jueves, 21 de enero de 2010

LA PASION DE LOS CABALLOS EN SAN JOSE DE BOLIVAR

*José Antonio Pulido Zambrano
Individuo de Número de la Academia de la Historia

RÍO BOBO EN LA PIEL
“Como una mirada de la mujer amada
vestida con el olor de miel
con el color de páramo por todo el cuerpo
así se lleva a el Río Bobo en la piel.
Como el buen miche de esta tierra
o como un amigo en Los Paujiles
así llevare al Río Bobo tatuado
incluso en mis años seniles …” 


En agosto del 2002, cuando me encontraba en Medellín - Colombia, en el IV mundial de Jinetes y Amazonas, reflexionaba con nostalgia y añoraba mi pueblo, y allí me hice la pregunta: ¿Desde cuando había nacido mi pasión por los caballos? Desde niño en la cuadra con Gerson Wuili y los otros chicos imitábamos a mi padre, a padrino Gilberto Roa y Luís Cerote; todos montados en caballitos de madera. De allí que mi propia fiebre por los caballos se remonte a mi infancia, y mi convicción de que para escribir sobre estos magníficos animales se deben montar primero, pues como señalará Lord Palmerston: “Lo mejor para el interior de un hombre es el exterior de un caballo”.

 

En todas estas cabalgatas por las que he ido en la vida, me condujeron al pensamiento y a las cuadras de gente sabia y apasionada por los caballos: Padrino Gilberto Roa, el amigo Manuel Moreno, Lubin Pulido, Eliseo Roa, José Jaimes, Don Pepe, por supuesto mi padre Pedro Pulido, entre otros. Durante años estuve en contacto con gente del medio y copié cientos de historias de caballos (Palomo, Estrella, Carnaval, El Rayo, El Indio, Garañon, El Cenizo, entre otros). Esa gente se refería a mí como “el muchacho de pueblo que ama hablar y escucha temas sobre caballos”. Ello me llevó adquirir mi propio caballo; Bucéfalo.


José Antonio Pulido Zambrano y el caballo "Fantasma"

La fiebre del caballo parece estar en su apogeo. Para muchos de nosotros, la atracción por los caballos es casi una obsesión. Hemos crecido en un contexto rodeado por caballos. La historia señala que el caballo llegó a América en un galeón español. El primer caballo según las crónicas habría bajado a tierra americana el 2 de enero de 1494, cuando Colón desembarcó en playas de América del Norte por segunda vez, lo que llevaría el nombre luego de “Lejano oeste”. En Venezuela ocurrió de manera similar, conforme los conquistadores esclavizaban a los indígenas, su aliado más fuerte, al parecer, fue el caballo. Los españoles - que eran pocos - alentaron de un modo natural la creencia de que los caballos venían del cielo, de que eran dioses.

 
 
No es extraño que los indios babuquenos creyeran que cuando los caballos relinchaban habría que adorarles y darles de comer, para aplacar a los dioses. De esta suerte llego al Táchira Juan de Maldonado a fundar ciudades sobre el lomo de un caballo. Para finales del siglo XVI, ya en La Grita corrían caballos por esta ciudad de la colonia española. No es extraño que los “caballeros Noguera” lucieran su porte español sobre un caballo en la plaza central de La Grita. Así llegaría en el siglo XVII el caballo a Mesa de Queniquea, Buena Vista y el Río Bobo. La crónica familiar señala que José Florentino Pulido en su caballo “Garañon”, junto a Ramón Gómez y Benito Pérez realizan una expedición al Páramo de Las Lagunas, llevando consigo algunos asnos para llevar los comestibles. Es la primera noticia de una expedición a caballo en el Valle. Con sorpresa encontraron varios caballos cimarrones en el páramo de Las Lagunas, sementales que huían de las haciendas y lograron adaptarse al clima andino, desde allí el páramo llevo el nombre de Cimarronera, debido a estos animales salvajes. Por ello no es nuevo la pasión que en San José de Bolívar se tienen por estos magníficos animales que aparecen unidos al hombre desde los principios de los tiempos, sin olvidar a nuestro pueblo.
Ya Manuel Moreno señala “que la gente del campo siempre ha tenido un caballo, aquí en San José de Bolívar siempre ha estado el caballo, el caballo ha sido tradición de este pueblo”. Así mismo señala Lubin Pulido en conversación amena que “ quienes vinieron a fundar el pueblo llegaron de a caballo, en San José de Bolívar, ha tenido por ello un mayor despertar en el arte del caballo”. 


Es que el caballista como hidalgo es una costumbre española y los que fundaron este pueblo tienen sus raíces en la madre patria. “A San José de Bolívar siempre lo visitaron caballistas de La Fundación, Pregonero, entre otros pueblos - comenta Manuel Moreno - y San Pablo y Queniquea cambiaron el caballo por un motor, pero el pueblo se ha mantenido con el afecto al caballo”.
Recuerdo de manera clara el funeral de mi padrino Luís García (Cerote) y el de su hijo Ramón, allí el caballo Chubasco iba sólo, sin jinete, con el Amarro, los estribos vacíos y las gualdrapas apuntando hacia atrás. Así mismo fue el funeral de Don Teodulo Roa, tres jinetes que fueron acompañados hasta el final de su existencia por la fiereza y el cariño de un caballo. Quizá venga a este escrito las palabras del gran caballista Cunninghame Gram., muerto en 1936, quién tuvo sus propias ideas del paraíso: “Dios no permita - escribió en una carta a Theodore Roosevelt - que yo vaya a un cielo en que no existan caballos”. 


José Antonio Pulido Zambrano con su padrino Luis Serote

En nuestro pueblo es fácil ver un caballista transitar las calles, el caso de Dimas Roa y su hija Gabriela. Dimas Roa, hijo de otro gran caballista como lo fue Don Pío León Roa, “un aficionado al caballo y hombre de campo”, así se expresa Dimas de su padre.
Dimas Roa nació un 31 de julio de 1959, casado con Ana Fidelia Roa, otra gran Amazonas de nuestro pueblo, tiene 5 hijos, y fue Gabriela quién más destaca en el arte equino. Dimas recuerda como antiguos caballistas del pueblo a Luís Rosales, Celedonio Contreras y Francisco Vivas. Así como a Aripio Benítez y su caballo Cisno, a su padre Don Pío León Roa con sus yeguas Colombina, Camaleona y la Sardina. Los sementales Carnaval, Turpial de Don Heriberto Rosales. Señala Dimas: “Quién tuvo caballos buenos fue Don Francisco Vivas… y desde niño me gustaron los caballos por mi padre y por mis hermanos. Y su orgullo ahora es Gabriela.
Gabriela Roa es hoy por hoy la Amazona más viva del pueblo riobobero, nació un 11 de noviembre de 1989. Su afición señala nace “por su papá y mamá, y sobre todo por su abuelo Teodulo, un gran amante de los caballos”. Hoy posee su propio caballo, “Sombra”, un bello ejemplar paso fino.


Manuel Moreno de niño

En ese andar de domingo nos encontramos a Manuel Moreno en su Capitán América, un bello corcel que representa la tenacidad y el buen cuido de un caballo. Entre los caballistas más antiguos recuerda Manuel Moreno a: Ramón Guerrero, Don Heriberto Rosales. “Yo decía – comenta Manuel - llegara el día en que yo tenga un caballo como lo tiene Don Heriberto, mi inspiración fue él”.
Entre otros de los caballistas que señala Manuel Moreno se cuenta a: “Gilberto Roa, Pedro Pulido (Garantía), pioneros del caballismo en San José de Bolívar durante la fiesta del Centenario. Otro gran caballista es Dimas Roa y entre los muchachos de hoy: Jorge Zambrano, Jhonny Chicharra, José y Carlos Escalante”.
Manuel Moreno fue gallero, pero se retiro por cosas de la vida. Tuvo otro gran caballo llamado Pampero, hoy tiene una yegua “Traviesa” y una potranca “Gitana”. Entre los caballos que recuerda esta “Carnaval”, un paso fino que trajo Don Heriberto Rosales al pueblo. El “Palomo” de Gilberto Roa, el “Indio” de Luís García (Cerote) y el “Chubasco”. Posee amistades del mundo del caballo como Don Pepe, el Comandante Abel Useche y José Jaimes en San Cristóbal.
El mensaje de Manuel Moreno es a los jóvenes: “A la juventud hay que motivarla al caballo, que no lo abandone. Uno ve cierta apatía a este deporte, que luchen para que esto continúe”.
Entre otras de las grandes familias dedicadas al arte equino, están los “Escalantes”, quién como señala Lubin Pulido “son buenos cuidadores de caballos”.
Es Isidro Escalante, apasionado por su abuelo, quién empieza este arte con sus hermanos José y Carlos. Isidro , quién aparece en la fotografía, en uno de sus bellos purasangres. Isidro además es un gran conocedor de la historia del caballo .


Isidro Escalante y Manuel Moreno

Si el caballo fue importante en los comienzos de la existencia humana, tal como hacen pensar las pinturas de las cuevas de Lascaux, en Francia, así también es manifiesto al ver montado a los Escalantes en sus bellos ejemplares caminar a través de las calles de nuestro pueblo, caballos trotones que al compás de sus cascos muestran la elegancia y el porte de un buen jinete. Carlos Escalante se engalana como buen caballista, llevando consigo un gran sombrero que le distingue el porte y el atuendo de jinete, José Escalante por su parte hace efusivo su monta, adorna el caballo, juega con él, muestra su paciencia y versatilidad en el andar de su semental. Los Escalantes muestran con elegancia lo que han cultivado con tesón, ser caballistas del Río Bobo. Porque como señala Isidro Escalante: “Estar cerca de un caballo es sentir un parentesco con la gran tribu de caballos ya desaparecidos, con Bucéfalo, Incitatus, Palomo, entre otros”.
Pero, hablar de caballistas en San José de Bolívar, y no nombrar a mi padrino Gilberto Roa, es un pecado. Sí, este hombre de quién les hablo, ha inspirado este trabajo de campo. En Agosto de 2005 le visite con mi hijo José Antonio III, allá en su finca en Mesa de Guerrero, y lo primero que hizo fue mostrarle a mi hijo, a su caballo Galaxi.


Padrino Gilberto Roa

Gilberto Roa, desde niño ha cultivado el don de observar caballos, y señala: “se requiere tiempo que un caballo y un jinete se vuelvan uno sólo”. Le ha enseñado a sus hijos a montar y los secretos para amansar un buen caballo. Recuerda con nostalgia a su rocín “Palomo” y a sus dos grandes amigos: Pedro Pulido y Luís García. Entre los jinetes más antiguos recuerda a Francisco Vivas, alias “Gualí”. Señala que este señor poseía grandes y hermosos caballos. Anexamos a esta revista para la historia la firma de este gran jinete de nuestro pueblo.
Con Francisco Vivas se escribe una de las mejores páginas del mundo equino del Río Bobo del siglo XX.

 

José Antonio Pulido Zambrano de niño

“La historia es el camino, sin la historia no hay futuro” señala Lubin Pulido mientras rememora la historia del arte caballar en nuestro pueblo. Lubin de manera amena suscribe que su tío Pedro Pulido (El Cojo) es quién le encamina en el amor a los caballos, pues a pesar de faltarle una pierna fue un excelente caballista. Otro caballista que recuerda es Conrado Contreras, así como Loreto Chaparro, quién hacía piruetas a los caballos y toreaba a caballo. Este Loreto traía animales para cebar. Y Loreto enseñó a montar a Don Segundo Pulido quién fue Chalán.
Otro gran caballista fue Don Nicanor Vivas. Don Pío Roa quién criaba y cuidaba caballos. Francisco Vivas, descendiente de Antonio Bernabé Vivas, quién en la fundación del pueblo fue maestro y constructor de casas. Manuel Pulido, quién compro un caballo blanco llamado “El Culeco”, de paso fino, en las ferias de Tariba a los gitanos de Colombia. Así mismo Don Francisco Guerrero de Mesa de San Antonio, lugarteniente de Juan Pablo Peñalosa, amante del caballo y tuvo un moro peseteado. Don Maximiliano Mora, los hermanos Rosales, Nicolás y Heriberto.
Lubin Pulido recuerda como un día Don Segundo Pulido compró dos mulas en Tariba, Don Heriberto Rosales un caballo careto y Don Pío Roa una yegua blanca.
Cabe rescatar los nombres de Don Teodulo Roa y Don Antonio Roa, caballista de salón - señala Lubin Pulido - pues le encanta observar montar caballos.
Expresa Lubin Pulido que el colombiano Luís Fuentes, llegó al pueblo a hacer tejas, y compró un caballo a los gitanos en la plaza el Samán de Tariba, lo probo allí mismo, era un caballo capón, blanco, muy bonito, al llegar al pueblo el caballo nunca echo para adelante, sino sólo para atrás, esta anécdota la recuerda con jocosidad Lubin. Señala que Doña Cleotilde Sánchez de Paz montaba a la usanza inglesa, la silla llevaba un sólo estribo, se amarraba con un fundón. Así mismo relata que la mayoría de las casas tenían pesebreras en ramadas, con tejas como los Nogueras, los Vivas, Don Rafael Ángel Contreras, Don Panfilo Guerrero, Don Felipe Noguera.
Comenta por su parte el poeta Elvidio Márquez sobre las Amazonas en San José de Bolívar como: Socorro Vivas, Omaira Vivas, Candida Rosa Roa, Gabriela Roa y su madre Fidelia Roa. A la par recuerda a su padre Domingo Márquez y su caballo el Turco.

Las Nuevas Generaciones:


Gilberto Roa, Pedro Pulido Parra y Luis García "El Serote"

Entre los jóvenes que han ido entrando al mundo del caballista se cuenta a: Jorge Zambrano, Jhonny Chicharra, Pedro Pulido Zambrano, Víctor Guerrero, Andrés Eloy Rosales, Lenin Roa, Luís Miguel Márquez, Luís José García, José Manuel Moreno, entre otros. Estos jóvenes y los viejos están llevando el arte del caballo por todo el Táchira desde el Río Bobo. Dado que no hay nada que se parezca al galope en espacios abiertos, cuando el hombre, el caballo y la tierra sienten que forman una sola pieza, cuando el latir del corazón y el ruido de los pasos encuentran de manera reciproca su ritmo en los demás. Ese espacio queda en San José de Bolívar, y como señala el caballista Eliseo Roa: “San José de Bolívar es el pueblo donde se ama a los caballos”.
Más que cualquier otra criatura, el gallardo y fogoso caballo ha conformado el curso de la historia humana. Galopar sobre su lomo, aunque sea sólo una vez, permite comprender al instante por qué los humanos han estado vinculados con él durante más de 6000 años y hoy siguen adorándolos.