique Naime, exaltó su cualidad de "gran luchador por la libertad y la democracia venezolana y del continente, un dirigente fundamental de la democracia socialcristiana".
Los restos del doctor Orlando Contreras Pulido fueron velados este miércoles 25 de agosto durante toda la mañana en la sede nacional de Copei, de donde fueron trasladados al Cementerio de La Guairita para su cristiana sepultura.
En una nota de prensa de UNION RADIO en el 2006, Orlando Contreras Pulido Presidente de Copeí expresaba que: "el único país donde se aplaude el fracaso es en Venezuela", manifestando que mientras los venezolanos experimentábamos en el día de ayer un sentimiento de frustración, de rabia, de indignación y de tristeza, "el presidente de la República (Hugo Chávez Frías) aplaudía". Puntualizó en esta nota de prensa Orlando Contreras Pulido que: "Los venezolanos presenciamos el desplome de una de las obras de ingeniería más importantes del siglo XX, comparable con otras orgullo de la humanidad, como la del canal de Panama”.
En las Redes Sociales de Twitter se leá: "Orlando Contreras Pulido, activista político y ex presidente de Copei, murió ayer en la madrugada, luego de una penosa enfermedad. Roberto Enríquez, presidente de esa organización política, dijo que Contreras Pulido ¬que luchó durante varios meses contra la enfermedad¬ será velado hoy entre las 8:30 de la mañana y las 2:00 de la tarde en la sede nacional del partido para posteriormente partir a su última morada".
En mi Facebook César Peñaloza Roa expresó que Orlando Contreras Pulido fue un gran "luchador denodado y honesto. Un gran venezolano: Orlando Contreras.- Docente honorable, buena gente".


Familia del Dr. Orlando Contreras Pulido
(Foto que aparece en su Facebook)

El 31 de mayo del 2009 recibí a las 12:37 de mediodía el siguiente mensaje de Orlando Contreras Pulido y lo quiero transcribir para ver la humanidad de este gran riobobero: "Querido José Antonio, hace poco llegó a mis manos el ejemplar de la Revista Riobobense que con tanto acierto diriges. Para los Rioboberos como yo, que vamos poco al pueblo pero que no lo olvidamos, este reencuentro a través de las páginas de tu revista fue particularmente emocionante. Mucho éxito.

lunes, 23 de agosto de 2010

LÍRICA Y CAMPO: FRAGMENTOS HISTÓRICOS DE LA MÚSICA EN SAN JOSÉ DE BOLíVAR

Por: Italo Vivas.

San José de Bolívar, ha tenido una historia musical poco conocida. En la actualidad, es el grupo musical “Los Guacharacos” quien representa esa esencia musical, que nos dejaron nuestros antepasados, que ahora llevan los hijos y nietos con nuevos acordes de lo que hoy se conoce como merengues campesinos, pero sin perder la esencia del olor al campo riobobero.
Señala Ramón y Rivera (1961: 15) que: “La música que hoy en día se encuentra en boca del pueblo tachirense es de origen europeo. No hay vestigios de la música indígena, que sin duda debió existir”. Esto quiere decir, que la música que se escucha hoy día en San José de Bolívar, tiene sus raíces de la madre patria España.
Los primeros datos sugieren que Domingo Pulido tenía en Los Paujiles a principios de 1900 un acordeón, característica de la música tachirense con los nexos que lo unen a la música de Colombia, como bien lo explica Ramón y Rivera (1961: 23) en su libro Folklore Tachirense. Asimismo en el Río Bobo expresa el profesor Horacio Moreno (1982: 214), que en el año de 1915 el señor Luis Romero trajo un Clarinete, este señor Luis Romero venía de Coro y es de resaltar que Ramón y Rivera (1961: 21) expresa que tanto en Falcón y Táchira se encuentran piezas musicales comunes como son: El manzanares, El guarapo, La paloma y la Guacharaca, entre las piezas de baile. Mención aparte es la anécdota que narra el señor Pedro Pulido sobre el músico Francisco Zambrano, quien para salvar su vida a ser azotado con cien varas de manzano en La Grita, en plena época gomecista, pidió como última voluntad que le trajeran un Bandolín e interpreto el Himno Nacional, con esto salvó su vida y fue nombrado Prefecto de San José de Bolívar en 1927, verdad o leyenda, lo cierto es que los músicos no han sido ajenos a la historia de este pueblo.
Por lo dicho anteriormente, la música no ha sido desconocida en San José de Bolívar. En los años de 1940 aparecen músicos como: Luciano Rojas con la sinfonía, Emilio Peñaloza La Cruz con el acordeón y Doroteo Vivas con el Requinto. En el año de 1950 son músicos: Ramón Zambrano con el Violín, Balbino y Gilberto Guerrero, Luis Velandria, estos tres músicos de Los Paujiles, tocaban el cuatro, el Bandolín y el Guitarrón. Héctor Francisconí con el Bandolín. En la aldea La Costa figuran: Máximo Guerrero, Francisco Vivas, Pedro García, Pilar y Eliseo Escalante con música de cuerda. En la aldea Río Azul Cesario Pernía con el Violín y Rubén Debia con el Tiple. Asimismo se recuerda a Sotero Márquez y su interpretación: “La canción de los nueve perros”.



Abelino Pérez 


En los años de 1960, proveniente de Pregonero llega Domingo Mora en el requinto y en el Bandolín Rumualdo Araque de Mesa de San Antonio. Baudilio Zambrano “El Cantaclaro” de San Rafael con el Requinto. Pedro Rodríguez con el Bandolín. Abelino Pérez con el Violín y la sinfonía, Miguel García con el Guitarro y el Violín, Bonifacio Francisconi con el cuatro. En los años de 1970 aparece Vicente Vivas y Bonifacio Vivas.
Una característica especial tiene la música en los velorios de angelito, a una familia llamada los “Cantarines” compuesta por: Antonio Rojas y Rosa Zambrano y sus hijos Alfonso, Samuel y Doris. Es de expresar que Ramón y Rivera (1961: 16) señala que “hay además un importante elemento tradicional ya imposible de recuperar, y es la costumbre de cantar las mujeres junto con los hombres”, cuestión que no se da en San José de Bolívar, como hemos visto con Rosa Zambrano, Doris Rojas y mas actualmente con Leidy Vivas, vocalista del grupo “Los Guacharacos”.


Italo Vivas con músicos de la comunidad como Domingo Mora, 
David Vivas y Vicente Vivas.



Guacharachos Undegraund

El nombre “Los Guacharacos” proviene de un apodo que le colocaron al señor Doroteo Vivas, ya que por ir a las parrandas, velorios de angelitos, por los sitios donde él trabajaba picando leña, recogiendo café, iba siempre cantando alegre y los amigos le decían que parecía una guacharaca, haciendo bulla y desde ahí le colocaron el sobrenombre del “Guacharaco”, ya que cada vez que lo veían venir, decían y comentaba la gente: “Hay viene el guacharaco”.


Doroteo Vivas y sus nietos

De la unión matrimonial de Doroteo Vivas y Ninfa Araque nacieron 10 hijos: Melitón, Rosario, Andrónico, Eduviges, Roberto, Abelino, Cirilo, Itala, Jesús y José Amador Vivas Araque. Después cada hijo de Don Doroteo Vivas se casaron y cada matrimonio tuvo de 10 a 12 hijos, por lo cual la familia creció y el apodo siguió, ya que todos tenían el talento de la música campesina y así fueron conocidos como los guacharacos.
Después con el tiempo, los nietos de Don Doroteo Vivas fundaron una agrupación musical llamada “Five de la playa”, que quería decir los cinco de la playa. Los integrantes de ese grupo eran: Terecio y Elías Vivas, hijos de Círilo Vivas; Armando, Italo y Ramiro, fijos de Amador Vivas. Este grupo los “Five de la playa” tocaban música tropical y merengue, muy lejos de la música campesina, tocando y alegrando fiestas en los tres pueblos vecinos (San José de Bolívar, Queniquea y San Pablo).


Amador Vivas y Rinelda Pernía el día del matrimonio

Ya en el 2000, por iniciativa de Rodrigo, Fidel y Terecio Vivas, decidieron grabar un C.D. de merengue campesino, ya que era un sueño anhelado por todos, y por supuesto el nombre del grupo sería “Los Guacharacos”. Así nació “Soy Guacharaco”, su primera producción musical, a ella le siguen: “Guacharaco emparrandado”, “Música campesina, versión cristiana”, “Super Guacharaco” y “Venimos con todo”. Los integrantes de esta agrupación son: Rodrigo Vivas (Director), Fidel Vivas (cuatro y compositor), David Vivas (Guitarra puntera), Armando Vivas (segunda guitarra), Terecio Vivas (Bajo), Javier Vivas (Guiro y voz líder), Johan Vivas e Italo Vivas (Timbales y tumbadoras) y Leidy Vivas (La voz femenina). 
Hoy los más pequeños siguen los pasos que dejaron en la niebla las alpargatas del abuelo Doroteo, pues todo niño guacharaco lleva la música en el corazón. 


Grupo de música Campesina "Los Guacharacos"
San José de Bolívar


La música campesina sigue sonando gracias a grupos como "Los Guacharacos"

REMEMBRANZA A DON VENANCIO DE JESÚS RAMÍREZ ANDRADE

Por: José Alexander Ramírez

Nació el 1º de abril de 1925 en Laguna de García, Pregonero. Sus padres fueron: Ricardo Ramírez y Francisca Andrade. A los siete años empezó a ayudar en los trabajos que le ofrecían sus padres. A los 15 años sabía toda clase de trabajo pesado. Para dormir en las noches, en aquella época se arropaban con costales de fique que venían con sal de grano llamados “Motosos”, los cuales eran cosidos por la señora Francisca. Su estudio fue poco (Escuela Nacional Las Mesas – Laguna de García – Pregonero), pero aprendió lo más elemental: Leer y escribir, que le fueron útiles en su vida.
En su juventud realizó viajes, uno de ellos a Pregonero, donde vendía conchas, manzanillo, que servían para curtir cueros de animales. Donde él se hospedaba le servía de hotel y restaurante. Una vez fue a comer, pero no tenía dinero, la dueña estando allí lo insulto, le dijo que no fuera sinvergüenza ni tramposo, que cuando una persona no tenía dinero pues no comía.
Contrajo matrimonio el día 8 de diciembre de 1944 con María Feliciana Carrero Chacón, de 20 años de edad, hija de Abraham Carrero y Margarita Chacón. Se casaron en la parroquia San Antonio de Padua que pertenecía a Pregonero.
En el matrimonio nacieron once hijos: Rafael, Miguel, Diómira, Yolanda, Azael, Ricardo, Aurelio, Eladio, Enrique, Carmen y Balentin. Vivió 18 años en su rancho de gaita (especie de canutillo) en el Caserío Las Mesas de la aldea Laguna de García, Distrito Uribante, donde nacieron y se criaron sus primeros 8 hijos.


En el año de 1960 se vino con su familia a vivir en el Caserío Quebrada Grande. Pasaron muchos trabajos y siguieron luchando contentos y felices; los muchachos aprendieron a trabajar (limpiar pasto, labranzas) y acompañaban toda la familia en los quehaceres diarios, fue así como hicieron una casa de tejas y paredes pisadas.
En 1983 se afilia al Programa de Ganadería de Altura. Realizó obras sociales en beneficio de la comunidad, ayudó a construir viviendas a algunos necesitados. Su mayor riqueza fue amar a Dios sobre todas las cosas con mucha sencillez.
Fundador de la Escuela Quebrada Grande en el año de 1958.
Su trabajo consistía en cultivar sanes, maíz, arveja, frijol, entre otros. De igual manera tenía vacas que ordeñaba su esposa Feliciana cuando él no estaba.
Así comenzó a hacer dinero para comprar becerros que vendía con una ganancia de 20 Bs, esto lo empezó a ahorrar y fue así como comenzó con un lote de montaña barato y por letras, hasta que compro una gran finca.


A la edad de 77 años muere a causa de una larga enfermedad (Cáncer de próstata) el día 14 de mayo del 2002.

jueves, 12 de agosto de 2010

CUENTOS DE HORROR EN EL MUNICIPIO FRANCISCO DE MIRANDA

Por: José Lubin Pulido Chaparro
Cronista de san José de Bolívar


La historia de CRUZ MULA



Conocí en mi infancia a una señora de unos 75 años, blanca, delgada y arrugadita, sus dientes de la mandíbula superior se habían caído dejando visibles dos grandes y negros colmillos, cuyo nombre era Cruz y la apodaban Mula. Pregunté a Don Natividad Moncada porque le decían mula y me refirió que a comienzos de 1900 habitaba en La Playa, aldea La Pérez, un cura de apellido Mora a quien habían prohibido el ejercicio sacerdotal por problemas de faldas. En su casa la joven Cruz hacía las veces de cocinera y pasado cierto tiempo se observó que dicha joven estaba embarazada y el causante era el referido sacerdote. 
La bestia mular, según tradición religiosa, comió la paja donde acostaron al niño Jesús a su nacimiento, siendo condenada a la infertilidad por tal hecho. No se sabe porque razón a las mujeres que hubiesen tenido relación con sacerdotes las catalogan de mula y decían que se podía saber si una mujer estaba embarazada de un sacerdote, porque dejaba la huella del casco de la mula al caminar descalza. Seguí por varios días a la señora Cruz, a fin de constatar si dejaba la huella de su pie en forma de casco de mula, e incluso la vi descalza caminando por un lodazal, dejando la huella de su pie, no la de mula.
Me comentó Don Atilio Roa que en la época en que estaba embarazada, cuando se dirigía descalza a la era, muy bien delimitada con caña brava que impedía la entrada de gallinas, cerdos o cualquier otro animal que pudiera dañar las hortalizas, en busca de cebolla y perejil. Al salir y entrar la joven mencionada, se podía ver claramente la pisada de una bestia mular sin que dañara las hortalizas de la huerta. Hoy día es imposible constatar las pisadas de mula. Las damas andan todo el tiempo con flamantes calzados que impiden marcar la huella.



El Patio de las Brujas 


En tertulias que se realizaban por las noches en la bodega de mi padre, contaban que en algunos terrenos desolados de los alrededores de nuestra pequeña comunidad, era lugar propicio durante las noches de luna llena, para que se reunieran las brujas de diferentes estratos y regiones a bailar y hacer orgías, se reían a mandíbula batiente con espeluznantes alaridos. Si alguna persona pasaba por dicho sitio, lo dormían y al día siguiente se despertaba, a veces en el mismo lugar o en otro lugar distante, presentando moretones y arañazos en su cuerpo y sólo recordaban cuando las brujas lo habían atacado. Me aseguró Rafael Quintero La Cruz, que en El Topón, precisamente sobre la caja de agua, en varias oportunidades vio una gran cantidad de perros, ratas y pavas, danzando encima de dicha caja. Muchos trasnochadores de oficio en esa época, solían cargar, en el sombrero, en la cartera o en los bolsillos, una cruz de ramo vendito para librarse de esos espantos. En muchas ocasiones en las casas se oían ruidos en las noches, generalmente las mamás gritaban: “venga mañana por sal o panela”, cual grande era su sorpresa que a los primeros rayos del sol, su comadre tocaba a la puerta para prestarle sal o panela. 


Recuerdo dos hechos insólitos: Estando muy pequeño, vi revoletear un tominico durante las primeras horas de la noche, en nuestra casa solariega, luche por largo rato hasta atraparlo, lo encerré en un canasto de coger café y le coloqué una piedra encima para ver que hacia al día siguiente con el pajarito, muy temprano en la mañana fui a buscar el pequeño animal, el canasto estaba volteado y había escapado, y me dijeron: “eso era seguramente una bruja”. 
El otro hecho, ya adulto, estaba arreglando un corral en mi finca, de pronto oigo un ruido al pie de un curo, me dirijo al sitio para saber de que se trataba, diviso una pava, vieja, flaca y un tanto desplumada, trato de agarrarla, sale volando y recorre mas de un kilómetro, no natural en ese tipo de animal. 
Comentan los vecinos que en las cercanías habita hoy día alguna bruja.

LA MESA DE LOS MUERTOS EN SAN JOSÉ DE BOLÍVAR

Por: José Antonio Pulido Zambrano
Individuo de Número de la Academia de Historia del Táchira

Por mucho tiempo estuvo a la entrada del cementerio de mi pueblo San José de Bolívar una mesa, de la que muchos quizá ni sabían su historia. La mesa estaba pintada en un verde claro, era muy extraña y sobresalía de ella la plataforma pues tenía una variedad de agujeros que llamaba la atención. Sus bases o “patas” como le llaman en el mundo de los carpinteros medían un metro, y su superficie o base era de dos metros por noventa centímetro, el grosor de una cama individual. Con el tiempo me entere que esa mesa tenía un nombre y muy particular por cierto, los abuelos la llamaban “la mesa de los muertos”. 
Antaño, en mi pueblo, era costumbre que un velorio tenía un alto valor ceremonial. Había un respeto supremo por los difuntos. Eran los tiempos en el que el pueblo no contaba con funerarias. Los ataúdes eran hechos por los carpinteros de la zona de forma hexagonal. Era tradición que al morir algún riobobero (gentilicio de los que viven en el municipio Francisco de Miranda), y no había en la zona un ataúd disponible, la iglesia prestaba esta “mesa” para velar al difunto, mientras se encontraba un ataúd prestado o se construía uno para el mortuorio. Se colocaba el cadáver de manera provisional en esa mesa. Allí fueron velados muchos rioboberos de finales del siglo XIX y mitad del siglo XX.
Llegaba el caso de que a algunos no se les conseguía ataúd a tiempo, por lo que eran enterrados envueltos en una sabana, en la tierra de manera directa. Los entierros en mi pueblo eran acompañados de grandes rezos (rosarios, letanías, cantos, entre otros), música, comida en abundancia y licor (miche, cachicamo, gorroetuza). Porque como dice Edgardo Rodríguez Juliá que “si el entierro es el fin de la vida – en él se cumple la distancia definitiva entre el muerto y los deudos – el velorio es el reino de las emociones conflictivas, el espacio donde el desordenado tiempo interior no se decide entre acatar la muerte o negarla, ello por la engañosa estadía de ese muerto que aún no se ha convertido en recuerdo; un cadáver de cuerpo presente es una presencia inquietante, precisamente por el hecho de que la ausencia no acaba de cumplirse del todo”. 
Los agujeros que estaban en la mesa - comentaba un abuelo de mi pueblo - eran “una especie de ventilador para secar la humedad que empieza a dejar las personas al morir”, era una manera de preservar el cuerpo en el velorio, una caja de morgue rudimentaria pero con esa sabiduría ancestral de nuestros antepasados. Pero esos agujeros también funcionaban para que corriera la sangre cuando el difunto había traspasado el umbral de la muerte por una muerte trágica o había sido asesinado, como recuerda el abuelo “a cuchilla seca, pues antes había mucha muerte por arma blanca”. La mesa también era usada para la limpieza de los cuerpos cuando la muerte era violenta. 
La mesa de los muertos con el tiempo fue olvidada, como se olvidan las cosas cuando envejece el cuerpo y la memoria, pues al pueblo empezaron a llegar los ataúdes traídos por una funeraria. Primero los aldeanos fueron recelosos con estos nuevos ataúdes, sobre todo cuando trajeron los construidos de metal, pues no aceptaban un material que con el tiempo no se mezclara ni pudriera con la tierra de sus ancestros. La mesa de los muertos fue olvidada. En mi niñez, esté quien les escribe y otros niños jugamos en aquel aparato de la muerte, sin saber que aquella había servido como última morada de muchos difuntos en este mundo como cadáveres. 
En días pasados estuve en el cementerio y la curiosidad me hizo buscar “la mesa de los muertos”, pero ya no estaba. Tampoco estaba la tienda de doña Teotiste, el único lugar del poblado donde se vendían “las mortajas”, ese velo que cubría al cadáver, ese velo que no nos deja olvidar que “entre las células muertas y nosotros permanece el espíritu”. Como dice Rodríguez Juliá “no soy aficionado a los ataúdes abiertos: hay algo siniestramente embarazoso en ese yacer de los cadáveres”. He dicho.


Mesa de los muertos, a la entrada del Cementerio de San José de Bolívar
en la gráfica José Romero y José Antonio Pulido Zambrano 

Y SE LO COME EL TIGRE (HISTORIA DE SAN JOSÉ DE BOLÍVAR)

Por: José Antonio Pulido Zambrano
Individuo de Número de la Academia de Historia del Táchira

En el año de 1984 la población de San José de Bolívar se despertó conmocionada, un depredador andaba por la zona haciendo desastres, matando el ganado holstein y muchos perros de cacería. Las noticias que llegaban eran alarmantes y llenaban de zozobra al poblado. Llegaron a desaparecer unos aldeanos vía pregonero, y en la aldea “Las Palmas” sólo se encontraron unas botas de caucho de una de las víctimas. Otro de los comentarios era el que el depredador había devorado un toro semental en cuestión de instantes.
El depredador era un tigre, que según la voz del pueblo, había escapado de un zoológico de Capacho. Aunado a este peligro, un grupo de vecinos entre quienes aparecen: Ceferino Roa, Gilberto Roa, Pedro Pulido Parra, Luís García, entre otros decidieron ir tras la huella del monstruo. Y por muchas noches esperaron en el asedio al tigre. 
Fueron muchas las noches que en vigilia esperaron al monstruo, y el día que el tigre fue casado, no con armas, pues parecía que las balas no le hacían daño. Tuvieron que colocar carne envenenada y así fue como cayó la fiera. 


Instantánea de la época donde aparece Gilberto Roa con el tigre y sus ahijados: 
Nixón, Pedro Alexander y José Antonio Pulido Zambrano.

El espectáculo fue llevado al pueblo, y por todas las calles de San José de Bolívar fue mostrado el animal, nunca visto antes en la zona.
El tigre fue llevado en un camión por las distintas calles de San José de Bolívar, muchos tenían miedo de acercársele, aún después de muerto. Luego su cuero duró por mucho tiempo en exhibición en la casa de Doña Diomira de Roa.

martes, 10 de agosto de 2010

DE EL TOCUYO A LA CIMARRONERA (HISTORIA EN SAN JOSÉ DE BOLÍVAR)


Laguna La Bobo - Páramo La Cimarronera
(Foto: Antonio Nárvaez).


DE EL TOCUYO A LA CIMARRONERA
Por: Horacio Moreno 

Son cuatrocientas reses que salen de El Tocuyo, un día del año 1560 con destino al Nuevo Reino de Granada.
Caminos fragosos de los antiguos indígenas, han sido acondicionados en partes para el paso del Conquistador.
El Tocuyo, fundado en 1545 aumentaba su población con los quehaceres de su incipiente industria. Los telares ocupaban puesto de privilegio por la calidad de sus telas. La ganadería fue traída de Santo Domingo a Coro y al Tocuyo, luego a los valles de la cordillera y finalmente a los Llanos, llevado por Cristóbal Rodríguez.
La ruta seguida era de “Trujillo y la de Mérida al pie de las Sierras Nevadas, la villa de San Cristóbal y la ciudad de Pamplona. Pasaban dentro del Estado Táchira, por el valle de La Grita y el de San Bartolomé”.
Fray Pedro Simón dice: “Antes y el año 1560 ya pasaban ganados procedentes de Trujillo y Mérida por tierras de La Grita en busca de San Cristóbal y de allí a esta ciudad de santa Fé, por Pamplona”. Este tránsito de ganado permite que el mismo historiador diga en 1625: …en los valles donde también se cría algún ganado mayor, aunque por ser restrechos no tanto como en las tierras más extendidas, si bien hay la bastante para sustentarle”.
Oviedo y Baños en Historia de la Conquista y Población de la Provincia de Venezuela dice: “En la parte que llamamos Tierra Firme… valles tan deleitosos, que en continuada primavera divirtiendo con su amenidad, convidan con su frescura dehesas y pastos, tan adecuados para cría de ganados de toda especies, principalmente del vacuno, que es excesivo su multiplico; y el cabrio abunda tanto en las jurisdicciones de Maracaibo, Coro, Carora y El Tocuyo, que beneficiadas las pieles enriquece a sus vecinos el trato de los cordobanes; crianse caballos de razas tan excelentes, que puedan compartir con los chilenos y los andaluces, y mulas cuantas bastan para el trajín de toda la provincia”.
Los españoles trajeron a esta provincia reses mayores y menores; vacas, yeguas, caballos, terneros, ovejas y cerdos. En 1546, en El Tocuyo que como ya se ha visto fue la primera capital de esta provincia, había 100 caballos, 200 yeguas, 300 vacas, 500 ovejas y muchos cerdos. En 1547 el gobernador Pérez de Tolosa envió a su hermano Alonso a que buscara un camino para exportar ganado a la vecina provincia de Nueva Granada, la que hoy llamamos Colombia. En 1553 pastaban en las dehesas tocuyanas “más de tres mil vacas, 1.000 caballos y yeguas, más de 12.000 ovejas y mucha cantidad de cabras y puercos” (Pablo Perales, Geografía Económica de Venezuela). 


Cristóbal Rodríguez, residente en El Tocuyo, había entrado con Federmman al Nuevo Reino desde El Tocuyo y sabía la gran utilidad que podía derivarse del comercio de ganado. Su dictamen fue acogido por Pérez de Tolosa y fue el primero en introducirlo en Santa Fé.
Aún cuando no se puede hacer la descripción del camino de antaño que el ganadero Pedro Villarroel siguió conduciendo las manadas de ganado, sólo se sabe que atravesaron los estados mencionados.
Considerando las jornadas largas y penosas para los animales y obreros, no se descartaban los peligros, las emboscadas y asaltos de los indios.
En las noches, los animales entonaban en sus bramidos un canto extraño y fantástico.
Se diría que era la queja inmemorial de la vida, el lamento viejo como el mundo, el gemido de la tierra en un abismo de siglos que envolvía el mismo origen de las cosas.
La aurora radiante y calmosa en el firmamento presenciaba el desfile sugestivo del ganado que emprendía nuevas jornadas.
El paso por las comunidades indígenas era vigilado con prudencia. Los soldados en sus caballos con arcabuces y espadas, los peones y los perros se preparaban para el duelo a muerte.
Algunas tribus que aún conservaban su independencia acechaban con malévola intención el paso de las caravanas por sus dominios.
Tal sucedió con los Bailadores, que, desde el primer choque contra los españoles en 1558 montaron un servicio de vigilancia para atacar a los viajeros, desprevenidos. Ya estas tribus junto a los Mocotíes, Murmuquenas y otras se consideraban Motilones.
Errantes por las cumbres y bosques, se volvían más pre-históricos soñando a la vera del fuego en el temple de sus armas o en las cosas primitivas de cuando la piedra en su confusa añoranza era la defensa secular.
El sonido de el tambor alertaba el paso del ganado. Como un grito familiar resonaba la llamada. En tanto, el sol se alzaba en el horizonte por sobre aquellas tierras vírgenes el lúgubre tañido rompía la quietud hasta perderse en la lejanía.
En las praderas de La Grita reinaba una calma fantástica. Cada árbol inmóvil y mudo como una estatua de piedra servía para proteger la ruda jornada, penosa y agotadora.
Recurrimos a Fray Pedro Simón, quien dice textualmente: “Entre los demás que frecuentaban estos caminos con estos tratos antes y el año de mil quinientos sesenta, fue un Pedro Villaroel, que tenía por granjería de meter estos ganados”.
De La Grita, el camino nacional se remonta hasta las Lagunetas. Sigue por la Cuesta de los Calabozos conocida como Cuesta de Pernía, todavía se llama así, en recuerdo de Andrés de Pernía, quién fue muerto a flechazos por los indios.
En este sitio ocurrió lo inesperado. Brutalmente la paz de esa comarca se desgarró en gritos y en una confusión espantosa. Acometida recia y brutal sufrieron los guardianes del ganado. Como loca jauría, la masa aulladora disparaba una lluvia de flechas. El ganado huía en desbandada, perdiéndose entre lomas y montañas de la verde cordillera. Sólo dos soldados, el uno vizcaíno llamado Gamarra, se salvaron de las emboscadas preparada por los indios Bocaqueas, Seborucos y Omuquenas.
Por el cauce del río El Valle pudieron escapar ocultándose en una cascada. La oscuridad era su aliada. Tres días después dieron aviso a las autoridades de San Cristóbal, la recién fundada Villeta. El Alcalde salió con 30 soldados y se unió con el Capitán Francisco de Cáceres. Ambos contaron 50 y la expedición hizo un escarmiento entre los indígenas de la región.
Hay quienes aseguran que el ganado disperso remontó las cumbres y se convirtió en cimarrón, bravío, montaraz y salvaje, hablando de animales como lo señala don Lizandro Alvarado.
No se puede negar que en las alturas de La Cimarronera, pequeña sierra con algunos picos notables, superiores a los 3.500 metros, que forman el macizo central tachirense y enclavada en el Distrito Jáuregui, el “conjunto de ganado y vuelto montaraz, en sitios apartados y fragosos”, dejó su nombre entre sus bramidos seculares. Bravíos e indómitos, aquellos animales consolidaron una ocupación para quienes regaron con sudor de sacrificio la naturaleza venezolana. 

Bibliografía:

1.- Noticias Historiales de Venezuela. Fray Pedro Simón.

2.- Geografía del Táchira. Marco Aurelio Vila.

3.- Geografía Económica del Estado Táchira. Pablo Perales F.

4.- Archivo General de la Nación.

5.- Archivo Particular. Ana Manuela Paz de Pulido.

(Tomado de manera textual de: Boletín del Centro de Historia del Táchira. Numero 28, San Cristóbal, Diciembre 1989. Pp. 69-71).

lunes, 9 de agosto de 2010

MELQUIADES Y EL DIABLO (LEYENDAS DE SAN JOSÉ DE BOLíVAR)


Por: José Antonio Pulido Zambrano

Cuentan que una vez se le apareció a Melquíades Vivas el Diablo y este le dijo:

-Melquíades tu has tomado mucho, por lo tanto me voy a llevar su alma, a menos que usted demuestre que me puede ganar en cualquier cosa.

A lo que Melquíades contesto:

-¡Ah mijito! Míreme el bracito. ¿Por qué me lleva a mí?

El Diablo le dijo:

-Ya es tu turno, no hay escape.

Melquíades se rió y le respondió:

-Bueno vamos a hacer una apuesta señor Diablo, usted me brinda un michito y el que se emborrache primero pierde. Si usted gana señor Diablo pues me lleva, si pierde usted me promete que me deja tranquilo.

El Diablo enarcó sus cejas y contestó:

-Pues acabas de perder – dejando escapar una espeluznante carcajada.

Lo que el Diablo no sabía era que Melquíades era un tomador de primera. Se cuenta que el Diablo nunca había probado el Miche callejonero, con el primer trago arrugo los cachos y la cola.
Al amanecer Melquíades estaba como si nada y el Diablo estaba todo borracho, tirado en una acera de San José de Bolívar pasando el ratón. Melquíades decía:

-Aquí es el único pueblo donde el Diablo se echa una pea y duerme tranquilo.

Así Melquíades le ganó al Diablo y continuó con su parranda, él mismo decía que a veces el Diablo venía a pedirle de vez en cuando un trago de miche para liberarse del estrés en el Infierno.

EL MISTERIO DE LAS AGUAS (LEYENDAS DE SAN JOSÉ DE BOLÍVAR)

Por: José Antonio Pulido Zambrano


Cuentan los mas viejos, que en el Páramo de la Cimarronera, moraban tiempo atrás los indios Babuquenas, dando nombre a este terruño como el “lugar de las aguas” en homenaje a Babú, recordando así a una antigua princesa indígena que simbolizaba esta parte de la tierra.
Los indígenas siempre se agrupaban a adorar a esta princesa encantada, que reposaba en una laguna, y que para los viejos Chamanes guardaba el espíritu de la princesa rebelde.


Lagunas La Piedra y El Corazón
Páramo La Cimarronera (Foto: Antonio Nárvaez)

En dicha laguna pesaba una maldición o encanto.
Se rumoraba que en ocasiones la laguna habría su corazón y dejaba traspasar la luz del sol hasta el fondo de la misma, donde se apreciaba un inmenso y rico tesoro.
A este tesoro seguía la voz de una mujer hermosa, quien invitaba a sus moradores a tomar aquellas joyas invaluables.
Todo aquel que se internaba en las profundidades de las aguas, jamás volvía a regresar a la superficie.


Ruinas del Rancho de las Piedras
Páramo La Cimarronera (Foto Archivo Fundación Pulido)

Cuando se visita tales parajes, los baquianos o guías de camino advierten a todos los turistas que observen, que admiren, pero que no se dejen encantar por las aguas del páramo de la Cimarronera.