miércoles, 14 de julio de 2010

VICENTE PULIDO Y EL CASTILLO DE SAN CARLOS

Por: José Antonio Pulido Zambrano
Individuo de Número de la Academia de Historia del Táchira


Eustoquio Gómez

En los alzamientos de Pregonero de 1918 al 1920, por parte del General Juan Pablo Peñaloza, estando como Presidente del Táchira Eustoquio Gómez, varios rioboberos y queniqueos se fueron a las filas guerrilleras del General mítico, quién desde el Táchira perseguía el sueño de tumbar el gobierno del Benemérito General Juan Vicente Gómez.
Eran los pueblos de montaña los más ariscos y los que más dolores de cabeza daban a Eustoquio. En estos años estaba en la Jefatura Civil del poblado Don Emiliano Contreras, quién afecto al régimen debió enfrentar aquellos polvorines.


En Queniquea eran adeptos a Peñaloza Ángel María Salcedo y Meliton Mora y en San José de Bolívar de los pocos nombres, sobresalía el de Vicente Pulido, aldeano de Los Paujiles, quién como todo rebelde prefirió las armas y se interno montaña adentro. En la quema de Pregonero por parte de la Sagrada que dirigía desde San Cristóbal Eustoquio Gómez, ordenó que todo rebelde fuese enviado al cuartel de San Carlos.


Calabozos del Cuartel San Carlos (Foto Wikimedia)

Entre uno de esos montoneros (como se llamaba a la guerrilla de Peñaloza) cayó el riobobero Vicente Pulido. La orden era que debía ser llevado al cuartel San Carlos, lugar del que se sabía cuando llegaba pero no si volvía a salir con vida. Vicente junto a otro grupo de montoneros fue llevado en Grillos hasta el cuartel de prisiones de San Cristóbal, esto sucedía en el año de 1921. Aún San Cristóbal tenía el olor a muerte por el ajusticiamiento de los ahorcados por Eustoquio. 
Los presos, por cuestiones del destino fueron divido en dos grupos, uno al Cuartel San Carlos y otro siguió los pasos de los túneles secretos que hacía Eustoquio en la ciudad.


Vicente Pulido

Vicente Pulido fue llevado al cuartel San Carlos donde paso varios años hasta que en 1926 Eustoquio es relevado como Presidente del Estado, y en vista de la reconciliación de la patria Vicente fue liberado de una prisión que le dejó cinco marcas imborrables, la del grillo en un pie, en sus dos manos, en sus recuerdos y en su alma.
Vicente se volvió un despojo humano en la cárcel, le creció la barba, las ojeras se le hicieron inmensas, pues cada noche se acostaba pensando que sería su última noche. La familia Pulido aún conserva una tasita de afeitar que labro de cacho Vicente, con el único motivo que el día que fuese libre, necesitaría una para quitarse la barba. Este implemento lleva tatuado una rosa en su centro y rosales circulares que envuelven a la rosa mayor. Fue el único testimonio que quedo de su estadía en el Cuartel San Carlos por haberse atrevido junto a otros en seguir el sueño utópico de tumbar al Benemérito Juan Vicente Gómez. 


En el centro se observa una rosa.


La rosa vista a la trasluz