sábado, 9 de enero de 2010

EL PASAJERO DEL DIABLO.

*José Antonio Pulido Zambrano
Individuo de Número de la Academia de Historia del Táchira


Ya era de tarde, el viento se precipitaba sobre los pinos, el frío de Páramo estaba cayendo con la neblina, era el año de mil novecientos veinticuatro, era eso de las seis y media, estaba ya oscureciendo, y al páramo de El Zumbador no había llegado ningún transeúnte.
Don Ernesto Santander esperaba con paciencia un compañero de camino, pero las horas habían pasado en vano y nada que se veía venir a alguien, entonces empezó a tocar las puertas para pedir posada, más nadie le abrió a ese forastero, Don Ernesto miró de nuevo su viejo reloj que había pertenecido a su abuelo. Era muy tarde. Ya tendría que esperar hasta el otro día para bajar a San José de Bolívar, le tocaría dormir a la intemperie.
Dentro de sí se dijo:

- Cómo me gustaría irme ahora, así tuviese que irme en el mismísimo carro del Diablo.

Para esta época la construcción de la carretera estaba en las manos de reos y presos, bajo el mandato del decreto del benemérito Juan Vicente Gómez. A lo cual nadie se arriesgaba a viajar por allí de noche.
Don Ernesto levantó su semblante y divisó entre la neblina los faros de un automóvil que se acercaba, el automóvil era todo negro, en el capó había una calavera de plata, a Don Ernesto se le estremeció el alma por lo que instantes antes había acabado de pensar.
El automóvil se paro frente a él, un caballero alto y de piel fina y blanca le pregunto:

-¿Hacia donde se dirige amigo?

-Voy pa´ San José de Bolívar, si usted me llevara -contesto Don Ernesto un poco receloso.

-Móntese amigo, yo lo llevo y allá me paga.

Don Ernesto sigiloso montó en el automóvil, y no había terminado de acomodarse cuando el extraño chofer le dijo:

-Puede bajarse Ernesto, ya llegamos.

Don Ernesto quedó pasmado y frío, bajó del carro, las piernas le temblaban y el chofer volvió a dirigirle la palabra.

- Bueno hasta acá llegué yo, me regreso , pues usted me invitó nada más a que lo trajera.

-¿Cuánto será la carrera?

El diablo le contesto:

- Deme una Morocota Ernesto, con eso basta por ahora.

Don Ernesto saca de su bolsillo una bolsita y le pagó, el diablo le dio vuelto, cinco monedas. El automóvil salió del pueblo por la calle central y desapareció en la espesa niebla. El diablo en cuestión de segundos había trasladado a Don Ernesto del páramo de El Zumbador a San José de Bolívar.
Al otro día cuando Don Ernesto en su bodega fue a dar vueltos, al sacar del bolsillo las cinco monedas que le había dado el diablo se encontró que en su lugar había cinco uñas largas y negras.


Don Ernesto Santander
(Archivo de la familia Santander)